Manuel Pastor Martínez

23-F: El Rey lo sabía… y Reagan también

El presidente de EE.UU. Ronald Reagan y el rey Juan Carlos I en Madrid, en 1985. (Foto: https://www.abc.es/espana/reagan-juan-carlos-tras-23f/ EFE).

LA CRÍTICA, 10 MARZO 2026

Manuel Pastor Martínez | Martes 10 de marzo de 2026

En su homilía dominical acerca de “Los papeles del 23-F…”, en Libertad Digital el pasado primero de Marzo, Federico Jiménez Losantos apoyaba -son sus palabras- “la tesis, solvente, pero, a mi juicio, parcialmente exagerada de Jesús Palacios y el gran Stanley Payne, sobre el conocimiento del golpe por Juan Carlos I”. (...)



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La tesis a que se refiere FJL está expuesta en dos notables obras de investigación de Jesús Palacios: 23-F: El Golpe del CESID (Planeta, Barcelona, 2001), y 23-F: El Rey y su secreto (Libros Libres, Madrid, 2010).

Parece que mi admirado maestro, el historiador e hispanista de la Universidad de Wisconsin (Madison, USA), Stanley G. Payne, calificó el presunto golpe fallido o pseudo-golpe como “pronunciamiento abortado”, efectivamente apoyado por el Rey.

Se ha especulado mucho, sin pruebas y sin demasiado fundamento, sobre el papel que jugaron en el pronunciamiento, golpe o simulacro de golpe del 23-F los EEUU, su embajador en España y la CIA.

Menos conocido y apenas comentado, sin embargo, ha sido el discreto papel jugado por “un famoso constitucionalista” (según el general Armada), “un importante constitucionalista” (según el Secretario General de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campos), en ambos casos sin revelar el nombre de quien era efectivamente un prestigioso catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Palacios en su minucioso relato tampoco identificó al autor de los “cuatro folios (en que) se desarrolla la que posteriormente de conocerá como Operación De Gaulle.” (2001: página 215).

Se da la circunstancia -casualidades y coincidencias- de que en el verano de 1980 (véase mi artículo “El verano 1980 de la Monarquía española”, La Crítica, Agosto 2020) fuí actor/testigo directo en el escenario palaciego de la Universidad Internacional (UIMP) en Santander -donde entonces yo trabajaba en el equipo rectoral- de la presencia aquel verano en el campus cántabro del Rey, del profesor Payne, del embajador estadounidense y del catedrático universitario.

El Catedrático

Don Carlos Ollero Gómez (1912-1993), un hombre profundamente liberal y progresista, ex procurador en las Cortes y ex consejero del Movimiento Nacional durante el franquismo, ex miembro del Consejo Privado de Don Juan de Borbón, ex senador por designación del Rey, etc., fue también catedrático y director del Departamento de Teoría del Estado y Derecho Constitucional en la UCM hasta su jubilación en 1982.

Casualmente fue el jefe del Departamento en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, donde estudié (fui alumno de Ollero) y donde más adelante trabajé sucesivamente como profesor ayudante, como profesor adjunto, y desde 1983 hasta 2017 como catedrático (y sucesor de Ollero en la dirección del Departamento).

En Junio de 1975 viajé con él a Estoril (Portugal) para asistir a la que sería última cena política de Don Juan de Borbón antes de la muerte de Franco, representando yo al PSP de Enrique Tierno Galván y Raúl Morodo, ambos muy amigos de Ollero.

Hacia 1980, ante la crisis política española y el desgaste del presidente Suárez (que no obstante seguía ganando las elecciones), Don Juan recomendó a Don Juan Carlos un pase por la izquierda para protejer y consolidar la Corona. El padre del Rey pidió a Ollero -ex miembro de su Consejo Privado- un informe o dictamen técnico confidencial que facilitara la formula constitucional que se plasmará en la llamada Operación De Gaulle/Operación Armada. Tal dictamen (se dice que solo eran cuatro folios) fue conocido y aceptado por el PSOE, y asimismo por el general Armada, quien se lo entregaría al general Sabino Fernández Campo para que a su vez se lo pasara al Rey.

Es plausible que Don Juan Carlos -aconsejado por sus colaboradores en la Zarzuela y amigos personales como Manuel Prado y Colón de Carvajal- autorizara al grupo de su confianza en el CESID (comandante José Luis Cortina y teniente coronel Javier Calderón, etc.) que “implementaran” el plan contemplado en el secreto documento de Ollero. Por tanto originalmente no fue una idea del CESID que se presentara al Rey -como sostiene Palacios (2010: páginas 28, 33)- sino al revés.

Ninguna de las numerosas investigaciones sobre el 23-F (incluidas las más agudas de Jesús Palacios, quien insinúa equívocamente sobre un presunto informe del administrativista López Rodó) mencionan el papel del constitucionalista Ollero, hasta que lo hiciera el periodista Abel Hernández en su libro, Suárez y el Rey (Espasa Libros, Madrid, 2009), tras entrevistar al propio Ollero, a Sabino Fernández Campo y a Luis María Ansón.

“Atando cabos -escribe Abel Hernández- y después de varias consultas coincidentes, el que escribió esos papeles que el general Armada envió a La Zarzuela bien pudo ser el profesor Carlos Ollero, incitado por los dirigentes socialistas. La versión de Luis María Ansón (…) tiene muchos aspectos coincidentes”, citando las palabras exactas del famoso periodista monárquico-juanista: “Y el CESID arbitra la fórmula del Gobierno de Gestión, aunque la idea inicial es de Carlos Ollero” (2009: página 149).

El Embajador

Terence A. Todman (1926-1914) fue un patriota y profesional embajador de los EEUU en España durante 1978-1983, nombrado por el presidente demócrata J. Carter y mantenido por el republicano R. Reagan (quien lo nombraría también embajador en Dinamarca desde 1983).

Tuve el gusto y honor de conocerle, junto a su esposa Doris, en el verano de 1980 en la Universidad Internacional (UIMP) de Santander, donde con el permiso del rector le invitamos a dar una conferencia que versó principalmente acerca de la necesidad de ingresar en la OTAN para la “consolidación” (usó exactamente esa palabra) de la joven democracia española.

No repetiré el relato que hice en los artículos “Los Estados Unidos y el 23-F” (La Crítica, Marzo de 2021) y “Los Estados Unidos y el Rey en el 23-F” (Kosmos-Polis, Enero de 2014), y sobre todo el análisis riguroso de las comunicaciones entre la embajada americana en Madrid y el Departamento de Estado en Washinston DC el 23-F que hizo el historiador Misael Arturo López Zapico en su artículo “Anatomía de un asunto interno. La actitud del gobierno estadounidense ante el 23-F” (Ayer, 84, Madrid, 2011).

En resumen, el embajador Todman y la CIA en Madrid tenían información perfecta y puntual de la trama del 23-F, sin participar en ella. Por tanto, el presidente Ronald Reagan también lo sabía, y en consecuencia el Secretario de Estado Alexander Haig declararó, con razón, que era “un asunto interno” del gobierno español.

Manuel Pastor Martínez

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