Al tiempo de escribir estas líneas, me embarga una enorme desazón y un sentimiento de impotencia y humillación. Van pasando los días, y un trozo de mi país sigue invadido mientras el Gobierno de la nación, en cada telediario, nos miente y baraja relatos y datos que son contradichos por un posterior compareciente. ¡No somos tontos! los españoles. (...)
Podremos ser excesivamente confiados, pero no tontos. Lo contrario, olemos desde lejos la podredumbre de nuestra casta política, Aguantamos mucho, quizá demasiado, pero este es nuestro pueblo: confiado al tiempo que perspicaz y por supuesto de paciencia exagerada aunque finalmente acabemos con todo aquello que pone en peligro a la nación. Esto ha sido así escrito en cada página de nuestra historia donde el peligro ha acechado al punto de poner en jaque nuestra estabilidad y pervivencia.
La invasión marroquí, iniciada el pasado 30-31 de julio, en la ciudad autónoma de Ceuta sobrepasa toda tolerancia de carácter conciliador que el Gobierno español quiere mostrarnos, tanto para con los invasores como con el gobierno del sátrapa que les envió. Por eso, tras los intereses económicos y sucios negocios que todos intuimos de las ONGS, nos preguntamos el porqué de querer retener a los menores de edad y no devolverlos a sus familias en origen, tal como sugieren la mayoría de las Comunidades Autónomas como la propia Bruselas, cansada ya de repetir que el flujo invasor debe ser de nuevo puesto en la frontera.
¿Porqué el empeño del Gobierno en retener a estos menores?, o es para que pueda luego efectuarse una posible y futura «Agrupación familiar» de manera que por cada persona retenida pueda producir un número indeterminado de entradas futuras de familiares. Marruecos contento, pues los hijos de su patria que huyen del sátrapa encuentran acomodo gracias a los chanchullos del sanchismo. Por otra parte, al reflujo de esa huida, entran todo tipo de personajes portando móviles de última generación y adornados muchos de ellos con antecedentes penales, cuando no de perfiles yihadistas. Todo un panorama para ser consentido y promocionado por nuestro propio Gobierno.
Y resulta aún más incomprensible que el Gobierno permanezca paralizado cuando la propia Comisión Europea ha respaldado el retorno a Marruecos de quienes permanecen ilegalmente en Ceuta, incluidos los menores no acompañados —con las debidas garantías—, y ha ofrecido además la colaboración de Frontex, Europol y la Agencia Europea de Asilo. Si Europa reconoce la gravedad de la situación y pone a disposición de España los instrumentos necesarios, ¿qué razón puede explicar que el Gobierno se resista a utilizarlos? Ya no cabe invocar impedimentos europeos ni supuestas obligaciones internacionales: lo que falta no son medios ni respaldo jurídico, sino voluntad política. ¿Dónde quedan los principios inalienables de integridad territorial y soberanía; de no utilización de seres humanos como instrumento de presión? ¿Cómo se explica el abandono de Ceuta por el Estado y la vulnerabilidad de la frontera meridional de la Unión Europea?
¡Pero no somos tontos! si excesivamente pacientes. Estoy cansado de asistir a manifestaciones contra este Gobierno y por la dignidad de nuestra nación, frente a la humillación que supone un Gobierno compulsivamente mentiroso. Sí, he ido a muchas, aunque no hayan sido suficientes. Éramos muchos miles…pero no bastantes…Pero ahora, si hay otra próxima ocasión, convocada por todos los partidos que no estén involucrados en las redes mafiosas o chantajeados sus móviles por Marruecos, no querría detenerme en el Arco del Triunfo donde acabó la última, por muy evocador que sea el lugar; querría ir del brazo con otros muchos, nunca bastantes… para, a paso lento pero firme y decidido, llegar hasta el palacio de la Moncloa y allí mismo exigir la dimisión sin condiciones de todo el Gobierno y de su secta y mil asesores.
Si todos juntos de nuevo, ¡pero más!, inundando la calle para que el blindaje de seguridad de Moncloa, no tuviera espacio para moverse. No llegar como los invasores marroquíes engañados y desesperados por encontrar algo que se les prometió, sino sabiendo a lo que vamos.: a deponer al actual Gobierno, pacíficamente, ¡por supuesto! Pero con total determinación, ¡por supuesto! Veríamos entonces en qué manera el sanchismo sabría manejar la seguridad del palacio de la Moncloa o lo haría de igual manera que ha sabido defender la frontera meridional de Europa.
Han pasado más de veinte días y los españoles no sabemos si la invasión que se ha producido, va a consolidarse para de nuevo abrir en un inmediato futuro otra nueva invasión, o simplemente los miles de invasores que aún permanecen en territorio nacional retornarán a sus lugares familiares. Han pasado más de veinte días y las mentiras y contradicciones del Gobierno respecto a la situación de la ciudad de Ceuta pesan como una losa a la sociedad española que cree asistir a lo nunca visto. Pero, el que estas líneas suscribe, cree que todavía queda por ver lo más tenebroso de esta historia que no es otra cosa que el trasfondo que sustenta esta invasión y los oscuros intereses que se barajan en la cuestión.
Porque lo sucedido en Ceuta no constituye solamente una crisis migratoria ni un problema humanitario, como pretende reducirlo el Gobierno, o a un negocio de redes mafiosas como sustento al principio. Afecta directamente a nuestra soberanía, a la integridad territorial de España y a la seguridad de la frontera meridional de Europa. Miles de personas han sido utilizadas como instrumento de presión contra una nación que ha demostrado no estar preparada para defender eficazmente sus límites. Ceuta no es una tierra lejana ni una plaza ajena: es España, y abandonar a los ceutíes a su suerte equivale a aceptar que una parte de nuestro territorio puede quedar sometida a la voluntad de Marruecos. Entretanto se miente descaradamente sobre los recursos sanitarios por mucho que la comunista ministra de Sanidad vocifere y proclame que la ciudad de Ceuta goza ya de una normalidad, y con total desvergüenza desdiga al mundo sanitario que se encuentra en la trinchera de la tragedia.
De nuevo debo contenerme para no sobrepasar el tono de estas líneas ante la humillante situación que padece España y los españoles. De tiempo, España ha dado tanto de que hablar en la prensa y editoriales extranjeras como ahora. Bruselas con la timidez e indecisión que le caracteriza, pide el retorno a sus países del resto de emigrantes que aún están en suelo español, pero el Gobierno sigue de vacaciones porque considera que no hay nada de lo que ocuparse y merezca la pena de su atención, salvo preparar el falaz ideario de su inacción.
De nuevo me vuelvo imaginariamente a la calle, en la manifestación, y echo de menos que el principal partido de la oposición, no convoque un Comité de crisis o establezca un Gobierno de crisis en la sombra para articular las medidas necesarias ante una situación que probablemente se repita, y que cualquier nación no aceptaría en ningún modo. España ha permitido que la protección de una parte de su territorio dependa de la voluntad de un Estado que discute nuestra soberanía y utiliza la frontera como instrumento de presión. Un Gabinete de crisis compuesto por los partidos de la oposición, para de manera excepcional, tomar medidas excepcionales en la propia sede del Senado como Cámara territorial, daría a la nación un respiro y sería una ventana abierta a la esperanza de que en España, haciendo honor a nuestra historia, seguimos siendo capaces de afrontar situaciones de esta envergadura.
Por Iñigo Castellano y Barón