Félix Ballesteros Rivas

Puede ser desastroso, pero no preocupante

(Foto: www.informacionseguridad.com/)
Félix Ballesteros Rivas | Sábado 30 de abril de 2016
Las situaciones desastrosas nos rodean por todas partes: El Cambio Climático va a peor, llevamos meses sin gobierno, La Economía no da más que disgustos, el Paro es epidémico… ¿Puedo atreverme a decir que no tenemos que estar preocupados? Voy a intentarlo...

Las situaciones desastrosas nos rodean por todas partes: El Cambio Climático va a peor, llevamos meses sin gobierno, La Economía no da más que disgustos, el Paro es epidémico… ¿Puedo atreverme a decir que no tenemos que estar preocupados? Voy a intentarlo.

No aspiro a que quedemos libres de preocupaciones en unos cuantos párrafos, pero sí a que dejemos de estar preocupados. Porque ‘estar preocupados’ es una actitud, mientras que tener preocupaciones no es más que ser conscientes de la realidad y dar como probable que alguna de las situaciones que nos rodean puede ir a peor y llegar a afectarnos.

Por ejemplo, en el momento de escribir esto lleva España varios meses sin gobierno efectivo, cosa que si nos hubieran amenazado con ello hace unos años nos habría causado una honda preocupación quizá, pero que, en la práctica, sólo se nota en las admoniciones que publican algunos de que ello terminará afectando a la Economía (negativamente, se entiende). Quizá la conclusión que se puede sacar es que los gobiernos anteriores lo que hacían era más perjudicial que beneficioso y, la inacción actual, ha supuesto una mejora tras años de desgobierno.

Todo depende de cómo se presenten las cosas. Por ejemplo, si yo les digo que en el centro de una ciudad europea ha estado en funcionamiento desde hace muchos años un par de reactores nucleares, si a continuación afirmo insidiosamente que ninguno de los gobiernos ha hecho la menor publicidad de ese importante hecho y, para rematar, les bombardeo con miles de casos de malformaciones infantiles, leucemias y demás calamidades sucedidas en ese entorno, los precios de los pisos en esa ciudad caerán en picado y las consultas de la Seguridad Social se verán colapsadas con gente que cree presentar un cuadro clarísimo de haber estado sometidos a un exceso de radiación.

Si les digo que esa ciudad era Madrid hasta hace bien poco se preguntarán ¿entonces, todos esos casos de malformaciones, etc.?... Sí, eran casos ciertos, seguro, pero si ponemos las cosas en su contexto, resulta que no era como para preocuparse: estadísticamente en Madrid en todo ese tiempo no había más (ni menos) casos de malformaciones infantiles, leucemias, etc. que en el resto de ciudades europeas en esos mismos años. Por cierto, uno de los reactores estaba en la calle Serrano (Instituto Torres Quevedo, creo recordar que se llamaba) y el otro en la Ciudad Universitaria. ¿Era como para ‘estar preocupados’?

Otro caso, y muy actual: la ciberdelincuencia, el ‘lado oscuro’ de Internet, la guerra cibernética… Si nos tomamos la molestia de informarnos, es inevitable descubrir una gran cantidad de hechos muy preocupantes: la Guerra Cibernética nos puede dejar sin electricidad, sin bancos, hasta sin agua, de un momento a otro, los ciberladrones se pasean a sus anchas por nuestras cuentas corrientes al menor descuido, los servicios del Estado nos espían cada vez con mayor comodidad (ya no hace falta instalar cámaras ocultas: pueden utilizar los micrófonos y cámaras de nuestros teléfonos), la pornografía, incluso en sus más aberrantes variantes de pedofilia o sado-masoquismo, están al alcance de cualquiera (ya no hay que viajar a Perpignan para ver películas porno, como en los años 70)…

Todo lo del párrafo anterior es cierto, pero no hay que estar preocupados. Basta con que los ayuntamientos y bancos inviertan lo necesario en seguridad y que en el ordenador de casa instalemos un paquete ‘antivirus’ (se les llama así, pero ya hacen muchas cosas además de protegernos de los virus informáticos), y podremos dejar de estar preocupados para pasar a estar, simplemente, ‘atentos’.

Lo que pasa es, casi nada más, que lo de utilizar claves de acceso o instalar un antivirus en nuestro ordenador nos puede resultar novedoso pero, sin embargo, llevamos siglos utilizando claves, perdón, quería decir ‘llaves’ (ambas palabras descienden del ‘clavis-clavis’ latino) en las puertas de todas nuestras casas, y los bancos gastaban mucho más en cajas fuertes y vigilantes de seguridad.

Simplemente, los tiempos cambian. Los crímenes clásicos, esos de puñaladas, sangre, secuestros, etc. también asustan, incluso más que un robo de datos confidenciales. Tenemos que reconocer que, si nos leyésemos unas cuantas monografías llenas de fotos en las que predominase el rojo, y no precisamente de la salsa de tomate, y si nos quedamos sobre todo con la parte del noticiario que cada día nos habla de violencia machista, fraudes bancarios o explotación de la infancia, esa noche comprobaríamos dos veces que la puerta está bien cerrada antes de irnos a dormir. Pero la mayoría de la gente, no ‘estamos preocupados’ por la delincuencia común: es una molestia de la Sociedad en la que vivimos y sólo excepcionalmente nos sentimos afectados por ello; el resto del tiempo vivimos nuestras vidas preocupados de otras cosas que nos parecen más importantes (la cuenta corriente, la educación de los hijos, la cita de esta noche en el mejor de los casos). Con la ciberdelincuencia, según pase el tiempo, haremos lo mismo, en cuando asimilemos el grado exacto en que nos afecta o no.

Lo mismo sucede en muchos otros campos. Por ejemplo, si de repente nos encontrásemos una procesión de entierros con más de dos mil féretros (no es una cifra que haya puesto el buen tun tun, advierto), seguida de una manifestación de unos diez mil tullidos, mancos, ciegos, cojos, una gran parte de ellos en sillas de ruedas… supongo que preguntaríamos algo así como ‘¿Qué os ha pasado, cómo os habéis hecho esto?’; y si nos señalan una calle y nos dicen que ha sido allí, huiríamos de esa calle y de todas las de alrededor.

Sin embargo, esas son, más o menos, las cifras de fallecidos y heridos en accidentes de tráfico en España en un año, lo cual no nos impide subirnos a un coche para hacer un viaje: con cuidado, sí, pero sin ‘estar preocupados’.

En la sociedad actual es realmente sencillo provocar preocupación. Basta con apilar una serie de hechos negativos, mostrarlos todos juntos y prescindir de los elementos de contorno que hacen a esa situación una parte de la realidad, de la en general soportable realidad. Lo típico es que se prescinda de los porcentajes y estadísticas que explican que esas realidades negativas no son excepcionales, como por ejemplo, en el caso del desastre de Chernóbil: se pueden mostrar centenares de casos de tumores en la población afectada, pero casi nadie pone al lado el hecho de que la salud del conjunto de los afectados, a largo plazo, ha resultado ser algo mejor en promedio que la del resto de ciudadanos de la Unión Soviética, primero, de Ucrania después, y de cualquiera sabe qué Estado en estos momentos convulsos en una zona siempre convulsa pero en la que, por la atención internacional sobre las consecuencias de aquél grave accidente, han recibido desde entonces una atención médica muy superior a la del resto de sus conciudadanos.

Si manejamos de esa torticera forma casi cualquier conjunto de cifras (algún día hablaremos del ‘Big Data’ tan de moda), podríamos ‘demostrar’ lo peligrosa que es cualquier forma de alimentación, cualquier producto con el que tengamos contacto, el clima de cualquier parte del planeta o cualquier actividad a la que nos dediquemos con asiduidad. Y así no se puede vivir.

Tengamos espíritu crítico, miremos a nuestro alrededor tratando de tener una visión de conjunto y, sobre todo, si sólo sabemos una parte, desconfiemos: si supiésemos más estaríamos mucho más tranquilos.

Félix Ballesteros Rivas

30/04/2016

agente.provocador.000@gmail.com