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“Bernie” ¿la excepción al excepcionalismo americano?

El autor, Manuel Pastor, con Alfonso Guerra y Bernie Sanders en Vermont, verano de 1991.
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El autor, Manuel Pastor, con Alfonso Guerra y Bernie Sanders en Vermont, verano de 1991.

LA CRÍTICA, 5 FEBRERO 2020

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En contraste con Europa el “excepcionalismo americano”, según Alexis de Tocqueville, Werner Sombart, extensamente Seymour Martin Lipset (1996, 2000), y muy recientemente Richard Brookhiser (2019), entre muchos otros, consistiría en la tesis sociológica de que la cultura política estadounidense es alérgica al socialismo, (...)

... y por tanto la tradición liberal americana es una tradición única, representada e interpretada –sobre todo a partir del siglo XX- alternativamente de una manera conservadora (por el Partido Republicano) o progresista (por el Partido Demócrata).

Bernard “Bernie” Sanders no pertenece a esa tradición liberal única, es un declarado socialista que, no obstante, ha sido un aliado del Partido Demócrata en el Congreso, como “Independiente”, postulándose como candidato presidencial en 2016 y en 2020 bajo la marca del mismo Partido Demócrata.

He abordado el caso “Bernie” en algunos artículos anteriores publicados en La Crítica (“El Factor S en las primarias del Partido Demócrata de los Estados Unidos”, Octubre 2015; “El fin del Socialismo”, Diciembre 2016). Conocí personalmente al senador Sanders en el verano de 1991 (cuando era representante en la House del Congreso), en Middlebury College, Vermont – donde yo era profesor visitante- con motivo de la visita al campus del socialista español Alfonso Guerra. Sugerí a las autoridades de Middlebury College que invitaran a Sanders a la conferencia del español, ya que era el único representante socialista en el Congreso americano.

En la presentación que hice a la conferencia de Alfonso Guerra (celebrada precisamente en la capilla del campus), destaqué que el socialismo americano, a diferencia de la importante inspiración marxista del europeo, tenía una mayor influencia de las doctrinas sociales en las denominaciones religiosas cristianas (protestante en el caso de Eugene Debbs y de Norman Thomas, católica en el caso de Michael Harrington). En Bernie Sanders tal influencia originariamente ha sido judía, aunque ha evolucionado hacia un socialismo más secularizado. Lo que he leído de sus escritos no me ha impresionado mucho, más bien me ha parecido banal, con clichés ideológicos sobre el socialismo democrático escandinavo muy desfasados ya en la campaña presidencial de 2016 (sobre sus ideas véase por ejemplo: B. Sanders, Our Revolution, New York, 2016; y una crítica hoy muy pertinente: Kyle Smith, “The Green Mountain Red. The Bernie Sander´s politics have nothing if not consistent”, National Review, February 10, 2020).

En la presente campaña de 2020 me parece un candidato muy avejentado y gruñón, permanentemente enfadado con la sociedad americana, con la única obsesión de implantar un “Medicare for All” y otros tópicos anti-capitalistas. Si hace años lo comparé con don Enrique Tierno Galván (por el aspecto de viejos profesores dedicados a la política por un imperativo moral), hoy me parece evidente que carece del intelecto y la ironía (¿o cinismo?) del Viejo Profesor.

Jaleado por payasos aburridos y demagógicos como Michael Moore y Nina Turner, con el aval de la radical “Squad” (escuadra formada por las representantes en el Congreso Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib, Ilham Omar y Ayanna Pressley), Sanders pretende generar un movimiento populista de izquierdas, anti-Establishment, “multi-racista y multi-generacional” -en palabras de Moore- alternativo al populismo de derechas de Trump. Si así fuera y resultara vencedor de las primarias habría culminado el proceso de transformación del Partido Demócrata, históricamente un partido liberal progresista según el paradigma del “excepcionalismo americano”, en un partido socialista o socialdemócrata, como venían pronosticando, entre otros, David Horowitz o Harvey Mansfield (y yo mismo en varios ensayos desde la campaña presidencial de Barack Obama en 2008).

Hasta ahora el récord histórico de voto socialista en unas elecciones presidenciales lo tenía Eugene Debbs en 1912 con un 6 % (aproximadamente 900.000 votos). En otras elecciones el mismo Debbs, Norman Thomas, Henry Wallace y Ralph Nader con distintas etiquetas socialistas o socialdemócratas obtuvieron solo entre un 2 y 3 % (Nader en las del año 2000 consiguió un 2,7 %, casi 3 millones de votos). En el caso de Obama (52,9 % en 2008 y 51,1 % en 2012) es difícil discernir qué porcentaje del voto total del Partido Demócrata, liberal progresista, era voto socialista.

En las primarias de 2016 Bernie Sanders se presentó como “socialista” y obtuvo un total de más de 13 millones de votos frente a Hillary Clinton, candidata “liberal” del Establishment tradicional del Partido Demócrata, resultando vencedora con un total de casi 17 millones de votos. El caucus de Iowa hace cuatro años lo ganó Clinton por el escasísimo margen de un 49,9 % vs. 49,6 % de Sanders (virtual empate técnico). Pero en los resultados totales de estas primarias 2016, Clinton obtuvo el 55,2 % de los votos, derrotando a Sanders que solo llegó al 43,1 % (ciertamente con el récord histórico de votos “socialistas” en unas elecciones primarias americanas: exactamente 13.167.848).

Con el telón de fondo del juicio en el Senado del Fake Impeachment contra Trump (con cuatro senadores Demócratas que son también candidatos presidenciales: Bernie Sanders, Elizabeth Warren, Amy Klobuchar y Michael Bennet), se ha celebrado este Lunes 3 de Febrero el caucus de Iowa (más exactamente los caucuses) con que se inicia el proceso de las elecciones primarias 2020. En los últimos días, tras las revelaciones de corrupción sobre Joe Biden en el proceso del Impeachment, y cierto desplome en las encuestas de la candidatura de Elizabeth Warren, las preferencias izquierdistas parece que han beneficiado a Bernie Sanders (tanto en Iowa como en New Hampshire).

Con un escandaloso retraso en publicar los resultados, que cuestiona seriamente la capacidad del Partido Demócrata en Iowa y posiblemente del Comité Nacional Demócrata en asegurar un proceso electoral limpio, por fin hemos sabido el Martes 4 de Febrero –24 horas después, con un escrutinio del 62 % (datos a las 11 pm CT)- que el senador de Vermont habría obtenido la victoria en votos populares.

Si se consolidara Bernie Sanders como el candidato preferido en las primarias, y consiguiera –está por ver si el Partido Demócrata lo permite- su “nomination” en la Convención del verano, podríamos considerarle la excepción al “excepcionalismo americano”. Pero tal excepción sería a mi juicio irrelevante a la hora de la verdad en las elecciones presidenciales definitivas el próximo Noviembre frente a Donald Trump. Sanders repite obsesivamente como un mantra que Trump es “el más peligroso presidente”, pero una gran mayoría de americanos pueden pensar que el más peligroso para los valores del “excepcionalismo americano” es precisamente Sanders.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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