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Sophie, la robot que ha obtenido la ciudadanía humana

La 'ciudadana' Sophie. (Foto: Graham Flanagan/Business Insider)
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La "ciudadana" Sophie. (Foto: Graham Flanagan/Business Insider)

LA CRÍTICA, 19 NOVIEMBRE 2018

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Hace unos días se ha celebrado en el Ateneo de Madrid el Congreso de Transvisión, que, si bien, no se llama Congreso Transhumanista, lo cierto es que asistieron, presentaron ponencias, comunicaciones y mesas redondas, defensores de esta ideología...

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He leído un interesante artículo, sobre este evento, en el servicio de ACEPRENSA de 28 de octubre, titulado “El transhumanismo, entre ciencia y negocio” en el que aparece en una fotografía el autor del artículo, Ricardo Moreno Luquero, y al fondo sentada una “mujer”, que, posiblemente, es el robot Sophie. Al pie de la fotografía se leía: “El autor del artículo en Transvisión 2018 con Sophie, el primer robot androide al que se ha otorgado la ciudadanía de un país (Arabia Saudí)”. Pues bien, he tenido ocasión de preguntar a uno de los asistentes a este Congreso y me ha aclarado que para él, Sohie, la robot, tiene en Arabia Saudí la condición de una ciudadana de aquel país. Más aún, cuando le he insistido si está seguro de que en ese país, Sophie, tiene derechos y deberes como el resto de los ciudadanos, me ha contestado, sin dudarlo, que sí. A pesar de que mi interlocutor, es persona documentada y conocedora del tema, resulta difícil de creer y puede comportar aspectos rechazables.

En todo caso, lo que sí es cierto es que cada vez un mayor número de estudiosos consideran que, frente a lo que se ha sostenido hasta ahora de la competición o guerra de las máquinas o robots contra el hombre, lo que se va a producir –ya se está produciendo- es una conversión parcial del hombre en máquina.

La vista y el oído siempre han sido dos sentidos muy importantes, pero en nuestro tiempo parecen tener una importancia muy particular, dado que existe un consenso general de que vivimos en la época de la imagen, de la comunicación audiovisual, a nivel global. Como experiencia personal, tuve ocasión, hace ya algún tiempo, de estar con unos padres españoles que, desde Navarra, hablaban y veían a su hija en Australia, en Sidney, y le mostraban a su hermanito recién nacido y la hija, a su vez, les enseñaba la casa en la que vivía.

Un conferenciante, Álvaro Matud, profundo conocedor de la ideología transhumanista, nos mostró a un grupo, a un paciente que padecía acromatopsia -sólo veía negros, blancos y grises- y que mediante un implante podía ver los colores del firmamento durante la noche y también el espectro de rayos infrarrojos. Esto último me impresionó especialmente, porque hace muchos años, recibiendo un curso de arte plástico, la profesora nos preguntó, qué nos parecía un retrato de una mujer ya mayor pero todavía bella. Los elogios artísticos fueron unánimes pero también que aquel retrato nos producía un cierto rechazo (recuerdo que una de las alumnas habló de repulsión). La profesora, sonrió, asintió y nos enseñó entonces lo que se podía ver debajo de la pintura con infrarrojos, esto es, los bocetos que el pintor había realizado en el lienzo hasta llegar a la pintura final. La verdad es que la alumna no iba descaminada, porque el pintor en los primero bocetos había dibujado una boca con una expresión bestial, impropia de un ser humano, casi inhumana. Naturalmente, la había ido suavizando y corrigiendo, pero todavía conservaba algo de aquél rictus primero, lo que provocaba el rechazo. Digo esto, porque lo que veía este paciente con aquel implante, correspondía con exactitud a lo que se veía mediante una máquina de rayos infrarrojos.

Con relación al oído, me viene a la memoria, la emoción de Vinton Cerf, el padre de Internet junto con Robert Kahn, cuando contaba cómo, a los 54 años, su esposa, sorda, le había llamado por teléfono. Se quedó casi sin habla. Cuando se repuso y volvió a llamarla, el teléfono de su mujer comunicaba sin parar porque estaba llamando a todas sus amigas. Y Vinton Cerf, en esa misma entrevista afirmó que era cuestión de poco tiempo que existieran implantes cloqueares que permitieran oír sonidos que ni siquiera un perro es capaz de oír.

Si se puede superar la visión y audición humanas de este modo y si el cerebro de un tetrapléjico es capaz de manejar cada vez de manera más completa y mejor el ordenador, o que un brazo robótico le sirva un vaso de agua o que pueda andar y moverse, con un “exoesqueleto” -en el presente muy torpemente-, con sólo sus ondas cerebrales; y así mismo que existe un número creciente de personas con prótesis en sus articulaciones, con refuerzos en las arterias, con válvulas en el corazón…, constatamos que no estamos tan lejos de que el ser humano incorpore a su naturaleza humana y especialmente a su cerebro, que en gran medida rige su comportamiento, un porcentaje cada vez más elevado de máquina, que le va haciendo un ser humano distinto.

Estas posibilidades, junto con las enormes ventajas que suponen, también, como en el caso anterior, pueden conllevar consecuencias rechazables de orden económico, social e incluso discriminatorias, por cuanto únicamente, las personas con dinero o con poder tendrán la posibilidad de incorporar esos adelantos que los hacen superiores al resto.

Sin embargo la verdadera revolución –que ya es una realidad en la actualidad- reside en la transmisión a nuestros descendientes de esos cambios.

Leo habitualmente las publicaciones de un científico –Javier Pérez Castells- de demostrada honestidad y rigor en la exposición de estos adelantos. Este autor ha publicado un artículo titulado, CRISPR, nueva revolución en genética. Una gran esperanza si respetamos los límites éticos, en el que entre otras muchas cosas escribe: “La tecnología basada en CRISPR es un nuevo sistema de corte preciso que permite excluir y pegar trozos de ADN en cualquier célula. En esa reparación se puede eliminar alguna mutación que sea origen de una enfermedad… Pero en el horizonte planea que la modificación genética se aplique no solo con fines curativos, sino eugenésicos o de diseño de seres humanos… El nuevo método es resultado de la aplicación de descubrimientos procedentes de la investigación básica y podría ser el avance más importante en biología de las últimas décadas… En resumen, la tecnología basada en CRISPR es un nuevo sistema de corte preciso del ADN que funciona como un corrector de textos porque nos permite cortar, eliminar y posteriormente pegar trozos de ADN en cualquier célula con una eficacia y coste incomparablemente inferior a las tecnologías que existían hasta ahora.” (https://eldebatedehoy.es/ciencia/tecnologia-crispr/).

En el origen de este descubrimiento está un español, Francisco Mojica de la Universidad de Alicante, y este descubrimiento, como se deduce de lo expuesto, permite cortar y eliminar cualquier trozo de nuestro genoma; o bien, cortarlo y repararlo si es defectuoso; o bien, cortar un trozo de nuestro ADN y sustituirlo por otro. Naturalmente, el avance que este descubrimiento supone para suprimir las casi 6000 enfermedades hereditarias que se conocen en la actualidad, no impide que, sin dejar volar la imaginación, concibamos las posibilidades que, como en los dos casos anteriores, resultan rechazables.

En este sentido, cabe concluir, la necesidad, urgente, de que a los que corresponda, se reúnan y establezcan las medidas que contemplen las ventajas y eliminen los inconvenientes, en la medida de lo posible, de la inevitable aplicación de estas técnicas, capaces de modificar la naturaleza humana y por consiguiente, con implicaciones éticas de primer orden.

Francisco Ansón
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