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Antonio Merayo

ENTREVISTA A ANTONIO MERAYO

Por Juanmaría G. Campal

Sábado 16 de abril de 2016
Antonio Merayo: “Si en el otro mundo no se puede leer y escribir, no me interesa morirme”

Quedar con Antonio Merayo para charlar siempre es saber que uno se va a encontrar con una de las personas con más amena y sosegada cultura poética que existen hoy en día. Quedar con Antonio Merayo después de haberlo releído es saber que, según avance la conversación, uno, a la par que irá aprendiendo algo nuevo, va a recordar a Fernando Pessoa cuando afirmaba que “la diferencia entre culto y erudito es que quien es erudito se hace erudito, y quien es culto nace culto. Nascitur, non fit es verdad del hombre culto como del poeta”, es decir, como de Antonio que reúne en sí ambas cualidades junto a las de sus enormes humanidad y humildad.
Cuesta trabajo, no crean, interrumpir su rico y atesorable conversar para atraerlo a mis pobres preguntas, mas hoy conduce obligación y se ha de templar devoción.

¿Durante tus estancias en León, cómo percibes e interpretas la efervescencia literaria, poética, que actualmente se da en León?
Proliferan los recitales de poesía, las publicaciones y presentaciones de libros como no creo que haya ocurrido nunca antes en nuestra ciudad. Sí echo en falta que no siga la tradición de revistas como Espadaña, Claraboya, Cuadernos Leoneses, Yeldo o Alcance. Las revistas permiten ir conociendo la obra en curso de autores de distintas generaciones y latitudes, y eso resulta beneficioso para todos.

¿Cuándo, cómo y por qué comenzaste a escribir poesía?
Empecé a los diez años, fascinado por las sorprendentes asociaciones de palabras y la musicalidad que encontraba en las poesías que figuraban en la enciclopedia de la escuela del pueblo ‘donde nací por voluntad propia’: Corullón.

¿Cuál fue tu primera obra, cómo la sientes hoy?
Mi primer libro lo titulé Opúsculo poético. Lo recuerdo con ternura y compasión.

¿Continúan reuniéndose en tu “memoria algunos personajes de tinta y papel, más reales que la vida misma”?
Están siempre conmigo, incluso en las circunstancias más adversas. Nuestras reuniones son ilustrativas y divertidas, una veces; otras, llegamos a debatir ardorosamente, pero sin faltarnos nunca al respeto. Yo aprendo mucho de ellos.

Miras el conjunto de tu obra y actividad en pro de la poesía, de la literatura y ¿qué sientes?
No me quejo de lo cosechado hasta ahora (mucho escrito, de lo cual he publicado sólo una mínima parte). Dedico la mayor parte de mi tiempo a la lectura, la escritura y la participación en actividades poéticas, literarias y artísticas.

¿Tiene nombre el paraíso?, ¿y el infierno?
El paraíso: la lectura, la escritura y las relaciones humanas ennoblecedoras. El infierno: las injusticias, el desamparo de millones de personas en todo el mundo y las relaciones humanas tóxicas.

¿La escritura, la poesía, son goce, dolor o resistencia?
La palabra poética surge de una actitud libre, desinteresada, no sujeta a intereses espurios; favorece la evolución personal, la cohesión social y espiritual, proporciona placer y consuelo y acrecienta y fortalece la conciencia, cada vez más sutilmente amenazada por oscuros intereses.

¿Una recomendación a los escritores noveles?
Si no pueden dejar de escribir, porque la vida les va en ello, que leen mucho de todo (incluso mucha poesía), que traten de agudizar la percepción de los estímulos vitales, y que escriban -aun contra indiferencias y silencios- con absoluta entrega. Lo más probable es que obtengan una luminosa recompensa interior.

¿Se aprende algo leyendo, escuchando poesía?
La poesía nos lleva adonde desconocíamos que deseábamos llegar, ahonda en lo que somos y señala lo que podríamos llegar a ser. Sin poesía la vida tiene menos sentido.

¿Leer, además de una habilidad cognitiva, puede ser un arte?
Sí, siempre que el texto esté bien escrito y sea leído por un lector atento que busque algo más que un simple pasatiempo.

Por último, ¿nos regalas un aforismo para mejor afrontar, vivir, ese “tiempo escrito”?
No uno, tres: “En un buen poema hay más que palabras”. “El poeta ha de ganarse el pan de la verdad con el sudor de sus versos”. “Si en el otro mundo no se puede leer y escribir, no me interesa morirme”.

Y ahora, ahora que el insensible reloj ha seguido, ajeno a todo, cumpliendo su envejecedora función; ahora que Antonio ha conseguido que me sienta como cuando, en sus palabras, “teníamos la edad y el ánimo propicios para vivir/ hermosas aventuras en medio de la realidad y/ de los sueños insurgentes”, ahora resulta que llueve. Sí, llueve pero que no me importa, pues me amparo en su “(La) mirada del tiempo” y entonces sé que en su compañía “esta lluvia te ablanda los cimientos. Se resquebraja tu estatura… La primavera apenas cabe en las palabras”, e intentas fijar otro encuentro primaveral en el que sean poesía, amistad y devoción quienes lo conduzcan.

Antonio Merayo, Corullón (León), 1949. Ha sido cofundador de la revista de poesía Alcance. Está incluido en Historia de la literatura leonesa (Everest, 1982) y en El siglo de oro de las letras leonesas (Edilesa, 2007). Sus poemas han aparecido en publicaciones como Presencias del origen en la poesía leonesa actual (Letras de Venatia, 1999), The children’s book of american birds (Leteo, 2005) o Poemas en la arena (Poegía, 2006). Colabora en revistas literarias, en prensa diaria y ha dado recitales y conferencias en varias ciudades. En 2006 participó en la Gran Noche de la Poesía celebrada dentro del Salón del Libro Iberoamericano. Coordinó durante varios años los Encuentros Poéticos en el Centro de Cultura Antiguo Instituto Jovellanos, de Gijón. Tiene varios libros inéditos de poesía, aforismos y cuentos. Fue Poeta del Alba en 2004. Ha publicado los poemarios Opúsculo poético (1970) y En aquel tiempo azul (C.E.A. “Marcelo Macías”, 2005). Sus últimas publicaciones son el libro de aforismos Tiempo escrito y el de poesía El caballo del frío. Organizador de las Asociaciones “Versos Libres” y “Encadenados”.

Antonio Merayo en Corullón