En una simpática y habitual tertulia, tuve ocasión de comentar lo que había señalado el papa, León XIV, sobre el riesgo -entre otros- que suponía la capacidad de simulación, de sustitución, de la IA, no sólo de voz e imagen. Todos estuvimos de acuerdo, e hicimos explícito el convencimiento que, en efecto, tal y como reconoce el Papa, la IA era la protagonista de nuestra época, por cuanto personas de la tercera y la cuarta edad -el más joven acaba de cumplir 80 años y el mayor 93 el año pasado-, estábamos usando y hablando a diario de esta herramienta. (...)
Uno de nosotros, X, afirmó que tenía un hermano que en su profesión le parecía casi impensable el engaño, por lo que otro de los tertulianos sugirió que lo sometiéramos a una prueba. Dado que el hermano ha dedicado toda su vida a escribir (ya hace años que está jubilado), propuso que eligiéramos uno de sus artículos y que la IA sustituyera uno o más párrafos. Por unanimidad, se eligió al hijo menor -tiene 29 años- de X, se llama José María y él mismo pidió que se le citara Se seleccionó un artículo que el hermano publicó en 2006, y José María hizo que la IA leyera todos los artículos publicados por su tío ese año y así conociera su estilo literario y vocabulario. El artículo se componía de siete párrafos breves y de tres de ellos, el hijo de X, le pidió a la IA que los sustituyera con otras palabras. A continuación, al hermano de X, se le pidió lo que sigue: que distinguiera su artículo del de la IA, en qué se diferenciaba y si no tenía seguridad que lo dijera. El hermano, honestamente, confesó que no podía distinguirlo.
A partir de aquí, se demostró que cada uno de nosotros conocía o había vivido alguna experiencia en este sentido, unas parecidas a la anterior y otras diferentes.
El más joven, el que acaba de cumplir 80 años, comentó que no le parecía nada extraño, porque hacía tres o cuatro años, cuando los asistentes virtuales conversacionales se empezaban a difundir en España, un periódico local, publicó cuatro artículos, hasta que el cabo de la Guardia Civil, advirtió al director que el autor era un asistente virtual, cuyo nombre le dio y le demostró que el verdadero autor era este asistente. El director llamó al “autor” y le afeó su comportamiento, pero el falso autor, argumentó que el algoritmo había aprendido leyendo miles y miles de textos y que, sin duda, algunos de esos textos eran sus artículos y por eso el director no se había dado cuenta. De manera, que el verdadero autor era él. La peregrina argumentación no convenció al director, aunque el tertuliano no sabía qué medidas adoptó.
Sin embargo, este tertuliano, confesó, a su vez, que había pedido ayuda a la IA, con motivo de unas palabras que le pidieron que pronunciara con ocasión del nacimiento de su primer nieto. Naturalmente, tuvo que cambiar algo, pero le ayudó mucho la IA, sobre todo con una cita de un personaje ilustre, así como una preciosa cita poética.
Comentamos, entonces, que la IA, podría escribir discursos y recordamos cuando las dos hijas de X nos dijeron que se habían suscrito a ChatGPT5 -ya estamos en el GPT 5.6-, que era capaz, incluso, de escribir un libro y que les facilité los títulos de los capítulos. Y, en efecto, escribió un libro de doscientas páginas, del que nos leyeron el primer párrafo, el último y uno central de cada capítulo y a todos nos satisfizo, al punto que nos pareció que podía publicarse como libro de divulgación.
Pero, el tema no acabó ahí, ya que otro de nosotros, nos dijo, con cierto secreto, que el amigo de un familiar, que escribe novelas, le pidió a la IA que le sugiriera ideas para una novela en el que protagonista es un médico forense, que al hacer la autopsia de un cadáver encontrado en un descampado, establece que ha sido asesinado, cómo se ha hecho y ayuda a descubrir al asesino (la novela que ha escrito no tiene que ver con este protagonista ni con este argumento, por lo que se puede obviar la discreción).
Como es lógico reconocimos que la IA, podría, igualmente, escribir desde el guión de una película hasta un mensaje publicitario; y recordamos a Armas Marcelo que, con gran elegancia, se quejaba de que no se podía distinguir un párrafo de un artículo o libro ni una secuencia de una película, si era del autor o de la IA, así como la facilidad para escribir un libro gracias a esta herramienta; y el mayor de nosotros se acordó que la huelga más importante que ha tenido Hollywood fue la de guionistas, a la que se sumaron los actores y actrices, porque la IA, los estaba simulando con tanta precisión que los iba a sustituir, casi con carácter inmediato.
Pero lo que provocó que se dejara este tema, fue la intervención del tertuliano más culto y con más sentido del humor, que nos expuso en pocas palabras, cómo un alumno de un hijo suyo le dijo que le había pedido a la IA que le compusiera un soneto dedicado a su novia y le proporcionó a la IA todos los detalles, de manera que aquel soneto parecía que sólo lo podía haber escrito él. Su novia le dijo que no sabía que era poeta y que la poesía le había gustado mucho. Pero, pasados unos pocos días, y aunque el novio no tenía la preocupación de que la novia lo descubriera, porque ella usaba otra IA y porque estaba en otras cosas, se encontraba inquieto, pensando si debía decirle a su novia la verdad. Sin embargo, a quien le preguntó si debía decírsela o no fue a la IA, a la que consideraba y trataba como a su amigo.
Como digo, a partir de este momento, aunque hubo algún otro testimonio, se produjo un acalorado cambio de opiniones sobre la capacidad de la IA de generar vínculos afectivos, lazos de amistad con los humanos, dado que dos de los tertulianos conocían al menos tres adolescentes de los que su amigo era su IA.
Llegados aquí, parece obligado preguntar a las dos autoridades mundiales que más se han ocupado de la creatividad literaria y de los escritores, poniendo de manifiesto que el ser humano no puede ser sustituido por la máquina. El papa León XIV, en su discurso a un grupo de escritores, el 24 de junio de este año, con motivo del centenario de la Librería Editora Vaticana, entre otras cosas, destacó la insustituible dimensión humana del escritor: “Escribir, además, es un gesto de humanidad… Al escribir sus historias y al esbozar a sus personajes, ustedes se identifican con ellos, captan sus puntos de vista, sus emociones, sus sentimientos, sus actitudes… En esto radica la gran escuela de humanidad que ustedes hacen experimentar a los lectores…”.
Respecto al papa Francisco, Sara Serrano comenta su Carta sobre el papel de la literatura en la formación, en la que considera la necesidad de que los escritores sean humanos, ya que constituyen un “vector de maduración personal: a través de ese contraste con las vidas y pensamientos de otros… Llorando por el destino de los personajes, lloramos en el fondo por nosotros mismos y nuestro propio vacío, nuestras propias carencias, nuestra propia soledad». Los escritores nos permiten navegar de forma mucho más profunda, más verdadera y menos caricaturesca, en los corazones de personajes muy diversos; nos ayudan a comprender la complejidad de las decisiones humanas… Abandonamos así la seguridad de nuestros esquemas mentales, y aprendemos a acoger a las personas y la realidad de una manera mucho más abierta, mucho más misericordiosa… Educa la mirada a la lentitud de la comprensión, a la humildad de la no simplificación y a la mansedumbre de no pretender controlar la realidad y la condición humana a través del juicio… En un mundo en el que todo va rápido, en el que navegamos a través de imágenes y videos a toda velocidad… En ese contexto, los escritores nos proporcionan con sus libros, un ejercicio de resistencia, de respiración interior; en una oportunidad de mirar la vida humana a cámara lenta; en una ocasión de detenernos en gestos, palabras, motivaciones…. nos dan una visión sapiencial de la existencia, empezando por la nuestra propia.” Por eso, “es necesario y urgente contrarrestar esta inevitable aceleración y simplificación de nuestra vida cotidiana, aprendiendo a tomar distancia de lo inmediato, a desacelerar, a contemplar y a escuchar… Esta es una posibilidad que nos ofrecen los escritores, y se vuelve quizá más necesaria en nuestro tiempo”. (https://opusdei.org/es/article/se-les-abrieron-los-ojos-3-litertura/).
Igualmente, parecía obligado preguntar su opinión a la IA, ChatGPT, el asistente virtual conversacional más usado. Contesta: “En general, la IA suele funcionar más como herramienta creativa o colaboradora: genera posibilidades, pero las decisiones, el propósito y el criterio suelen venir de las personas”. Y Gemini, el que le sigue en usuarios: “El valor real no está en lo que la máquina hace sola, sino en el criterio humano. El artista o profesional es quien decide qué idea es buena, cuál evoca una emoción real y cómo refinar el resultado para que tenga alma”.
Es de esperar y desear que sea tal y como dicen estas importantes IAs, porque las experiencias de una tertulia de la tercera y la cuarta edad, en el tema relacionado con la creatividad literaria, es que la IA es una herramienta de extraordinaria ayuda, pero que no debe pensar por nosotros, ya que, entonces, más que colaborar con el hombre, lo sustituye.
Francisco Ansón