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¿Hacia dónde vamos?

(Foto: Telemadrid)
(Foto: Telemadrid)

LA CRÍTICA, 13 JUNIO 2020

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Es preciso reconocer que el Dr. Pedro Sánchez tenía toda la razón del mundo al decir que “No podría dormir tranquilo teniendo de vicepresidente a Pablo Iglesias” (...)

... Pero pudieron más las conveniencias de asumir el poder que el rechazo al amigo de Maduro y ahora, los que no pueden dormir tranquilos, son la inmensa mayoría de los españoles.

Las ocurrencias del sujeto de la coleta son verdaderamente graves: subir los impuestos a los ricos, considerando en esta categoría social a todos aquellos cuyo patrimonio exceda el millón de euros, cosa que muchísimos españoles, que se ganan el pan con sus pequeños comercios o industrias artesanales, labradores, pequeños fabricantes, etc. etc. y que han sacrificado durante muchos años sus beneficios en nuevas inversiones, creando nuevos puestos de trabajo, han logrado tener un patrimonio de tal envergadura y que ahora serán severamente castigados por ello.

No he oído nunca a ningún político y, menos aún a este sujeto, establecer una nueva dimensión mucho más restringida del Estado, con lo que ahorraríamos miles de millones, susceptibles de ser destinados a fines sociales, lo que sería muy lógico y aplaudido por toda la Nación. Pero no; este extremo es precisamente el intocable, dentro de las políticas al uso.

La Sociedad Civil, debería tomar buena nota de ello, para que se pudiera obrar en consecuencia, sobre todo a la hora de las elecciones.

Pero aún hay más y, si cabe, más peligroso todavía, como es la ocurrencia de desmilitarizar a la Guardia Civil.… ¿Qué se pretende con ello? Ni siquiera me lo puedo imaginar o, mejor dicho: ni me lo quiero imaginar.

Una Guardia Civil, sin el imperio de la norma militar, resultaría mucho menos incómoda a los delincuentes organizados, a los terroristas y a un sinfín de grupúsculos que nos llevaría mucho espacio calificar, pero, sobre todo, sería mucho más útil a aquellos que quisieran revivir los tiempos en que los milicianos campaban a sus anchas por las calles sin una fuerza militar que se opusiera sus armas, mal entregadas, y a sus pretensiones de reimplantar el Marxismo.

Y aquí lo dejo, porque temo indignarme más de la cuenta y decir cosas que puedan ocurrir si no ponemos remedio entre todos.

Fernando Álvarez Balbuena

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