Hace casi cincuenta años el historiador estadounidense Michael A. Ledeen publicó la magnífica monografía sobre Gabriele D’Annunzio titulada The First Duce. D’Annunzio at Fiume (The Johns Hopkins UP, Baltimore-London, 1977). Muchos historiadores consideran a D'Annunzio el inventor del fascismo o el primer fascista, antes de Benito Mussolini. (...)
El autor en dicha monografía menciona brevemente la aparición en escena hacia 1919-21 del primer antifascista auténtico, Argo Secondari (1895-1942), personaje realmente secundario poco conocido, líder de un movimiento frustrado de oposición al fascismo mussoliniano que no tenía nada que ver con el “antifascismo” agit-prop de la Tercera Internacional Comunista (Komintern), sobre todo en su etapa estalinista, que sin embargo -como predijo Trotsky en La Revolución Traicionada de 1936 (fascismo y estalinismo, fenómenos simétricos)- llevará ineluctablemente al infame e ignominioso pacto Ribbentrop-Molotov (Hitler-Stalin) en agosto de 1939.
El movimiento que junto a otros personajes del drama político italiano lideró Argo Secondari en los años de la primera postguerra mundial fue el de los Arditi, agrupaciones de veteranos militares de élite en la Gran Guerra descontentos con el Establishment, profundamente antisocialistas y anticomunistas, que paradójicamente también se manifestaron como antifascistas.
Los historiadores Michael A. Ledeen y el gran experto italiano Renzo De Felice (y más recientemente Eros Francescangeli en varios artículos) analizaron detalladamente el fenómeno de los Arditi, que estuvo en el trasfondo de la Marcha sobre Fiume y la breve y pintoresca Regencia italiana del Carnaro (como se llamó la dictadura de D’Annunzio), asi como en casos similares posteriores menos estudiados como el caso -en cierto modo más ambiguo respecto al Fascismo- del “Príncipe Negro” Junio Valerio Borghese, durante la Guerra Civil entre la Resistencia y la República Social de Salò. En ambos casos, como decía, curiosa y notablemente los Arditi, fueron muy claramente antifascistas, como describen los títulos en los artículos del mencionado Eros Francescangeli: “Arditi del Popolo. Argo Secondari e la prima organizzazione antifascista, 1917-1922” (Odradek, 2000), y “Argo Secondari. Ardito e Antifascista” (Machina, 2021) (Con intención divulgadora, véanse las aportaciones mías a esta temática: “El Príncipe de Montenevoso” y “El caso Borghese”, ambos artículos en La Crítica, noviembre de 2025 y diciembre de 2025, respectivamente).
La Marcha y Regencia de Fiume, como se ha repetido, inspiró el estilo y la dramaturgia del Fascismo mussoliniano, pero sus fuerzas ideológicas (los Arditi y el propio nacionalismo de D’Annunzio en el fondo rechazaron el sistema fascista por su exceso estatista y anti-liberal).
Los Arditi, fundados en 1917-1918 sobre la base de la Asociación Nacional de Veteranos, en sus congresos y manifiestos reclamaban una Asamblea Constituyente (y un referendum sobre la Monarquía o la República), un rechazo del colectivismo y del estatismo, asi como un reparto (prometido durante la guerra) de tierras entre los excombatientes. El líder de la corriente Arditi del Popolo, Argo Secondari, era un libertario anarquizante, radicalmente opuesto al estatismo tanto del tipo socialista/comunista (PSI/PCI) como del fascista desde 1919.
Junto a otros líderes anarquistas o libertarios (Ferruccio Vecchi, Francesco Argentino, Gino Lucetti, Alberto Acquacalda, Renzo Novatore, Antonio Cieri), futuristas (Mario Carli), e incluso socialistas y comunistas, parece que inicialmente los Arditi del Popolo gozaron de cierta simpatía por parte de Lenin y Gramsci. Según Ledeen llegaron a movilizar “varios miles” de militantes (algunos historiadores cifran unos 20.000 en 1921), y asumieron el papel de guardia pretoriana contra los enemigos internos de la Nación, en actuaciones “militares”, antes de la aventura de Fiume, contra el Partido Socialista (asalto del periódico Avanti de Milán en 1919), e intento fallido el mismo año de asaltar y ocupar la fortaleza de Pietralata.
Sus métodos de violencia escuadrista les llevará a la confrontación definitiva con el Fascismo en 1921 y 1922 (batallas en Sarzana con una decena de fascistas muertos, y sobre todo en Parma, donde 350 Arditi se enfrentaron según algunas crónicas a un número muy elevado de camisas negras, resultando en 40 muertes de fascistas y solo 5 de antifascistas).
Los Arditi trastocaron la famosa definición de Clausewitz, practicando la política como continuación de la guerra con los mismos medios. La violencia organizada en forma pretoriana, de milicias o ejércitos políticos privados, será asumida y perfeccionada por el Fascismo y el Comunismo.
Argo Secondari será una trágica víctima de tal situación. Golpeado brutalmente por escuadristas del Fascismo en el tenso clima de la Marcha sobre Roma (octubre de 1922), nunca se recuperó de las lesiones en la cabeza, que degeneraron en una grave dolencia mental. En 1924 fue ingresado en un asilo y sanatorio de Rienti, donde permaneció durante dieciocho años hasta su fallecimiento en 1942.