Manuel Pastor Martínez

Los "anastasios"

(Ilustración: La Crítica / IA)

LA CRITICA, 19 JUNIO 2026

Manuel Pastor Martínez | Viernes 19 de junio de 2026

Una variopinta multitud de fieles

Existe una orden secreta internacional, sin estatutos, sin jerarquías, ni estructura formal u organización, una especie de club informal de fans -aunque no fanáticos- a la que los dos grandes biógrafos de la presunta Gran Duquesa rusa Anastasia/Anna Romanov/Tschaikovsky/Anderson/Manahan (Peter Kurth en 1983, y James Blair Lovell en 1991) se refirieron en sus respectivas obras con el nombre de los “anastasios”, significando a las personas que abierta o tácitamente reconocían la identidad y legitimidad de la misteriosa y trágica princesa rusa. (...)



Sospecho que tal nombre probablemente se originó dentro los servicios secretos de la Inteligencia Militar Alemana (Abwehr), especialmente después de que la presunta Anastasia fuera recibida personalmente por el propio canciller Adolf Hitler (en fecha imprecisa, a principios de 1941). ¿Fue acaso el líder nazi uno de los primeros “anastasios”? Evidentemente no. Cuando Anastasia visitó la cancillería, invitada por el Fuehrer, ya existía una larga lista de “anastasios” en Alemania -aunque todavía no se llamaran así-, desde la dramática aparición de la Gran Duquesa en Berlín el 17 de febrero de 1920, al ser rescatada en el canal Landwehr tras arrojarse desde el puente Bendler en un aparente intento de suicidio (aunque Anastasia se contradijo, admitiendo primero la intención suicida y declarando más tarde que fue “empujada”, es decir, en un fallido intento de asesinato).

En rigor, los primeros “anastasios”, incluso anteriores al incidente de 1920 en Berlín, fueron:

Alexander y Serge Tschaikovsky, los hermanos que rescataron viva a Anastasia, en la masacre de la familia imperial, 1918.

Max Hoffman, coronel y jefe de Inteligencia del Ejército alemán en el Este de Europa, 1918-1919.

Desde 1920 aparecen muchos nombres de los primeros “anastasios/as”, especialmente tras la publicación de la que sería su primera primera biografía importante, Anastasia,de Harriet Rathlef-Keilman (Leipzig y Zurich, 1928; New York, 1929). Por orden cronológico señalaré siguientes:

Clara Peuthert, primera en identificarla en Berlín

Znaida Tolstoy, amiga de la Zarina

Nicholas Schwabe, oficial de la Guardia de la Zarina

Princesa heredera Cecilia de Prusia

Barón Arthur von Kleist

Franz Gruenberg, historiador

Dr. Karl Sonnenschein

Harriet Rathlef-Keilman, escritora (su biografía de Anastasia, publicada en alemán y en inglés, con el subtítulo El destino fatal de una mujer como espejo de la catástrofe del mundo, generó sin duda un número incalculable de “anastasios” anónimos).

Dr. Serge Rudnev

Herluf Zahle, embajador de Dinamarca en Berlín, presidente de la Liga de Naciones.

Amy Smith

Bella Cohen (autora del artículo “Anastasia is Europe’s Deepest Mystery”, The New York Times, March, 1926)

Gran Duque Andrei Vladimirovich

Baron Vassili Osten-Sacken

Dr. H. Sathof

Dr. Theodor Eitel

Tatiana Botkin, hija del médico de la familia imperial

Duque George de Leuchtenberg

Felix Dassel, capitán del ejército zarista

Gleb Botkin, hermano de Tatiana Botkin

Marina Schweitzer Botkin, hija de Gleb Botkin

Richard Schweitzer

Princesa Xenia de Rusia

Agnes Gallagher

Annie Burr Jennings

Hugh C. Auchincloss

Edward Huntington Fallows, prestigioso abogado neoyorquino

Serge Rachmaninov, compositor ruso en el exilio

Gleb Botkin y Edward Huntington Fallows fundaron y registraron (el 9 de febrero de 1929) en Wilmington, Delaware, la Grandanor Corporation, de apoyo económico a la causa de Anastasia, que contó con la generosa ayuda de las familias Burr-Jennings, Rockefeller, Auchincloss, y otros inversores menos conocidos. Entre los simpatizantes estadounidenses más o menos secretos, si no “anastasios”, Lovell menciona en los años veinte a John V. Bouvier, padre de Jacqueline Kennedy, y para los años sesenta Kurth mencionará al propio presidente John F. Kennedy.

Durante estos mismos años 1920s en Alemania y la primera estancia de Anastasia en los EEUU, hubo otros casos de “anastasios” que más tarde se desdijeron, por intereses diversos bajo presión de la familia Romanov, liderada por la Emperatriz viuda Maria, sus hijas y familiares (bajo la protección del rey Christian X de Dinamarca); presionados también por la familia real británica (bajo la protección del rey George V), y asimismo por las intrigas del Gran Duque Ernest de Hesse-Darmstadt, hermano de la Zarina, y de su sobrino Lord Louis Mountbatten.

Algunos de estos notorios inicialmente “anastasios” y después renegados fueron la propia Gran Duquesa Olga, hermana del Zar y tía de Anastasia, el mayordomo Alexis Volkov, la institutriz Alexandra Tegleva y su esposo el profesor Pierre Gilliard.

Los casos de la princesa Irene de Prusia (hermana de la Zarina), y la baronesa Sophie Buxhoeveden (dama de honor de la Zarina), fueron más crueles porque visitaron a Anastasia en el hospital pero se negaron a reconocerla, según un plan aparentemente premeditado.

Anastasia volvió a Europa en 1931, residiendo permanentemente en Alemania hasta su segundo viaje a los EEUU y su estancia -concretamente en Charlottesville (Virginia)- desde 1968 hasta su fallecimiento a los 83 años en 1984.

En Berlín tendrá el apoyo de la familia del que fuera general-jefe del Estado Mayor Helmuth von Moltke, y en Hanover la de Paul y Gertrude Madsack, importantes editores periodísticos, a los que se sumarán otros notables “anastasios/as”:

Hermine de Reuss, Emperatriz, segunda esposa del Kaiser en el exilio

Príncipe Frederick Ernest de Saxe-Altenburg

Príncipe Segismundo de Prusia (hijo de Irene, hermana de la Zarina)

Condesa Astrid Bethusy-Huc

Heinrich de Reuss, primo de la Emperatriz Hermine y amor secreto de Anastasia

Paul Leverkuenn, abogado, agente del Abwehr

Kurt Vermehren, abogado

Adolf Hitler

Baronesa Monica Miltitz, lideresa del movimiento Antroposófico, y múltiples damas del mismo

Adele Heydebrand

Isaac Don Levine y su esposa

Princesa “heredera”

Cecilia de Prusia, nuera del Kaiser

Lili Dehn, amiga de la Zarina

Margda Boodts, misteriosa presunta hermana mayor de Anastasia (GD Olga)

Suzanna Catharina de Graaf-Hemmes, misteriosa presunta hermana menor de Anastasia (GD Alexandra)

Dr. Otto Reche, antropólogo

Minna Becker, grafóloga

Moritz Furtmayr, criminólogo

Dominique Auclères, periodista y biógrafa de Anastasia

Alexis Milukoff

Barón Curt Stackelberg, abogado de Anastasia ante la Corte Suprema de la RFA

John Eacott Manahan, esposo de Anastasia

Peter Kurth, biógrafo

James Blair Lovell, biógrafo

Etc.

Una hipótesis sobre servicios secretos

El caso Anastasia, a mi juicio, es un ejemplo de los “agujeros negros” que jalonan la historia, causados por agentes del “Estado Profundo” en algunas naciones, y las actividades relativas al factor I-C-I (Inteligencia-Contra-Inteligencia), cuyos perfiles se resisten a un conocimiento racional seguro, en que las causas son muy diversas y no siempre responden a una motivación material.

Un ejemplo, concerniente al caso Anastasia, es el frecuente número de “anastasios” enfrentados a los que defienden la hipótesis de una impostura o fraude, pertenecientes ambas partes a una misma familia. Dos ejemplos notables: el enfrentamiento entre el “anastasio” príncipe Segismundo de Prusia y su madre la princesa Irene (hermana de la Zarina) que llevó al hijo a abandonar definitivamente Alemania y residir en Costa Rica hasta su muerte; o la oposición del también “anastasio” Gran Duque Andrei Vladimirovich ante su hermano el Gran Duque Kiril, autoproclamado “Zar en el exilio” (cuyos descendientes, primero su hijo Vladimir, y después su nieta María y el hijo de ésta, Jorge, nacidos y residentes en Madrid, España, ostentan hoy el liderazgo mayormente reconocido de la dinastía Romanov).

Es inevitable pensar en la involucración de ciertos servicios secretos en el caso Anastasia, tras la afirmación tajante en los años 1920s del general Max Hoffman de que en 1918, siendo coronel y comandante del ejército alemán en el frente oriental, tuvo información puntual del rescate de Anastasia, su huida de Rusia y protección por la embajada alemana en Bucarest. El coronel Hoffman, que dió sopas con onda a Trotsky en los debates históricos y políticos que los enfrentaron en Brest-Litovsk, tenía el encargo personal del Kaiser de investigar la situación y seguridad de la familia imperial rusa (Wilhelm II era primo carnal de la Zarina, y en 1916 había enviado secretamente al hermano de ella, el Gran Duque Ernest de Hesse, a la corte zarista para intentar una posible paz separada con Rusia, que más adelante firmarán los bolcheviques en Brest-Litovsk). Anastasia, como única testigo viva del secreto, sería el motivo principal por el que el Gran Duque de Hesse, hasta su muerte en 1937, rechazara la identidad y legitimidad de su sobrina.

Pero los servicios secretos de la inteligencia militar alemana del II y del III Reich conservarán estas informaciones que indirectamente legitimaban a Anastasia (tras Hoffmann, ya durante el Nazismo, los servicios del general Reinhard Gehlen y del Almirante Wilhelm Canaris, jefe del Abwehr). Un colaborador importante de Canaris, Paul Leverkuenn -autor del libro German Military Intelligence (London, 1954)- será también abogado principal de la causa Anastasia en Alemania y por supuesto un destacado “anastasio”.

En la conversación de Anastasia con Hitler en 1941 el Fuehrer se refirió a investigaciones del régimen (¿de la Gestapo, las SS y el SD?), aparte de los servicios secretos militares, que confirmaban la identidad y la legitimidad de la Gran Duquesa.

Anastasia siempre temió ser espiada e incluso asesinada por los servicios secretos soviéticos y británicos. Está documentado que el príncipe Yusupov, asesino de Rasputín con la colaboración hoy conocida de agentes británicos, espió y amenazó a la Gran Duquesa (prima carnal de su esposa Irina) durante su estancia en el castillo de Seeon en Baviera. El interés mostrado por tales servicios secretos (en informes todavía secretos y clasificados de las coronas británica y danesa, aparte de los archivos de la GPU/NKVD/KGB) indican que Anastasia/Anna Romanov/Tschaikovsky/Anderson/Mahan no era una simple o vulgar impostora.

Finalmente, persiste el misterio en torno a la personalidad de Alexis Milukoff (¿operativo de la OSS/CIA?), residente sus últimos años en Madrid, que como “anastasio” incondicional y ganando la confianza de Anastasia obtuvo una inmensa cantidad de información voluntaria de la propia Gran Duquesa, en conversaciones grabadas, notas y otros documentos, base de la investigación y gran obra del biógrafo autorizado, James Blair Lovell, Anastasia. The Lost Princess (Regnery Gateway, Washington DC, 1991).

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