Manuel Pastor Martínez

El “factor hispánico” en el asesinato de Trotsky

(Ilustración: La Crítica / Gemini)

LA CRÍTICA 5 OCTUBRE 2026

Manuel Pastor Martínez | Lunes 05 de octubre de 2026

... El enfrentamiento a muerte entre Stalin y Trotsky, entre el estalinismo y el trotskismo, es un drama político solamente comprensible desde la esencial definición schmittiana de la política como la distinción entre el amigo y el enemigo, más allá de las ideologías y de cualesquiera criterios racionales o materiales. (...)



Aunque es sabido que Trotsky visitó España expulsado de Francia, entre octubre de 1916 y enero de 1917, camino del exilio en los Estados Unidos, lo es menos que pudo impulsar la organización de la primera célula comunista española (como relata en su autobiografía, Mi vida, intentó contactar en Madrid con el socialista izquierdista del PSOE-UGT, Daniel Anguiano, futuro fundador del PCE, y con otros “internacionalistas”). Por supuesto es más conocida su influencia -siempre polémica- durante la Guerra Civil (1936-1939) en un grupo minoritario de trotskistas y en algunos sectores del partido marxista-leninista (pero no propiamente trotskista) POUM.


Curiosamente el partido trotskista más numeroso en las democracias occidentales, todavía hoy en precaria existencia, el estadounidense Socialist Workers Party (SWP), durante su fatal decadencia entre los años 1970s y 2010 tuvo algunos líderes hispanos como candidatos presidenciales y senatoriales  -Peter Miguel Canejo, Laura Garza y Róger Calero-  con escasísimo éxito electoral (el récord nunca más igualado de todos los candidatos presidenciales del SWP lo obtuvo Canejo en 1976 con casi 91.000 votos).


La lectura este pasado verano del interesantísimo libro de Josh Ireland, The Death of Trotsky (Dutton, New York, 2026), me ha permitido recordar y precisar datos históricos relativos a uno de los conflictos políticos más violentos vividos en el seno de las izquierdas del siglo XX, desde la perspectiva de un cierto papel o factor español o hispánico en el Dramatis Personae del famoso asesinato.


El enfrentamiento a muerte entre Stalin y Trotsky, entre el estalinismo y el trotskismo, es un drama político solamente comprensible desde la esencial definición schmittiana de la política como la distinción entre el amigo y el enemigo, más allá de las ideologías y de cualesquiera criterios racionales o materiales.


Es una crónica de persecuciones y asesinatos que culminaría en la densa atmósfera hispánica de Coyoacán, México, el 20 de agosto de 1940 (estando vigente el infame pacto Hitler-Stalin), pero que incluiría siniestros episodios en circunstancias que todavía en gran parte desconocemos. Por ejemplo, el autor menciona el dato -revelado hace años en los famosos Archivos Mitrokhin- de un militante comunista estalinista en Salamanca que administraba un horno crematorio para la eliminación física de trotskistas (Ireland, p.104), financiado -según Mitrokhin- por Moscú desde la Guerra Civil española, incluyendo el salario personal del comunista salmantino hasta los años 1980s. Una historia siniestra jalonada de incontables crímenes perpetrados durante décadas por los chequistas y asesinos programados de Stalin y del estalinismo (GPU/NKVD/KGB) contra Trotsky, su familia y los trotskistas (reales o imaginarios) desperdigados por todo el mundo.


Tras la fundación en 1938 de la IV Internacional, en marzo de 1939 Stalin hará un comentario que era también una orden a Lavrenti Beria  (jefe de la NKVD), en presencia de Pavel Sudoplatov (nuevo encargado del grupo especial para el asesinato de Trotsky), haciendo expresa referencia a uno de los aspectos del que llamo en este artículo el “factor hispánico”. 


Estas fueron las palabras textuales de Stalin, según Sudoplatov: “Trotsky debe ser eliminado este año, antes de que estalle inevitablemente la guerra. Sin la eliminación de Trotsky -como muestra la experiencia española- cuando se produzca el ataque imperialista a la Unión Soviética no podemos confiar en nuestros aliados del movimiento comunista internacional” (Ireland, p. 195).


A Sudoplatov le produjo cierta ansiedad el encargo, según él, porque no hablaba español y la operación tendría lugar en Coyoacán, México, donde Trotsky se encontraba residiendo como refugiado político desde 1937. Pero sugirió a Beria y Stalin que se formara un grupo entre comunistas participantes en la Guerra Civil española, algunos entonces ya exiliados en la URSS y en otros países europeos, o en el mismo México, tras la derrota militar del Frente Popular (Sudoplatov lo llamará “la red española”).


Se sabe, y la obra de Ireland lo confirma, que la NKVD organizó tres grupos independientes de asesinos coordinados por los judíos chequistas Leonid Eitingon y Josif Grigulevich. Eitingon, amigo de Sudoplatov, y posiblemente amante de Caridad Mercader- había sido el lugarteniente de la inteligencia soviética con Alexander Orlov en la Guerra Civil española y su sucesor tras la dramática deserción del jefe. El siniestro Grigulevich (alias “Pedro”, “Padre”, “MAKS” “Felipe”, y “Judío francés”), participante entre otros en los asesinatos de Andreu Nin y de Robert Sheldon Harte (y asimismo en los preparativos para asesinar al presidente Tito), hablaba perfectamente español y terminaría asumiendo la identidad de embajador de Costa Rica en Italia y Yugoslavia, antes de jubilarse en la URSS como académico experto en la política hispanoamericana. 


Efectivamente es muy llamativo el peso español o hispánico en el Dramatis Personae de los participantes en la persecución y muerte de Trotsky -como agentes, colaboradores y agitadores en distinto grado- en los tres grupos de asesinos mencionados (algunos nombres con alias) en la obra de Ireland y en los últimos escritos de la propia víctima (Writings of Leon Trotsky, 1939-40, Pathfinder Press, New York, 1973): Ramón Mercader (asesino material de Trotsky el 20 de agosto de 1940), Caridad Mercader, David y Jesús Alfaro Siqueiros, Pablo Neruda, Laura Araujo, Angelica, Leopoldo y Luis Arenal, Néstor Sánchez, Félix Guerrero, Antonio Arguimbau, Julia Barradas, Irene de Bohus, Eduardo Ceniceros, Ana Chávez, Pedro Cheka, Eusebio Cimorra, “Carlos Contreras”, Belén Estrada, Lola Estrina, Marina Ginestá, Manuel Martínez, Marta Meller, Antonio Pujol, María de la Sierra, “Alfredo Viñas”, Vicente Lombardo Toledano, Enrique Ramírez y Ramírez, Leopoldo Méndez, Andrés  García Salgado, David Serrano, Alejandro Carrillo, Víctor Manuel Villachez, Diego Rivera, etc. (aparte de una veintena de estalinistas mexicanos participantes del grupo asaltante de Alfaro Siqueiros en el intento caótico y fallido de asesinato el 24 mayo de 1940).


La obra de Josh Ireland a mi juicio matiza y complementa las fundamentales sobre el asesinato de Trotsky debidas a Pavel Sudoplatov y colaboradores (1994), Robert Service (2009), Bertrand Patenaude (2009), y otra frecuentemente ignorada en las monografías sobre el tema, de Harry y Marjorie Mahoney (1998), obras ya mencionadas en un artículo mío anterior (M. Pastor, “Los asesinos de Trotsky”, Libertad Digital, 3 de noviembre de 2010).

 

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