Mientras en EEUU el Partido Demócrata se desangra con la corrupción sin un líder moderado plausible y reconocible, radicalizándose hacia la extrema izquierda, el Partido Republicano o GOP (Grand Old Party) se fortalece con la presidencia de Trump y el movimiento MAGA (Make America Great Again). Y lo más importante, no carece de potenciales líderes futuribles.
La única duda ahora es quién en concreto va a liderar el conglomerado o gran coalición del conservadurismo liberal americano después de la era Trump, que terminará su segundo mandato en enero de 2029 tras las elecciones generales en noviembre de 2028. (...)
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Constitucionalmente un presidente estadounidense solo puede ejercer un segundo mandato, pero en el caso de Trump hay la posibilidad de que en un futuro los politólogos e historiadores –se sigue investigando el asunto y existen indicios– demuestren que el candidato republicano ganó tres elecciones presidenciales (2016, 2020, y 2024), pero las de 2020 fueron fraudulentas y beneficiaron al demócrata Joe Biden. No sería la primera vez: en 1960 un presunto fraude también perjudicó al republicano Nixon y benefició al demócrata Kennedy.
Recuerdo que en 2009, tras las elecciones presidenciales fallidas del republicano McCain frente al demócrata Obama –exaltado éste por la propaganda de su partido, con razón, como “el primer presidente afroamericano” de los EEUU–, el gran periodista de la cadena FOX Sean Hannity predijo que en un futuro Marco Rubio sería también “el primer presidente latino” de la nación (por supuesto, “latinx” es una estupidez woke-LGBTQ, pero “latino” –término generalizado en EEUU– a mi juicio es incorrecto y confuso de lo que debería llamarse “hispano” o “hispanoamericano”).
Mientras el vicepresidente J. D. Vance se quedaba –son sus palabras– “muy solo en casa” para asistir a algunos actos contra el fraude y la corrupción en Bangor (Maine), el mismo periodista de la FOX mencionado, Sean Hannity, entrevistaba el pasado 12 de mayo a Marco Rubio a bordo del Air Force One con el presidente Trump rumbo a China para la cumbre histórica con el dictador comunista Xi Jinping. En esta ocasión Hannity no recordó su predicción de 2009, pero se deshizo en elogios hacia el “hombre orquesta político”: Secretario de Estado, Consejero de Seguridad Nacional, enviado especial para misiones diplomáticas (Venezuela, Cuba, Vaticano), portavoz de la Presidencia en ausencia de la Secretaria de Prensa…
J. D. Vance es el discreto y activo, muy bien valorado vicepresidente. Joven barbudo ex senador de Ohio, con reconocidas dotes literarias. Por cierto, el último vicepresidente barbudo, también republicano de Ohio, fue Charles W. Fairbanks, entre 1905 y 1909, a la sombra del gran “Teddy” Roosevelt (para encontrar un presidente barbudo habría que retroceder hasta otro republicano de Ohio, Benjamín Harrison, entre 1889 y 1893).Barbas aparte, mi único reproche a Vance ya lo hice en un artículo (M. Pastor Martínez, “No elegía para la idiotez política”, La Crítica, Julio 2024) por un desliz retórico progre que tuvo en 2016 durante la primera campaña presidencial de Trump, cuando Vance alcanzó merecida notoriedad por su libro autobiográfico Hillbilly Elegy (New York, 2016).
Para ser justos, el propio Trump también cometió algunos excesos retóricos contra Rubio en la misma campaña de 2016, cuando ambos eran rivales en las elecciones primarias dentro del Partido Republicano para la Presidencia. Preguntado recientemente por su preferencia respecto a la alternativa Rubio/Vance en el futuro liderazgo de MAGA/GOP, Trump se ha limitado a decir que ambos forman una candidatura ideal (“a dream team!”), sin especificar cuál sería para él el mejor presidente.
Rubio, como hispano de ancestros cubanos en Florida, es un excelente conocedor de la política de EEUU respecto a Hispanoamérica, y particularmente respecto a Cuba. Iniciado políticamente como colaborador de la representante cubano-americana anti-castrista en el Congreso, Ileana Ros-Lethinen, tras algunos años en la política estatal de Florida, fue elegido senador federal en 2010. Extrañamente, la especialista en Cuba, Ann Louise Bardach en su obra Without Fidel (New York, 2009), en la que analiza el escenario de la transición política en la isla caribeña, ni siquiera mencionó a Rubio, que ahora es sin duda el actor supervisor clave en la estrategia trumpista, como al parecer lo fue también en el caso de Venezuela tras la caída de Maduro.
Aparte de su especialidad en la política hispanoamericana, Rubio –como Trump– es un ardiente defensor de la postura Pro-Vida (en esto también coincide con el converso católico Vance), y asimismo de la estrecha amistad/alianza con Israel (en esto quizás Vance tiene una posición con matices).
El anticomunismo radical de Rubio le ha llevado a hacer fuertes críticas de China y a una defensa de la independencia de Taiwan, que eventualmente puede chocar con un esquema geoestratégico más moderado de Trump tras su reciente encuentro con Xi Jinping.
Un asunto realmente importante, que puede ser significativo al tratar de diferenciar las candidaturas alternativas Rubio/Vance son, efectivamente, sus diferentes visiones de la postura de los EEUU ante Israel, y las implicaciones que conlleva para los diversos conflictos o la misma guerra en Oriente Medio (Gaza/Palestina, Líbano, y la teocracia islamista de Irán). Respecto al candente asunto bélico –no entro ahora en las polémicas sobre el factor antisemita/antisionista que lastra ciertas minorías derechistas y la casi totalidad de las izquierdas–, parece que este Marco Antonio hispano (Marco Antonio Rubio García) está plenamente identificado con el indomable César estadounidense.
Manuel Pastor Martínez
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