Leo con estupor que un columnista de opinión en el periódico británico conservador The Telegraph el pasado 4 de febrero calificaba a España como “Estado paria izquierdista”. Lo de izquierdista me parece redundante, porque todo Estado paria es izquierdista: por anticonservador y antiliberal, es decir anti-Estado de Derecho (ausencia del Rule of Law o Imperio de la Ley); colectivista y socialista (filocomunista o filofascista), es decir anticapitalista. No conozco ningún ejemplo de Estado paria derechista. (...)
¿Democracia o Autocracia?
Cito literalmente al columnista británico Jake Wallis Simons: “Spain has become a Left-wing pariah State thanks to the radical politics of its socialist prime minister.” (“España ha llegado a ser un Estado paria izquierdista gracias a las políticas radicales de su primer ministro socialista”). En efecto, Pedro Sánchez técnicamente –en la jerga parlamentaria– es un “primer ministro”, aunque el léxico retóricamente ampuloso de nuestra Constitución lo llame Presidente, alimentando la infantil y tonta “presidencialitis” nacional (véase mi artículo “Presidencialitis”, La Crítica, 18 de mayo de 2022).
Estoy totalmente de acuerdo con mi estimado amigo Iñigo Castellano Barón en que el problema hoy de España es de una “emergencia nacional”, una “crisis de Estado” (“España, emergencia nacional”, La Crítica, 4 de febrero, 2026), pero no, como algunos opinan, porque España sea un “Estado fallido” o un “Estado paria”.
Repetiré una vez más que, a mi juicio, ni la Nación ni el Estado como instituciones y categorías históricas en el caso español han resultado “fallidos”. Lo ha sido y lo es, en algunos casos, el Gobierno, y quizás ciertos actos del Régimen o forma política, que según reza la Constitución de 1978: “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria” (Título Preliminar, Art. 1, 3).
El Establishment español del 23-F
¡Basta de bulos y desinformación! El 23 de Febrero de 1981 el Rey Juan Carlos no salvó la democracia española sino que contribuyó a consolidar el Establishment que desde entonces padecemos y sufrimos los españoles. En otras palabras, en el agujero negro del 23-F se interrumpió el proceso normal de consolidación democrática pluralista.
El resultado ha sido el Establishment de un bipartidismo imperfecto (una izquierda mangoneada por el Socialismo del PSOE y un centro-derecha sucesivamente ocupado por la UCD y el PP), con apoyos variables de comunistas y populistas de distintas denominaciones o grupos políticos insignificantes pero aritméticamente imprescindibles en la política parlamentaria.
Lo más grave de este Establishment del 23-F es que ha llegado a constituirse en la espina dorsal de un nuevo y peculiar tipo potencial de autocracia: la partitocracia, con un bipartidismo muy imperfecto, es decir, la corrupción de la democracia por los partidos políticos dominantes que se alternan en el poder.
Es significativo que mi admirado maestro, Stanley G. Payne, con la colaboración de Jesús Palacios, hayan publicado una biografía del monarca posfranquista (Juan Carlos I: la construcción de un Rey, 1938-1981, La Esfera de los Libros, 2025) que queda interrumpida con el agujero negro del 23-F.
Aunque es de sobra conocida (veánse mis artículos: “Reflexiones sobre el 23-F” y “Yo acuso”, ambos en Kosmos-Polis, respectivamente mayo de 2014 y febrero de 2017), conviene todavía recordar la famosa o infame lista del “Gobierno Armada”, colaboradores necesarios en el proyecto oligárquico político o partitocrático: Presidente, general Alfonso Armada Comyn; Vicepresidentes, Felipe González (PSOE) y José María López de Letona (ex ministro franquista); Ministros de derechas: J. M. de Areilza, M. Fraga Iribarne, P. Cabanillas, J. L. Alvarez, M. Herrero y Rodríguez de Miñón, A. Rodríguez Sahagún, C. Ferrer Salat, A. Garrigues Walker, y L. M. Ansón; Ministros de izquierdas: G. Peces-Barba, J. Solé Tura, R. Tamames, J. Solana, y E. Múgica; Militares: generales M. Saavedra Palmeiro y J. A. Sáenz de Santamaría.
Todavía en el recién pasado Diciembre de 2025 el Rey Felipe concedía el Toisón de Oro al ex Presidente Felipe González (PSOE), candidato a Vicepresidente en el gobierno Armada, y a los supervivientes “Padres de la Constitución” Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (PP), también en la lista de ministros de Armada, abogado de los nacionalistas vascos, y Miguel Roca (CiU), abogado de los nacionalistas catalanes.
Monarquía parlamentaria: ¿A la tercera…?
Se trata solo de una reflexión. La Nación y el Estado no han fallado. Incluso me atrevo a decir que la Monarquía parlamentaria (forma política o Régimen), aunque haya podido tener algunos fallos, en general ha sido una institución clave y positiva en el proceso de transición desde la autocracia franquista hacia la democracia liberal (quizás todavía pendiente de consolidarse por las múltiples trabas de la partitocracia y las falsificaciones de la “memoria histórica”).
He expuesto mi opinión acerca de la Corona (veáse mi artículo “Delenda est…”, La Crítica, Octubre de 2023). Hay que diferenciar la institución histórica de las personas concretas e incluso de las dinastías. El Rey Juan Carlos cometió graves errores en una fatídica senda de “elefantes”: desde el “elefante blanco” del 23-F de 1981 hasta el “elefante botswaniano” de 1912, que le obligaría moralmente a abdicar en 2014.
El Rey Felipe, aparte de ciertos errores motivados principalmente por las indiscreciones de su consorte o por malos consejeros, ha sido imparcial en exceso ante graves cuestiones nacionales. Su neutralidad ante las políticas partidistas es loable, pero en ningún caso puede practicar una estricta neutralidad ante los principios constitucionales. Cuando éstos están en juego o en peligro ser imparcial significa ceder ante las presiones partitocráticas de uno u otro lado.
El Rey Felipe acaba de recordarnos que “la mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla.” Efectivamente, es la única forma de que la democracia constitucional deje de ser meramente nominal y se consolide como normativa.
Creo que estamos muy lejos de aquella frase ampulosa e inoportuna de Ortega, y asimismo de cualquier otra que cuestionara la actual dinastía.
En cualquier caso, mi muy personal pensamiento desiderativo (en inglés, “wishful-thinking”) –y según el refrán “A la tercera…”– es que la Princesa Leonor representa una valiosísima garantía de la continuidad y legitimidad constitucional de la Corona Española.
Manuel Pastor Martínez
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