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Antifa

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3 OCTUBRE 2017

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Dedicado a Stanley G. Payne

Antifa, es un movimiento político violento de extrema izquierda en EEUU y con algunos precedentes en Europa, cuyo nombre es apócope de Anti-Fascismo. “Fascismo” y “fascista” se han convertido, como es bien sabido y notorio, en los mayores insultos políticos que un acto o una persona pueden merecer o recibir, según los códigos vigentes de la Corrección Política progresista. El problema es que, irónicamente, los que usan y abusan de tales expresiones como armas arrojadizas contra sus rivales, adversarios o enemigos, generalmente ignoran de manera espectacular lo que significan desde un punto de vista histórico riguroso, es decir, según la historiología y la politología académicas.

No voy a pretender que conozcan las obras absolutamente fundamentales sobre la materia de, por ejemplo, mi maestro Stanley G. Payne, a quien Jonah Goldberg en su innovador análisis, Liberal Fascism (New York, 2007, p. 3) consideraba el máximo especialista vivo. Tampoco pretenderé, sin falsa modestia, que hayan leído la más de una veintena de trabajos míos sobre el mismo tema, desde la publicación de una primera bibliografía, algunas recensiones y el librito Los orígenes del fascismo en España (Madrid, 1975) –todo ello antes de la muerte de Franco- hasta el trabajo más reciente, el artículo “Totalitarismo en el lenguaje político español” (La Crítica, Julio 2017).

En un ensayo que titulé “El fascismo progresista” (La Ilustración Liberal, 44, Madrid, 2010) citaba al escritor político estadounidense Daniel J. Flynn, quien aseguraba que “El populista Bayou Huey Long una vez subrayó que si alguna vez el fascismo llegaba a América, lo haría llamándose antifascismo” (Intellectual Morons, Crown Forum, New York, 2004, p. 206). Sea o no exacto este dato histórico sobre el senador demócrata de Louisiana Huey Long –rival de FDR y asesinado en 1935- a quien los izquierdistas consideraban un fascista (el biógrafo del Kingfish, T. Harry Williams y el historiador Alan Brinkley ponen en duda que pronunciara la mencionada frase) no deja de ser curioso y premonitorio que ya en la década de los treinta alguien se anticipara a describir lo que iba a ser precisamente Antifa.

De manera similar y paradójica a lo que fue y puede que siga siendo el anticomunismo, que provocó la aparición de la expresión para el fenómeno izquierdista del Anti-Anti-Comunismo, probablemente sea necesario inventar asimismo la expresión simétrica para un fenómeno derechista del Anti-Anti-Fascismo.

El pensador y escritor liberal-conservador William F. Buckley Jr. en fecha tan temprana como a comienzos de la década de los cincuenta (God and Man at Yale, Regnery, Chicago, 1951) acometió la labor intelectual de rebatir las primeras manifestaciones de la PC, “Political Correctness” (lo que entonces él llamó SAF, “Superstitions of the Academic Freedom”) en los campus universitarios. Poco después definiría y denunciaría, para escándalo de los progresistas, el fenómeno del “Anti-Anti-Comunism”: “La evolución desde el pro-Comunismo en la dirección del Anti-Comunismo parece haber facilitado un alto en una estación intermedia… el Anti-Anti-Comunismo” (en la obra de 1954 con L. Brent Bozell, McCarthy and His Enemies, Regnery, Washington DC, ed. 1995, p. 4).

Y a propósito de McCarthy y el McCarthyism (ismo que, sin fundamento, convencionalmente se considera equivalente a fascismo americano), sigue siendo escandaloso, con muy pocas excepciones, el poco rigor crítico en la historiografía y el análisis político al tratar este triste (en el plano personal de su protagonista) y políticamente oscuro episodio de la Guerra Fría, pese a la abundantísima documentación desclasificada y disponible. Además, las muy pocas excepciones valiosas -hay que subrayarlo- no se deben a historiadores o politólogos académicos: la citada obra de los periodistas Buckley y Bozell (1954), la del abogado Roy Cohn, McCarthy: The Answer to “Tail Gunner Joe” (Manor Books, New York, 1977), la de la abogada Ann Coulter (Treason, Crown Forum, New York, 2003), y el muy reciente artículo del periodista Steve Byas (“McCarthyism, A Term That Libels a Dead Patriot”, The New American, Appleton, WI, May 22, 2017).

Algunos buenos biógrafos o historiadores que intentaron ser objetivos, como Latham (1965), Rogin (1967), Oshinsky (1983), Schrecker (1994), Powers (1995), Reeves (1997) y Herman (2000), o bien carecían de información y documentación esenciales, o bien no supieron usarlas y contextualizarlas adecuadamente.

Dejo el tratamiento en profundidad del tema McCarthy para otra ocasión, pero quiero subrayar que, contra las falsedades divulgadas, lejos de ser un “fascista”, fue un héroe condecorado de la guerra contra el Fascismo, y su objetivo como senador republicano en el Congreso –personalmente muy vinculado al clan Kennedy- fue investigar la infiltración de comunistas en la administración americana durante los años álgidos de la Guerra Fría, tras los precedentes de las denuncias de Whittaker Chambers y Elizabeth Bentley (casos Hiss, White, Rosenberg, etc.). Gracias a la desclasificación de documentos del Programa Venona desde 1995 hoy sabemos que el número real de espías era mucho mayor que el que denunciaba McCarthy.

Por cierto, uno de los casos investigado y denunciado por McCarthy fue el comunista español Gustavo Durán, jefe del SIM en Madrid con el Frente Popular, y que reaparece en EEUU tras la Guerra Mundial como alto funcionario del Departamento de Estado y más tarde adjunto a la Secretaría General de la ONU (véase M. Pastor, “Galíndez vs. Durán. Espías españoles en la Guerra Fría”, La Ilustración Liberal, 45-46, Madrid, 2010).

Volviendo al asunto Antifa, más allá de su eficacia e impacto mediático como tropa de choque izquierdista con métodos fascistas (otro relato que conviene aclarar: el fascismo históricamente siempre ha sido izquierdista, por antiliberal y anticapitalista) interesa denunciar, aparte de sus actuaciones violentas, su carácter simbólico, anti-sistema, que podemos observar en grupos similares de las izquierdas europeas. En España, por ejemplo, en ETA-Batasuna y sus diversas ramificaciones vascas o las CUP y Arran catalanas que han vampirizado a los nacionalismos moderados. Mientras escribo estas líneas durante la resaca de la noche del 1-O, las CUP convocan movilizaciones y Huelga General contra “el régimen fascista del Estado español”.

Sin entrar ahora en más detalles, debemos denunciar a ciertos personajes siniestros como el multimillonario George Soros quien, según varias investigaciones serias, ha sido un importante responsable de la financiación de Antifa y de otros movimientos anti-sistema similares, aparte de su conocido papel en la corrupción y deriva radical del partido Demócrata en las dos últimas décadas (véase David Horowitz & Richard Poe, The Shadow Party. How George Soros, Hillary Clinton, and Sixties Radicals seized control of the Democratic Party, Nashville, TN, 2006).

Este pasado verano Dinesh D´Souza publicaba un artículo sobre el sujeto con el expresivo título “The `Anti-Fascist´ Fascist” (The Daily Caller, 31/7/017), como anticipo de su nuevo libro The Big Lie: Exposing the Nazi Roots of the American Left (Regnery, Washington DC, 2017).

Me consta que personas asociadas a George Soros en España, conocedoras de que yo había sido profesor universitario de Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Pablo Iglesias y otros miembros dirigentes de Podemos, intentaron a través de un amigo común que concertara una entrevista entre ellos, a lo cual me negué rotundamente. No he querido correr el riesgo de jugar el más mínimo papel mediador que, como en el caso de los EEUU, produjera en España (tras el infame precedente del 15-M, y lo que hemos presenciado en el golpismo anti-sistema del 1-O catalán) algo parecido a los fenómenos de Occupy Wall Street, Black Lives Matter, War on Cops, o al estilo fascista de Antifa, aunque es muy probable que lo hayan intentado y conseguido a través de otras personas o medios.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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