Escritores de León

Escritores de León fuera del circuito... oficial (3)

ENTREVISTA A FRANCISCO A. VELASCO

Por Juanmaría G. Campal

Sábado 13 de febrero de 2016
Francisco Álvarez Velasco: Me parece estar escribiendo siempre un único poema que se sostiene sobre los universales del sentimiento.

A orilla del Cantábrico, en el Gijón donde reside, nos encontramos con Francisco Álvarez Velasco, quien, además de con sus poemarios sobre la vida, hoy siembra la globalizadora red de “considerando(s) en frío, imparcialmente, o aforismos y otros decires” y de poesía a través de su Portal de Poesía (www.portaldepoesía.com), como antes, durante su vida profesional como profesor, lo hizo sembrando el gusto, disfrute y conocimiento de la literatura. Con él charlamos.


¿Desde la distancia, cómo se ve e interpreta la efervescencia literaria, poética, que actualmente se da en León?

No hay ahora la sequía de aquellos años 60 que yo conocí en León, contra la que luchó “Claraboya”. Hoy esa efervescencia, sobre todo en el género poético, se extiende a todas las ciudades. Las redes sociales y la facilidad de publicar en ellas, la proliferación de los blogs lo favorece; y en el mundo “real”, la voluntad y entusiasmo de muchos poetas y la colaboración de ciertos bares y cafeterías, sucesores modestos, pero con más imaginación, de los antiguos cafés teatro.

Su vida profesional, se puede decir, fue la literatura, pero ¿cuándo, cómo y por qué comenzó a escribir poesía?

A los 18 años. Por el deslumbramiento que me había producido la lectura de los fragmentos que acompañaban a los libros de bachillerato, alguna antología, el romancero, la bien nutrida tradición oral de mi pueblo, que se manifestaba en las veladas de invierno (siendo muy pequeño, gracias a mi madre, llegué a memorizar romances como “Conde Olinos”, “La loba parda”, algunos romances moriscos, cantares de ciego…). Lo que más me motivó en los años universitarios fue la lectura de Antonio Machado, Blas de Otero y, muy especialmente, de César Vallejo: “Poemas humanos” fue durante muchos años mi libro de cabecera.

¿Cuál fue su primera obra, cómo la siente hoy?

Tiempo de maldición. Se publicó en 1978, aunque los poemas se habían venido escribiendo desde años antes, en el “tiempo de silencio”, que diría Luis Martín Santos. Un homenaje, por ejemplo, que hay en ese libro a Puig Antich habría impedido una edición años antes. Salvo alguna ingenuidad, no renegaría de ninguno de sus poemas.

¿Qué ve y nos cuenta “Gregor Samsa frente a la ventana”?

Gregor Samsa ve un mundo donde el vinagre (la crueldad) supera con creces al aceite (la ternura). Y hace un inventario de las crueldades y las ternuras de las que fue actor o testigo.

Mira el conjunto de su obra y ¿qué siente?

Me parece estar escribiendo siempre el mismo poema que se sostiene sobre los universales del sentimiento: la conciencia de que el tiempo se nos escurre inexorablemente, el amor contra la muerte, el embelesamiento ante la Naturaleza, la memoria de la infancia…

¿Tiene nombre el paraíso?, ¿y el infierno?

El paraíso son algunos otros; el infierno, también.

¿La escritura, la poesía, son goce, dolor o resistencia?

A ser posible, las tres cosas. Cuando es memoria: goce por los buenos momentos de un tiempo pasado y, sobre todo, dolor porque se han perdido (”Se canta lo que se pierde”, decía Antonio Machado); cuando la poesía mira hacia el presente, resistencia y arma cargada para un futuro mejor.

¿Algunas recomendaciones a los petas noveles?

a) Leer, leer y leer a los clásicos de cualquier tiempo; b) Escribir, escribir, escribir… y romper, romper…; c) Escribir poesía no es versificar; tampoco, trocear prosa. d) No es bueno fiarse demasiado de los elogios de los amigos.

Estos tres mandamientos y otros más se contienen en los diez que un día fue respuesta al ABC-Color de Paraguay sobre CÓMO ESCRIBIR MALA POESÍA:

¿Cuáles son los diez mandamientos para escribir mala poesía?
1. En el principio y en el final no era ni será la palabra.
2. Escribe solo cuando estés en el cenit del dolor o de la alegría.
3. Un verso es una línea cortada para simular que no es prosa.
4. Alégrate mucho cuando un amigo te elogia lo que has escrito.
5. No vuelvas sobre lo que escribes en el primer impulso: no taches, no rehagas.
6. Repítete a ti mismo: soy el más grande poeta que vieron los siglos.
7. No leas a los buenos poetas para que no te influyan.
8. Da preferencia a los ecos y olvida las voces.
9. Desprecia el ritmo y la melodía.
10. Si eres joven, no leas a los viejos; si eres viejo, no leas a los jóvenes.

¿Se aprende algo enseñando literatura?

Se aprende que haría falta mucho más tiempo en el horario escolar para enseñarla (y en el día a día, para disfrutarla). También, que es uno de los mejores y seguros caminos para que los estudiantes descubran y practiquen lo mejor que debe tener el ser humano en su relación consigo mismo y con el prójimo.

¿Leer poesía, además de una habilidad cognitiva, puede ser un arte?

Sobre todo, un arte. No hay un buen lector de poesía si al mismo tiempo no es un re-creador.

Por último, ¿nos regala un aforismo u otro decir?

El que más madrugue que despierte a Dios.

Juanmaría G. Campal