Hasta el pasado diciembre solo dos partidos tenían opciones de formar gobierno, y ambos se asemejaban tanto que apenas notábamos el cambio, España seguía su rumbo. Pero eso ya no es así, dos nuevas formaciones han revolucionado la escena política española para acabar con un bipartidismo insano que de nuevo ha fracasado a la hora de modernizar España, seguramente porque ese nunca fue su objetivo.
Por tanto, desde mi punto de vista, a los españoles se les presentan tres alternativas bien claras. Ahora sí, tendremos que escoger de verdad, no entre dos caras de la misma moneda, sino entre varias monedas distintas:
Estas tres opciones son tan distintas entre sí que no cabe compromiso alguno entre ellas, de ahí la creciente polarización de la campaña. Es una prueba más del momento crítico que vivimos. El que Inmovilismo y Transformación compartan muchos rasgos (desde el ya citado del Estado paternalista a la apropiación de lo público por unas élites obsesionadas por el poder, pasando por una burda instrumentalización sectarista de la democracia o el culto al pasado) explica en parte el interés de PP y Unidos Podemos en hacer desaparecer de la escena a socialistas y ciudadanos, presentando estas elecciones como un duelo a dos. No les falta razón, en sus modelos no caben más participantes que ellos mismos, en el primero porque se trata de apropiarse de lo de todos, y cuantos menos participen en la fiesta a más tocarán por cabeza, y en el segundo porque nadie más que ellos conoce la verdad, solo ellos poseen la luz que guiará al pueblo. Esa falta de apertura política es la que debería inhabilitar a Inmovilismo y Transformación, pues ambas dividen y enfrentan a la sociedad, devolviéndonos a las dos Españas.
Solo la Modernización es una opción de futuro para España, pues a ella se pueden unir cuantos partidos quieran, y cuantos más mejor, pues menos críticas recibirá y será más aceptada por todos. Es más, en la Modernización caben todas las siglas y todas las ideologías, siempre que se aparquen los maximalismos y se acepten los consensos. La Modernización es la verdadera transformación, el único cambio que nos puede interesar, la opción que puede poner fin a este modelo caduco basado en el ladrillo, la especulación y la corrupción, que condena a España a vivir del turismo sacrificando su fuerza industrial y su talento científico.
Pero la Modernización también exigirá mucho de los españoles, y quizás por ello fracase frente a Inmovilismo y Transformación, pues ambos cuentan con el atractivo de pedir bien poco, es decir, el primero no exige nada más que cerrar los ojos y continuar como hasta ahora, mientras el segundo solo nos pide soñar, aunque despertemos de repente en medio de una pesadilla. La Modernización no, pues sin sacrificio no hay paraíso, no se asaltan los cielos, se trabaja en la tierra. La Modernización pedirá el fin de unas élites ya amortizadas, el cierre del casino del capitalismo de amiguetes que tanto daño ha causado, pero también que todos nos esforcemos a diario en nuestras vidas particulares, y para ello tendremos que renunciar a los miles de programas que compran nuestra lealtad a base de subsidios. Pues la Modernización no es más que un programa para liberarnos a todos de nuestras ataduras, a diferencia de Inmovilismo y Transformación, que acaban siendo un fin en sí mismo. Por eso es la única opción verdaderamente compatible con la democracia, la única que trata al ciudadano como a un ser adulto, mientras las otras dos opciones prefieren reducir al pueblo a sujeto pasivo de sus caprichos.
No nos engañemos, las nefastas consecuencias del Inmovilismo han alimentado las peligrosas promesas de la Transformación, ambas se necesitan, se retroalimentan en un perverso juego de empatía subliminal. Los españoles parece que solo pensamos en términos binarios, rechazamos cualquier alternativa que nos exija ir más allá de lo elemental, nos condenamos así, sin crimen ni juicio, a un castigo muy severo. Sería un sueño que los españoles eligiésemos por una vez en nuestra historia un camino distinto, la Modernización, pero me temo que perderemos de nuevo nuestro tren.