EDITORIALES

La regeneración es el cambio

Joaquín Costa, padre del Regeneracionismo español

1 Enero 2016

Martes 29 de diciembre de 2015
ES UNA FALACIA enfrentar la nueva con la vieja política, conceptos vacíos que no se corresponden con ninguna teoría ni práctica en nuestra democracia. También lo es enfrentar jóvenes con viejos, como algunos desafortunadamente han hecho en esta reciente campaña electoral, abundando en la carencia de mensaje más allá del espectáculo televisivo.

La verdadera cuestión es la transparencia y honestidad frente al oscurantismo y la corrupción. De la política y de los políticos.

Todos sabemos por experiencia que las promesas electorales terminan el mismo día de las elecciones y que a partir de ese momento los políticos centran su interés en el reparto del poder y del dinero, eso sí, sabiamente, creando a su alrededor redes clientelares que pasado su mandato garanticen su continuidad. Y también sabemos que aunque vivamos en provincias y poco nos permitan opinar a la hora de elegir a nuestros representantes, estos generalmente son impuestos por el “dedo” inaccesible de las cúpulas de los partidos.

En la política y en los políticos transparencia y honestidad frente a oscurantismo y corrupción

El Estado es como un árbol gigante que abarca la Nación y extiende sus raíces hasta el último rincón, nutriéndose del esfuerzo de la mayoría de los ciudadanos. También llega, con sus ramas cargadas de frutos, hasta el último rincón.

Pero esa mayoría ya no es tan silenciosa como ha solido ser. Cansada de los abusos ya no tolera a los corruptos, a los “robaperas”, y lo ha venido avisando durante años sin que los políticos, la “clase política” le prestara la atención debida. De ahí los movimientos sociales y otras formas de protesta que, entre otras consecuencias, han dado carta de naturaleza a los “partidos emergentes”.

Este ha sido un primer paso, una llamada de atención que se debe tener muy en cuenta si se quiere evitar una catarsis completa de nuestro sistema democrático, de consecuencias por lo menos desestabilizadoras. Es urgente que los partidos políticos, una vez pasados sustos, alegrías y decepciones electorales, de una vez por todas se tomen en serio lo que la mayoría de los ciudadanos demanda: regeneración real.

Regeneración necesaria para recuperar la credibilidad en el sistema y cuya expresión más visible es la que afecta a los partidos políticos y a las instituciones públicas. Y en este punto no es de recibo que los “partidos emergentes” vengan también cargados de “robaperas” y que las instituciones públicas sigan sin aportar transparencia inteligible a sus actuaciones.

Ese es el verdadero cambio que los ciudadanos demandan y que, de hacerse, proporcionará estabilidad política y prosperidad económica. Y serenidad en los espíritus.

En León, como en el resto de España, los ciudadanos esperan sin demasiada convicción que este proceso se ponga en marcha cuanto antes.