Manuel Pastor Martínez

El Príncipe de Montenevoso

Gabriele d'Annunzio (Pescara, 1863-Gardone Riviera, 1938).

LA CRÍTICA, 29 NOVIEMBRE 2025

Manuel Pastor Martínez | Viernes 28 de noviembre de 2025
El poeta y político italiano Gabriele D’Annunzio, Príncipe de Montenevoso (título honorífico que le fuera concedido por el Rey de Italia en 1924, estando ya “Il Vate” retirado de la política), reconocido precursor estético o estilístico del Fascismo (un biógrafo, Aniente, le llamó “el Juan Bautista” de tal movimiento político), también podría servir como símbolo o referente del tradicional y honesto Anti-Fascismo, e incluso -paradójicamente- del moderno y complejo fenómeno que vengo describiendo y llamando Anti-“Anti-Fascismo”. (...)

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El mote elogioso “Il Vate” que los italianos asignaron a D’Annunzio -el personaje más popular de Italia, una especie de “celebrity” y donjuán sin rival durante los años 1920s (entre sus múltiples amantes destacan las artistas Eleonora Duse e Isadora Duncan)- tiene una connotación de poeta y profeta que resultó muy oportuna y cabal en su visión -repito- de los fenómenos concatenados del Fascismo, del Anti-Fascismo, y del Anti-“Anti-Fascismo”.

Existen ya un buen número de biografías de D’Annunzio, entre las que destaca a mi juicio la del británico Anthony Rhodes, D’Annunzio. The Poet as Superman (McDowell, Obolensky Inc., New York, 1959), y monografías políticas como la excelente de Michael A. Ledeen, The First Duce. D’Annunzio at Fiume (The Johns Hopkins U. P., Baltimore, 1977; previamente: D’Annunzio a Fiume, Laterza, Bari, 1975).

Pero sobre todo, abordar el tema D’Annunzio sería impensable sin la tesis historiológica (“primacía de la historia sobre la política”) y los múltiples estudios sobre el fascismo del gran especialista en la materia, Renzo De Felice. En concreto, los referidos al Comandante/Duce de Fiume: Sindicalismo rivoluzzionario e fiumanesino nel Carteggio D’Ambris-D’Annunzio (Brescia, 1966), Carteggio D’Annunzio-Mussolini (R. De Felice-E. Mariano, eds., Milano, 1971), La Carta del Carnaro (Bolonia, 1973). Asimismo son importantes sus ideas expuestas en la Intervista sul fascismo con Michael A. Ledeen (Laterza, Bari,1975; versión en inglés: Fascism. An Informal Introduction to Its Theory and Practice, Transaction Inc., New Brunswick, NJ, 1976).

La literatura historiográfica y politológica sobre el Fascismo es inmensa. Baste como muestra la bibliografía contenida en la pequeña obra de mi maestro Stanley G. Payne (El Fascismo, Alianza Ed., Madrid, 1980), o en la más extensa suya (Una Historia del Fascismo 1914-1945, Ed. Planeta, Barcelona,1995), que lógicamente han aumentado el número de autores y títulos desde tales fechas.

No está muy claro si el nombre “Fascio” o “Fascismo” se deba originalmente a Mussolini o a D’Annunzio, inspirándose ambos en las ligas campesinas (“fasci”) del sur de Italia a finales del siglo XIX. Lo que si está claro es que el estilo político fue inventado por “El Vate” en la aventura/experimento de Fiume (1919-1920), aunque el estilo que creó no implicaba asumir las posiciones ideológicas del Fascismo mussoliniano (fundado en Milán en marzo de 1919), aparte de un común ideario nacionalista radical. D’Annunzio procedía de las derechas y había militado en el Partido Nacionalista (ANI); Mussolini procedía de las izquierdas y había sido dirigente del Partido Socialista (PSI), y una vez expulsado de éste en 1915 mantenía una posición ideológica colectivista y estatista, de tipo “nacional-socialista”. Pese a la formación original marxista de Mussolini ambos fueron grandes admiradores de Nietzsche y su filosofía voluntarista del poder y del “superhombre”.

Pero D’Annunzio -con cierto instinto libertario anti-totalitario- rechazaba radicalmente cualquier socialismo o comunismo (aunque, extrañamente, Lenin mostró cierto respeto, primero por el “Bochevique” Mussolini hacia 1912 en Pravda, y más tarde por el “Revolucionario” D’Annunzio en 1919, desde la Komintern). El Comandante de Fiume creía firmemente en el derecho a la propiedad privada y en las libertades de la cultura occidental, en especial la libertad de expresión y la libertad religiosa. Asimismo defendió el feminismo, la libertad sexual y el derecho de voto de las mujeres, cuando éste todavía no existía en Italia. Por otra parte siempre condenó el antisemitismo y reconoció el derecho de autodeterminación de los “judíos palestinos” (en su utópico proyecto de una Liga de Naciones oprimidas).

No hay duda en que D’Annunzio creó un estilo teatral de la política que sería apropiado por el Fascismo: marchas paramilitares de ex combatientes de la Gran Guerra (Legionarios, Arditi y toda clase de aventureros “desesperados”), con estandartes y uniformes -las camisas negras-, portando puñales y símbolos con calaveras, practicando el saludo romano, concentraciones de masas en la plaza pública, discursos/diálogos del líder (autotitulado “Comandante”), etc.

La marcha sobre Fiume inspirará la marcha sobre Roma tres años más tarde (aunque D’Annunzio la hará en automóvil y Mussolini en coche-litera de tren nocturno). Con el apoyo de Mussolini algunos fascistas participaron en la marcha sobre Fiume, pero D’Annunzio evitó la marcha sobre Roma y prohibió a sus Legionarios ingresar en el Partido Nacional Fascista. Habían surgido ya algunas fricciones entre ambos líderes, principalmente sobre el uso y abuso de la violencia fascista contra las organizaciones obreras y socialistas, práctica que D’Annunzio rechazaba. Sobre todo, la que percibió como “traición a Fiume” en Diciembre de 1920.

La primera víctima como adalid del Anti-Fascismo será el dirigente dannunziano de los Arditi del Popolo, Argo Secondari, que será encerrado en 1924 hasta su muerte en 1942 -bajo el régimen Fascista- en un manicomio. D’Annunzio ya había sido expulsado de Fiume y recluido impotente en una jaula de oro, el Vittoriale, a orillas del lago Garda.

La represión de Secondari simbólicamente significaba la represión del Anti-Fascismo que D’Annunzio había desarrollado en la experiencia de Fiume y la Carta del Carnaro (Constitución del Estado Libre de Fiume) con la colaboración del antifascista y anarco-sindicalista Alceste De Ambris. El martirologio Anti-Fascista continuará con el liberal Giovanni Amendola, el socialista Giacomo Matteotti, el comunista Antonio Gramsci, etc.

D’Annunzio mantuvo hasta su muerte en 1938 una discreta y callada lealtad a Mussolini, sin ocultar su rechazo del creciente antisemitismo de fanáticos fascistas como el ex jesuita (para el colmo étnicamente judío) Giovanni Preziosi, y rechazando asimismo el acercamiento de la Italia Fascista a la Alemania Nazi. El “factor patriótico” justificó tal lealtad, al mismo tiempo que rechazaba las interpretaciones -a veces rozando el absurdo- del Fascismo y Anti-Fascismo que dictaban los ideólogos-burócratas de la Komintern bajo Stalin.

Fue el comienzo de un Anti-“Anti-Fascismo” que detectamos también en los años 1930s en el Demócrata populista norteamericano Huey Long y en el Socialista moderado español Julián Besteiro (algunos han señalado también -aunque no he podido documentarlo- a Winston Churchill y a Pier Paolo Passolini): que el auténtico Fascismo hoy lo representan cabalmente los violentos “Anti-Fascistas”. Creo que tal punto de vista se infiere asimismo en los estudios de historiadores cualificados como Renzo de Felice y Michael A. Ledeen.

El prestigioso intelectual italiano de izquierdas Lucio Colleti provocó una gran polémica en 1994 cuando afirmó con gran honestidad que el Anti-Fascismo estaba ya históricamente superado.

¿Podríamos postular en España que el Anti-Franquismo está también ya históricamente superado?

Manuel Pastor Martínez

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