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5G

Ilustración: bbc.com
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Ilustración: bbc.com

LA CRÍTICA, 13 AGOSTO 2019

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5G, como se sabe, significa el quinto avance de importancia –en este caso de suma importancia– de la telefonía que nos permitió hablar sin estar conectados a un cable de poco más de un metro. ...

... De hecho, como lo habitual era que el aparato telefónico estuviera fijado a la pared –en el mejor de los casos sobre una mesa–, era preciso, si queríamos hablar sentados, colocar el asiento al lado del aparato.

La primera generación, 1G, supuso un cambio tan grande que, cuando empezó a difundirse en la década de los 80, en más de una ocasión creí –y me consta que no fui el único-, que algunos de los viandantes con los que me crucé o que iban detrás de mí, estaban algo trastornados hablando solos. En efecto, ya podíamos hablar por teléfono en la calle, al aire libre.

La siguiente, 2G, durante la década de los 90, nos permitió enviar mensajes, SMS, lo que facilitó la comunicación entre familiares, amigos, conocidos y otras variadas relaciones.

La tercera, 3G, ya en la primera década de este siglo, supuso que nuestro teléfono se convirtió casi en un ordenador, por cuanto nos permitió la navegación por Internet.

La actual, 4G, aumentó nuestra velocidad de navegación por Internet, la posibilidad de ver videos de alta definición, utilizar las redes sociales, las “videoconferencias”,… pero debido al incremento masivo de usuarios y de otras diferentes conexiones, el canal de comunicación está a punto de saturarse, lo que unido a la aparición de la realidad virtual, procesos de fabricación “inteligentes” y otros avances, impide que esta tecnología pueda atender debidamente a las nuevas demandas.

Llamativo ha sido el aumento de la velocidad de conexión. Si el bit es la unidad de conexión por segundo (el bit se refiere a un dígito de valor binario que representa la unidad más pequeña de información en un sistema digital), el Kbps, 1000 bits, el Mbps, 1000 Kbps y el Gbps, 1000, Mbps. Pues bien, de los apenas 10 Kbps iniciales se ha pasado en la actualidad a unos 300 Mbps. No obstante, La tecnología 5G tiene previsto un salto cuantitativo de tal dimensión que se convierte en cualitativo: su velocidad de descarga alcanza los 20 Gbps, esto es, 20.000 millones de bits.

A este avance se añade el que corresponde a la latencia, esto es, el tiempo que tarda en transmitirse la información de un punto a otro de la red y el que tarda en recibirse la respuesta. Asombro, la 5G reducirá en un 80 por ciento la latencia.

Además, para el año que viene, empezará a incrementarse a escala geométrica el llamado “Internet de las cosas” -nombrado como IoT, que se refiere a la interconexión digital de objetos cotidianos con Internet-, que alcanzará los 21 mil millones de aparatos conectados, lo que supondrá, en poco tiempo, junto a los aparatos del hogar interconectados (nevera, luces, etcétera), las “casas inteligentes”, así como, quizás, los coches autónomos, las “ciudades inteligentes” y una serie de industrias y servicios. Sin embargo, la tecnología 5G, y ésta es otra de sus innegables ventajas, es capaz de atender un número que nos parece casi ilimitado de conexiones.

Ello supondrá unas inversiones cuantiosas para los países que opten por implantar esta tecnología que, como se dice, permitirá la conexión de miles y miles y miles de aparatos, sin peligro de saturación, lo que supondrá enormes ventajas, puesto que facilitará el aprendizaje, el ocio, la productividad, los desplazamientos y un larguísimo etcétera.

Además, no es previsible que aumente el paro. De hecho y desde el punto de vista histórico, todos los progresos tecnológicos han creado, pasado el tiempo, nuevos y más puestos de trabajo, mejorando, sobre todo, la calidad de los mismos. Más aún, frente a lo que algunos piensan, en la actualidad, a pesar de vivir en países altamente tecnificados, se trabaja más que nunca.

Ahora bien, todas estas enormes ventajas acarrearán inconvenientes. En efecto, esas cuantiosas inversiones que supone la adopción de esta tecnología 5G, se traducirán, por ejemplo en un aumento del precio de nuestros smartphones (he leído que ese aumento será de unos trescientos euros, si bien con el tiempo se irá reduciendo). Pero éste no es el inconveniente principal -dando por supuesto que se eliminen los efectos nocivos que las ondas 5G puedan tener para los ciudadanos-, sino la falta absoluta de privacidad, de intimidad.

Si ya en los momentos actuales, se puede saber todo de todos, con 5G y la difusión -quizás universalización-, del “Internet de las cosas“, se podrá conocer lo que comemos (la nevera será “inteligente” y estará conectada), cuando encendemos y apagamos las luces, así como el número de bombillas que tenemos, puesto que también estarán conectadas. En fin, para qué seguir.

La conclusión es que el ciudadano debe ser más responsable que nunca a la hora de elegir a los futuros legisladores y autoridades, así como contribuir a estructurar la sociedad, mediante la creación del mayor número posible de fundaciones, asociaciones, medios de comunicación y demás grupos intermedios, para no sentirnos inermes frente a un Estado o Gobierno, que lo conoce todo de nosotros y nos puede controlar como ningún régimen totalitario lo ha podido hacer hasta ahora en la Historia de la humanidad.

Francisco Ansón
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