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NECESIDAD DE UN EJERCITO EUROPEO

NECESIDAD DE UN EJERCITO EUROPEO

25 NOVIEMBRE 2017

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En los círculos políticos y periodísticos europeos, de los que lógicamente no son extraños los españoles, se habla muy frecuentemente de la conveniencia o incluso necesidad de un Ejército o mejor, de unas Fuerzas Armadas Europeas. Se aducen razones de cohesión y de fomento de una verdadera conciencia y espíritu europeos y sobre todo de un ahorro en los presupuestos de Defensa. Lo que no está claro es lo que realmente desean o aspiran a conseguir con ello.

Las Fuerzas Armadas son el máximo instrumento de los Estados para garantizar la Seguridad Nacional. Están legitimadas para el uso de la fuerza, según decide y regula el gobierno del Estado, cuando el resto de las medidas y acciones han fracasado ante una amenaza a la Nación. En principio, son pues instituciones de los Estados.

Los que abogan por unas Fuerzas Armadas europeas parten del hecho de considerar a la UE como un superestado y por lo tanto con obligaciones y poderes para garantizar a los ciudadanos su Seguridad, pero no sólo su seguridad ciudadana ni sólo la seguridad territorial y de sus fronteras sino la seguridad de Europa, es decir, la Seguridad de la Union Europea que incluye también la seguridad de los intereses europeos en el mundo.

Esto que podría ser un magnífico desiderátum, no deja hoy en día de ser eso, un desiderátum. En primer lugar, es preciso definir y sentir una Seguridad Europea, pero no sólo como suma de las seguridades nacionales de los países componentes sino como un todo. Lo que es posible que suceda en un futuro, no puede darse todavía hoy porque incluso ahora no es posible sumar estas necesidades. Lo más que se puede hacer, por el momento, es lo que se está intentando ahora: identificar las áreas de intereses y necesidades comunes a los Estados miembros.

Una vez identificada la Seguridad a defender y las amenazas a las que hacer frente, el siguiente paso es organizar la Defensa Europea, como conjunto de acciones y medidas de prevención, protección, de disuasión y en último extremo, de reacción. Parte muy importante de ellas la constituyen las Fuerzas Armadas. Estas fuerzas deben tener clara su dependencia del nivel político, dependencia que no puede estar sujeta a vetos y restricciones de los diferentes Estados porque estos son todavía, lógicamente, muy celosos de ceder su soberanía.

En cuanto a las Fuerzas Armadas en sí, existen varios modelos que podrían utilizarse. El modelo más asequible es el multinacional. Es el que ya existe, que empezó con la Brigada Francoalemana y que evolucionó hasta el actual Eurocuerpo. Este modelo consiste en tener unos cuarteles generales con personal de las diferentes naciones y una serie de unidades que los diferentes estados miembros tienen dispuestas para ponerlas bajo el mando del citado cuartel general multinacional pero esto solo sucede caso por caso y cada nación decide el contingente que quiere ceder, la duración de esa cesión y las condiciones en que se realiza. Normalmente, los Estados mantienen el mando orgánico y a veces el apoyo logístico y lo que ceden es el mando operativo o incluso sólo el control operativo. No son pues realmente unidades multinacionales sino estructuras que facilitan la organización de contingentes ad hoc para determinadas operaciones decididas por consenso entre los estados miembros. Como esta solución es lenta se ha tratado de agilizar manteniendo permanentemente un grupo de combate (battle group) preparado para actuar. Cada periodo de tiempo, normalmente seis meses, una nación se encarga de poner el mando y de encuadrar y preparar a las unidades que se ponen a su disposición. De esta forma se tiene siempre un pequeño contingente dispuesto para intervenir donde sea necesario pero, a pesar de su nombre, no son realmente unidades de combate sino un grupo de unidades con las que se puede organizar un pequeño contingente acorde con la misión a cumplir.

Otra solución es la llamada Smart Defence o Pooling and Sharing que consiste en constituir un depósito (pool) de medios que ofrecen las naciones a disposición del mando multinacional para poder ser empleado cuando se juzgue necesario y así se apruebe. Esta solución suele ser complementaria de la anterior y normalmente sólo es válida para determinados medios, por ejemplo para aviones de transporte. Una variante es repartir el pool entre las naciones según la especialidad o tipo de los medios. Así, por ejemplo en las Armadas, un país se encargaría de suministrar los medios anfibios, otro los de guerra de minas, otro las escoltas… Esta solución que ha sido intentada varias veces, no convence a los Estados pues, si bien aparentemente ahorra recursos, limita la capacidad de cada uno de ellos ante amenazas no compartidas. Es difícil que un Estado renuncie a disponer de determinados medios en la creencia de que llegado el caso, se los proporcionará otro Estado. No existen de momento todavía garantías suficientes.

Finalmente, existe la hoy por hoy teórica por utópica solución de unas FAS internacionales, es decir formadas permanentemente por personal de todas las naciones, con una estructura única, tanto orgánica como operativa. Esto exigiría, entre otras cosas unos cuarteles generales internacionales, desde la cúspide hasta las unidades inferiores, una logística internacional, unos medios interoperables y compatibles y unos centros de formación, perfeccionamiento y adiestramiento comunes. Como es fácil imaginar, tal como se dijo al principio, esto no es todavía posible. No es factible disponer de unas Fuerzas Armadas Europeas, mientras no exista una mayor integración política de los estados de la UE que suponga una estructura estatal o si se quiere superestatal y donde los diferentes Estados miembros no tengan ningún recelo en ceder sus competencias en materia de Defensa porque tienen la certeza de que sus intereses, que coinciden o forman parte de los de la UE, están defendidos ante cualquier amenaza.

Así pues, a nuestro modo de ver y como conclusión, lo único que se puede hacer es ir progresando en paralelo con el desarrollo de la unión política. De hecho es lo que se está haciendo. No obstante, sería necesario ir definiendo más claramente algunos puntos. Hay que identificar los intereses comunes a todos los estados miembros para ir llegando a que todos ellos acepten como propios los intereses de la Unión en su conjunto y que van a definir la verdadera Seguridad Europea, que incluya de esta forma las seguridades de los estados miembros y que debe comenzar por los que afectan a la propia existencia de la misma.

A continuación hay que tratar de identificar los riesgos y amenazas a esa Seguridad Europea. Para garantizarla, será necesario adoptar una serie de medidas y acciones que deben constituir la Defensa Europea. En esta defensa, especialmente en la disuasión y en la reacción, deben participar las FAS con las capacidades necesarias para cumplir los objetivos militares que contribuyan a lograr los objetivos políticos.

Esas capacidades serán las que nos irán conduciendo al diseño y organización de las FAS, sin olvidar que los objetivos estarán muy frecuentemente en lugares o regiones fuera de los límites políticos de la UE.

Desgraciadamente, estamos aún lejos de esta situación y actualmente se está procediendo por otro camino de aproximación que es el de la Cooperación Estructurada Permanente, parecida a la ya citada pooling and sharing por la que cada Estado, según sus posibilidades ofrece unas capacidades y con todas ellas ver qué grado de seguridad se puede garantizar y qué misiones se pueden cumplir.

Queda bastante camino por recorrer pero no hay que cejar en ello si queremos que Europa siga siendo una Unión de intereses y sobre todo de valores y libertades donde se pueda vivir en paz, libre de amenazas. Cada vez menos podemos confiar su defensa en recursos ajenos.
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