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PEDRO EL BOYERO Y SUS YUNTAS

Pedro Sanchez es aplaudido por su bancada este 2 de octubre (Foto EFE/ JJ Guillén)

LA CRÍTICA 5 OCTUBRE 2026

Alfredo Vílchez | Martes 06 de octubre de 2026

Cada vez que me dejo llevar por la imprudencia o la insensatez, y busco información visual sobre una sesión del Congreso de los Diputados, me surge la pregunta sobre la utilidad de que haya tantos presuntos representantes del pueblo cuya máxima cualidad representativa es la mayor o menor eficacia de los aplausos al jefe de su grupo. (...)

 



Con dos o tres por partido sería suficiente para dar imagen de la misma sumisión, alabanza, loa y exaltación de la valía de ese líder.

 Pero, al observar al grupo PSOE y “asociados”, la negación de esa utilidad alcanza su máximo, por cuanto se muda en fervor y veneración irracional a las palabras de Pedro Sánchez, sean cuales sean, tengan sentido en la respuesta o reflejen simple jactancia arrogante, aun cuando signifiquen sacrificio, necesidad y carencias para los esforzados vasallos como sujetos vivientes en la realidad exterior.

 No hay más que ver la transfiguración de sus caras mientras palmean, sobre todo en ocasiones en que alcanzan su cenit, como el pasado dos de octubre, cuando iniciaron la exaltación palmera nada más entrar el presidente en el hemiciclo, sin que aún hubiera abierto la boca.

 Las intervenciones de los demás grupos me provocan dudas, como dije antes, sobre el beneficio o interés que puedan tener para los ciudadanos aparentemente representados por ellos, pero las de PSOE y Asociados me traen siempre evocaciones zoológicas.

 Ganado es una de ellas, y, por hablar en justicia, recurro a la RAE para ver que dice sobre el término. “Conjunto de bestias que se apacientan y andan juntas”. En lo de bestias no es aplicable al caso porque, abducidas o no, son personas. Pero lo de apacentarse sí que le es aplicable; casi como única función.

 Otra de las evocaciones que me nacen es la de rebaño, y aquí sí que andan acertada la RAE, que, en su tercera acepción, dice literalmente: “Conjunto de personas que se mueven gregariamente o se dejan dirigir en sus opiniones, gustos, etc.”, lo que encaja perfectamente con el entusiasmo ante cualquier palabra de su señor, y el fervor en la expresión de su acatamiento.

 Viendo esas reacciones de PSOE y Asociados, con frecuencia me vienen a la mente los excepcionales versos de Miguel Hernández en su poema “Vientos del pueblo me llevan”, tan citados y referidos como propios por la izquierda.

 “Los bueyes doblan la frente / impotentemente mansa / delante de los castigos”, dice el poema. Y nadie, de entre los vehementes entusiastas aplaudidores de PSOE y Asociados, se ve reflejado en esos bueyes, símbolos de la sumisión, la obediencia ciega y la resignación ante el castigo y la injusticia, por más que esa sumisión y obediencia ciega es su labor principal.

 Y continúa el poema:

“No soy de un pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan

yacimientos de leones,

desfiladeros de águilas,

y cordilleras de toros

con el orgullo en el asta.

Nunca medraron los bueyes

en los páramos de España”

 Afortunadamente, Miguel Hernández no vio los bueyes de hoy, doblando la frente “impotentemente mansa” ante cualquier ocurrencia del aspirante a dictador que se hace aplaudir por PSOE y Asociados. No vio como los leones se han convertido en trémulas ardillas, las águilas en inocuos mirlos, y los toros en arrastradores de carros de ambición personal del boyero.

 Porque boyero es el que conduce a los bueyes, y yunta el grupo de ellos que arrastra la carreta, el tronco de árbol o lo que le enganchen, sin capacidad de análisis ni rebeldía. De ahí el título de este artículo.

 Pedro el boyero tiene varias yuntas.

 La del Congreso, de establo protegido y pienso abundante asegurado, sin tener que demostrar su valía más que con el adecuado ritmo de sus ruidosas manifestaciones de adhesión.

 La del Gobierno, donde sabe el nombre de cada miembro de la yunta, y donde emplea esa vara larga, el chuzo, que les pone en el camino adecuado cuando alguno parece tener intención de salirse de la senda.

 Y la de sus votantes, que demuestran lo poco que puede aplicarse a ellos aquello de que nunca medraron los bueyes en los páramos de España, porque es, precisamente, el medro lo que mantiene la fidelidad entre sus seguidores, cuando no el fanatismo, que valida lo de páramos (Terreno yermo, raso y desabrigado según la RAE) para el conjunto de su capacidad racional.

 Por cierto, la yunta del Gobierno me trae otra evocación literaria: el epigrama del decimonónico Juan Martínez de Villergas, que se refería a fidelidad ciega, y al desvío que, a veces, los exaltados protagonizan. Decía aquello de:

 “Alto”, les gritó Pedro

Más, como iban desbocados

y nadie le obedeció,

gritóles con rabia “Soooo”,

y se quedaron clavados.

 El epigrama dice Fernando, no Pedro, pero permítaseme la licencia.

 Largo va el artículo y, ya que la remembranza literaria ha surgido en él, quiero terminarlo con una estrofa de otro poeta, cantautor por demás, Alberto Cortez, que deje el reguero de pesadumbre que la ineficacia e ineptitud de los pomposamente llamados “representantes del pueblo” plantea con su actitud.

 En la parte triste del poema-canción, dice así:

 Y la tristeza por esos

que se conforman y callan

aunque les pongan al cuello

un collar y una campana

 ¡Despierten, y aplíquense el cuento!

 Alfredo Vílchez Díaz

5 de octubre de 2026