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El Vaticano y Palestina

(Ilustración: La Crítica / IA).

LA CRÍTICA, 15 ABRIL 2026

Manuel Pastor Martínez | Miércoles 15 de abril de 2026

La presente crisis bélica (último capítulo de la larga y profunda crisis por el choque de civilizaciones en Oriente Medio) comenzó en Palestina el 7 de Octubre de 2023 con el brutal ataque terrorista de Hamás a la población civil israelí en la frontera con Gaza durante un festival de música, y extendiendo la masacre a los habitantes de kibutz cercanos.

Escribo esto el 12 de Abril de 2026 cuando, en medio de la citada crisis bélica, se anuncia que una flotilla con activistas de extrema izquierda simpatizantes de Hamás (70 embarcaciones y unas 300 personas) se dispone a salir del puerto de Barcelona para provocar la ruptura del bloqueo israelí a Gaza. (...)



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Siendo un error habitual y generalizado entre los múltiples y variados idiotas antisemitas/antisionistas internacionales o nacionales defensores de un “Estado Palestino” (verbi gratia: Pedro Sánchez, Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Ada Colau, Javier Bardem, etc., y otras personalidades muy importantes de cuyo nombre no quiero acordarme, casi todas las izquierdas y algunas derechas), lo preocupante es que también caigan en el mismo error otras personalidades incluso más importantes, con una responsabilidad moral simbólica y ejemplarizante, presuntamente muy bien informadas, como es el caso -con alguna excepción- de los últimos Papas.

Sin remontarnos más atrás en la compleja y a veces contradictoria historia de la política exterior vaticana, los papas Pablo VI (1963-1978), Juan Pablo I (1978), Juan Pablo II (1978-2005), Benedicto XVI (2005-2013), Francisco I (2013-2025), y León XIV (2025-), por sus altísimas posiciones e influencia internacional -repito, salvo excepciones- han sido co-responsables por activa o por pasiva de una política equivocada sobre Palestina (exceptuemos obviamente a Juan Pablo I, por su brevísimo pontificado de 33 días, a causa de una extraña muerte).

No quiero pensar que pueda existir en la burocracia vaticano-papista un trasfondo o residuo del viejo antisemitismo religioso, del antisionismo político, o de la judeofobia moderna en este grave y persistente error. Desde 1963, durante el Concilio Vaticano II, inspirados por Pablo VI y su Ostpolitik tras su histórica visita a Israel/Palestina (momento coincidente con la fundación de la antisemita/antisionista y terrorista OLP en El Cairo), los textos papales y conciliares han intentado diferenciar anti-semitismo como doctrina racista seudocientífica y anti-judaísmo como fobia cultural o religiosa, tema desarrollado sobre todo en el tardío y a veces confuso texto sobre el Holocausto inspirado por Juan Pablo II, Nosotros recordamos: Reflexión sobre la Shoah (1998).

La gran incongruencia es que desde su elección como Papa Karol Wojtyla (hoy San Juan Pablo II) había negociado discretamente -a espaldas de EEUU y del mundo católico- con el régimen soviético (entrevista secreta en Diciembre de 1980 con Vadim Zagladin, miembro del Comité Central del PCUS), en paralelo al manejo de Solidaridad en la todavía comunista Polonia, la legitimidad y el reconocimiento de la OLP, según señala Paul L. Williams en su pertinente obra Operation Gladio (Prometheus Books, New York, 2015). Sin embargo la naturaleza claramente terrorista y anti-judía de la OLP no admitía dudas desde la investigación clásica de Claire Sterling The Terror Network (Holt, Rinehart and Winston, New York, 1981).

Prefiero sospechar que se trate de un error o una acumulación de errores historiográficos y diplomáticos generados, manipulados y perpetuados por la propia complejidad y oscuridad burocrática del Vaticano durante siglos.

En primer lugar, nuestras “santidades” deberían recordar, por estar mejor informados que la mayoría de los mortales -gracias a los excelentes estudios bíblicos del Vaticano- que el nombre Palestina no es árabe ni judío sino romano, proveniente de la denominación “Siria palestina” (equivalente a “filistea”), y que la etnia de los filisteos se extinguió ya en la remota Antiguedad. Por tanto que nunca, incluso desde antes de la Era Cristiana, han existido una nación, un pueblo -y mucho menos una entidad política o Estado- “palestinos”. Entiéndase, “palestinos árabes” (hasta el siglo XX se llamaban y entendían como “palestinos” principalmente a los miembros de las comunidades judía y cristiana residentes en el espacio geográfico llamado Palestina; las tribus musulmanas preferían llamarse sencillamente “árabes”).

El gran intelectual Achille Ratti (Papa Pío XI entre 1922-1939), crítico del totalitarismo comunista, fascista y nazi, en una audiencia el 6 de Septiembre de 1938 había afirmado: “El antisemitismo es inadmisible. Espiritualmente somos semitas”. Por sugerencia de la filósofa judía convertida al catolicismo, Edith Stein (beatificada y canonizada en un polémico proceso forzado por Juan Pablo II), Pío XI intentó durante el último año de su pontificado -sin éxito- publicar una encíclica contra el antisemitismo.

Persiste una larga tradición de cierto anti-judaísmo (respecto al “pueblo deicida” y otros tópicos) desde San Juan Crisóstomo (Adversus Judaeos, 386-387 dC) y la mayoría de los Padres de la Iglesia, recurrente todavía en el siglo XX (incluso Pio XI se vió presionado a suprimir la asociación Amigos de Israel) hasta teólogos como Karl Rahner, Pierre Benoit, etc., y sobre todo miembros destacados de la Societatis Iesu, la orden de los jesuitas (con nobles excepciones como John LaFarge, Malachi Martin o el cardenal Agustin Bea), cuyo Padre General Wlodimir Ledochowski, junto al Padre Provincial de Italia Pietro Tacchi-Venturi (conocido como el “Rasputin de Mussolini”), y los especialistas en encíclicas y la “cuestión judía” Gustav Gundlach, Gustave Desbuqois y Enrico Rosa (editor del influyente órgano Civilità Cattolica), pusieron obstáculos insuperables al intento de la encíclica de Pío XI contra el antisemitismo. Más recientemente el jesuita Kurt Peter Gumpel, relator para la beatificación y canonización de Maximilian Kolbe y de Pío XII, se ha caracterizado por distorsionar informaciones y datos sobre las relaciones de ambas personalidades con el Holocausto, en perjuicio de los judíos.

El jesuita Papa Francisco nunca trató de aclarar y corregir los errores de sus comilitones de la Compañía de Jesús, simpatizando siempre con las izquierdas antisionistas a favor de un “Estado Palestino”. Un Estado, como reza el clásico eslógan antisionista, “desde el río hasta el mar”.

En el pasado Diciembre de 2025 el Papa León, no solo “débil ante el crimen” (Trump dixit) sino equivocado refiriéndose a Palestina, declaraba ante un numeroso grupo de periodistas: “La Santa Sede… ha apoyado públicamente la propuesta de dos Estados” ( David E. Weisberg, “Lo que el Papa sabe y no sabe sobre Gaza”, voz.us, 11 de Diciembre de 2025). Un gran error fundado en mentiras históricas acumuladas sobre Palestina. Para el colmo últimamente Su Santidad ha criticado la política de Trump en Venezuela e Irán, y también por asociaciación, por supuesto, a Israel.

Especialmente en la era actual de las Fake News, como sentenció el maestro Revel, “La primera fuerza que gobierna el mundo es la mentira” (El conocimiento inútil, Paris,1988). En el seno de la civilización judeo-cristiana -incluídos el Vaticano y los Papas- según nos ha recordado el historiador católico Garry Wills (Papal Sin. Structures of Deceit, New York, 2000), se han producido graves errores en la Iglesia como consecuencia del engaño, del auto-engaño o de la mentira, que ya fueron tempranamente denunciados por San Pablo (Epístola a los Gálatas, c. 56 dC) y por San Agustín (De Mendacio, 395 dC, y Contra Mendacium, 420 dC).

La utópica y disparatada Junta de la Paz (Board of Peace) promovida por el presidente Trump, a mi juicio está fatalmente lastrada y condenada al fracaso ante el problema de Gaza y Cisjordania, ya que incluye al menos una quincena de miembros favorables a la gran mentira del “Estado Palestino” o de los “Dos Estados” (Israelí y Palestino). Se trata de regímenes autoritarios islamistas, y otros asimismo autoritarios de calañas ideológicas ateas, todos mayormente judeófobos, y por si fueran pocos también se ha pretendido incluir -al menos propagandísticamente- al Vaticano.

Sin embargo la guerra contra el régimen teocrático-totalitario de Irán, como se ha visto, ha intensificado la crítica del Papa a las políticas de Trump, provocando una desabrida pero a mi juicio lógica respuesta del presidente estadounidense.

Manuel Pastor Martínez

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