Manuel Pastor Martínez

Fascismo Rojo

(Ilustración: La Crítica / IA)

LA CRÍTICA 28 JUNIO 2026

Manuel Pastor Martínez | Domingo 28 de junio de 2026

La expresión “Fascismo Rojo” no la inventó el profesor Antonio Elorza (como él insinúa en su artículo “La estrategia del odio”, The Objective, 9 de junio, 2026), aplicándosela a los líderes de Podemos, Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero -según el profesor- en otro artículo suyo (en El País, en 2010), sino que existía ya desde los años 1920s y la hizo más famosa el filósofo socialdemócrata alemán Juergen Habermas en torno a 1968, referida al líder radical de los estudiantes alemanes, Rudi Dutschke. Otros intelectuales italianos de izquierdas (en la órbita del PCI) se la apropiaron por las mismas fechas: Luchino Visconti, Pier Paolo Pasolini, Leonardo Sciascia. (...)



Elorza podría haber aplicado también la etiqueta a sus paisanos de ETA, HB, Bildu, u otros grupos comunistas o terroristas y ex terroristas de los años 1960s,1970s y 1980s, pero nunca lo hizo. Tampoco lo hizo, que yo sepa, a los caracterizados “antifascistas”-como el elusivo fenómeno internacional Antifa- desde los años 1990s hasta el presente.

Pero, en fin, más vale tarde que nunca y sean bienvenidas las críticas a las izquierdas radicales lunáticas, aunque tales críticas tengan un sesgo izquierdista utópico ineficaz.

Carl Schmitt, siguiendo a los “tacitistas” españoles y en particular a Diego de Saavedra Fajardo, postuló que la esencia de la política es la capacidad de distinguir al amigo del enemigo, lo cual no significa que al enemigo haya que odiarle o destruirle. Simplemente es eso: el enemigo político, el rival, el que no puede ser un aliado y por tanto al que hay que neutralizar y responder con decisiones políticas.

Por supuesto las ideologías totalitarias (comunismo, fascismo/nazismo, y algunas teocracias) ven al enemigo político de otra manera, como una amenaza existencial odiosa, y solo contemplan -como la historia ha demostrado- soluciones criminales y violentas.

Ciertamente hoy el Fascismo Rojo representa una amenaza totalitaria, por tanto un enemigo existencial y odioso, pero si lo buscamos en el espectro ideológico no lo encontraremos en las derechas o extremas derechas sino, como su adjetivo indica (“Rojo”), está ubicado potencialmente en las izquierdas (por ejemplo, en España, participantes en plataformas mediáticas como “Al Rojo Vivo”, “La Tuerca”, “Canal Red”, “Más Vale Tarde”, “La Sexta Clave”, “La Sexta Xplica”, etc.), y actualmente en partidos/grupos/sectas de las extremas izquierdas o izquierdas radicales lunáticas. Un tipo común, como ha denunciado y descrito repetidamente Donald Trump, es precisamente el “lunatic radical-left fascism”.

Efectivamente, el maestro Stanley G. Payne, historiador e hispanista gran experto en fascismos, ha declarado en varias ocasiones que el peligro totalitario o fascista hoy en Occidente no está en las derechas sino en las izquierdas, incluso las tradicionales (por ejemplo, en el régimen autoritario -con vocación totalitaria- del socialismo radical y corrupto de Pedro Sánchez en España). Es el mismo fenómeno degradante que representa hoy en EEUU el Partido Demócrata en su deriva socialista, al menos desde la presidencia de Obama (2009-2017), deriva interrumpida por la primera presidencia de Trump (2017-2021) pero continuada con la desastrosa de Biden (2021-2025), que nuevamente Trump ha tenido que frenar y desmontar.

El tema nos lleva una vez más al problema del elusivo “Antifascismo” o Antifa, que históricamente siempre ha tenido un color rojo, estalinista. Se atribuye al Demócrata populista de Luisiana Huey Long en los años 1930s el vaticinio de que el fascismo del futuro aparecería disfrazado de antifascismo. Y por las mismas fechas Trotsky afirmaba que el fascismo y el estalinismo eran fenómenos simétricos (La Revolución Traicionada, 1936).

En los últimos años, las victorias democráticas en 2016 y 2024 de Donald Trump (aparte del gran fraude electoral en 2020), han provocado una reacción en la idiotez progresista internacional en forma de una especie de pandemia y paranoia “Antifascista”, tratando de teorizar sobre un presunto autoritarismo de corte fascista/nazi en el movimiento conservador MAGA y su indiscutible líder. Un fantasma que recorre Occidente y que en EEUU se ha diagnosticado como TDS-Trump Derangement Syndrome, generando una literatura-basura apologética del “Antifascismo” (Mark Bray, Gord Hill, Shane Burley, etc.)

El podemita Pablo Iglesias lo expresó muy bien tempranamente, tras la primera victoria electoral del líder norteamericano: “Trump es un fascista viable en los EEUU. No hace el saludo romano ni luce esvásticas, pero ha sido apoyado explícitamente por fascistas inviables” (declaración en el diario Público, hacia finales de 2016).

Una paranoia irresponsable de la idiotez política, representada por intelectuales como Harold Bloom, que ya en 2010 calificó al Tea Party y en 2016 a Trump y al movimiento MAGA de fascismo americano (incluso políticos como J. D. Vance, ingenuamente igual que muchos republicanos del Establishment GOP, pecaron también entonces de la misma paranoia e idiotez política anti-Trump).

En el Partido Demócrata, la deriva socialista de Bernie Sanders y las Squad (Alexandria Ocasio-Cortez, Ilham Omar, Rashida Tlaib, etc.), sumada al creciente Antisemitismo/Antisionismo pro-Hamás y exaltación de la violencia, desembocará fatalmente en el cáncer de un Fascismo Rojo cabalmente representado por Graham Platner en Maine , Zohran Mamdani y sus candidatos en las primarias de New York (Brad Lander, Claire Valdez, Darializa Avila Chevalier), y las diversas actuaciones violentas de Antifa (anti-ICE, anti-Policía, intentos de asesinato del presidente Trump, reciente conspiración para el golpe a la Casa Blanca, etc.).

Convendría releer y meditar el capítulo 12 (“The Socialist Roots of Naziism”) de la seminal y clásica obra de F. A. Hayek, The Road to Serfdom (University of Chicago Press, Chicago, 1944), y asimismo tener en cuenta el sabio consejo de Leonardo Sciascia, tras superar su flirteo con el PCI:

“El más hermoso ejemplar de fascista con el cual podemos tropezarnos hoy (y recomendamos a los expertos una más minuciosa descripción y catalogación) es el supuesto antifascista dedicado a llamar fascista a quien no es fascista” (Nero su Nero, Torino, 1979).