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En especial, su postura crítica hacia Europa acusándola de depender demasiado de la protección militar de Estados Unidos sin asumir las necesarias responsabilidades en su propia defensa; de que realiza un comercio injusto ya que las prácticas comerciales europeas perjudican a Washington; de que muchos ejércitos europeos están mal preparados confiando demasiado en la presencia militar estadounidense en suelo europeo; de que Europa no está haciendo lo suficiente para apoyar a Ucrania; y de que Estados Unidos no debiera cargar con el mayor coste del conflicto en Ucrania, ha generado una gran preocupación entre los aliados europeos.
A mayor abundamiento, las consecuencias de un posible abandono de la OTAN, por parte de Washington debilitaría la seguridad europea ya que la Alianza perdería su pilar principal, incluida la disuasión nuclear; introduciría un mayor riesgo de agresión rusa puesto que los países bálticos y Polonia quedarían mucho más vulnerables; aparecería una crisis dentro de la OTAN pudiendo optar por una fragmentación de la Alianza o por un esfuerzo europeo para crear una alternativa militar propia con independencia de que se reduciría la credibilidad de Estados Unidos que afectaría a su liderazgo en otras alianzas o tratados internacionales.
Esta postura ha originado fuertes tensiones en la relación transatlántica. Por ejemplo, el vicepresidente JD Vance criticó las restricciones políticas en Europa, sugiriendo que los líderes europeos están suprimiendo opiniones disidentes y favoreciendo a partidos de extrema derecha, lo que ha generado reacciones negativas de funcionarios europeos.
Además, la administración Trump ha mostrado una cercanía con Rusia que preocupa a Europa. En una cumbre reciente, Trump y Putin no lograron un alto el fuego en Ucrania, priorizando la mejora de relaciones bilaterales sobre la estabilidad regional, lo que ha dejado a Ucrania en una posición vulnerable.
Ante este nuevo marco geopolítico de referencia, se presentan dos importantes opciones para el futuro de la seguridad y defensa europea:
La primera alternativa sería el Modelo OTAN 1. La Alianza se encontraría con todos sus integrantes gastando en defensa más del 2% del PIB, en una primera fase, mientras que la Unión Europea incrementaría su participación tanto en la estructura de mandos como en el monto presupuestario en los gastos generales de la Alianza.
La segunda alternativa podría ser el Modelo OTAN 2. Sería la Alianza del Equilibrio. El equilibrio se manifestaría no únicamente en el reparto equitativo de los gastos de defensa, cercanos al 3%, sino también en la estructura de mandos y en una distribución de responsabilidades en misiones y operaciones. Estados Unidos seguiría liderando determinadas operaciones de la OTAN, pero el pilar europeo de la Alianza podría asumir más responsabilidades en operaciones y en regiones como el Mediterráneo, África o el flanco suroriental.
En esta segunda opción surge la tercera alternativa el Modelo EUROPA. La Unión Europea dispondría de una estructura de mandos similar a la de la OTAN, aparte de un sistema de mando y control y de inteligencia propio. Asimismo, debería organizar unas Fuerzas Armadas Europeas (FAE,s) –no es un problema militar sino político– y establecer una potente industria de defensa integrada independiente que fueran el cimiento del diseño y ejecución de una autonomía estratégica sólida, eficiente y creíble.
Con una alta probabilidad, la alternativa que considero más previsible y aceptable en la actual e inestable situación geopolítica mundial es el Modelo OTAN 2, a corto plazo, seguido del Modelo EUROPA, a medio plazo. No parece contemplarse una posible alianza ruso-estadounidense, al menos, con los actuales lideres de ambos países.
Antes de nada, es preciso tomar como apoyatura inicial la premisa capital de que la voluntad política europea es imprescindible. Sin voluntad política, las Fuerzas Armadas Europeas serán siempre una utopía. De la misma forma, es obligado superar el concepto de soberanía en el entendimiento de que no se recorta la misma cuando se entrega el ejercicio y la titularidad de la defensa a las instituciones de la Unión. Cuanto más se refuerza la UE, más fuerte es cada país. Diseñar la estructura militar de las FAE,s no tiene mucha dificultad.
Se cuenta con la actual estructura político-militar de la UE, es decir, con el Comité Político y de Seguridad (COPS), el Comité Militar (CMUE) y el Estado Mayor (EMUE). También existe mucha experiencia en la organización y empleo de fuerzas militares conformadas por diferentes países europeos, para diferentes misiones y bajo variadas dependencias. Incluso cuando se han utilizado coaliciones temporales entre Fuerzas Armadas de distintos países europeos configurados en diferentes tipos de Unidades orgánicas.
En una primera aproximación, se pueden establecer cuatro configuraciones distintas de FAE,s. Una primera, que la configuración se estructure en base a fuerzas militares multinacionales ya existentes en sus variados formatos. Una segunda, que se estructure sobre las actuales fuerzas armadas nacionales de los diferentes países europeos. Una tercera en el que se emplearía el formato de la nación-marco o naciones-marco. Y, por último, una cuarta configuración podría ser mixta entre las tres anteriores o entre dos de ellas.
En la actualidad, la Unión Europa dispone de la Capacidad de Planeamiento y Ejecución Militar (MPCC), embrión del Cuartel General de la UE para potenciar la defensa común, creada en 2017, que tiene por objeto permitir a la Unión Europea reaccionar de manera más rápida, eficiente y eficaz como proveedor de seguridad fuera de sus fronteras. La MPCC es responsable de la planificación y conducción operativa de las misiones militares no ejecutivas –de carácter asistencial y de formación, sin uso de la fuerza– de la UE.
Posteriormente se decidió otorgar al MPCC la responsabilidad adicional de estar preparado también para planificar y dirigir una operación militar ejecutiva –que permite el uso de la fuerza, es decir, una misión de combate– del tamaño de un grupo de combate, unos 2500 efectivos. Todo ello, proporciona a la defensa común un importante elemento para garantizar la autonomía estratégica.
Hay que tener en cuenta que el traspaso de responsabilidades de la situación actual de estructura mandos, del sistema de mando control o de inteligencia, junto al diseño de las nuevas FAS,s y a las nuevas capacidades militares que debe producir la industria de defensa para hacer frente al nuevo escenario estratégico, necesitará un largo proceso de planificación, de coordinación y de ejecución difícil y complejo.
Por todo ello, la evolución de los diferentes modelos que se vislumbran a corto y medio plazo exige un periodo de transición, de más de una década, donde debe imperar la madurez, el análisis tranquilo y la sensatez. Confío en que la Unión Europea supere este nuevo reto como lo ha hecho en otras ocasiones.
GD (R) Jesús Argumosa Pila
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