Entre las autoridades mundiales, las que más se han ocupado de la IA, han sido los dos últimos papas. El papa Francisco, desde el año 2019, ha hecho referencias constantes a la IA, y el año 2024, durante el Mensaje de la 57ª Jornada Mundial de la Paz, con el título, “Inteligencia Artificial y paz”, afirmó: “La IA ofrece oportunidades para la paz y el bien común si se orienta éticamente.” Ese mismo año, fue el primero y único pontífice invitado a una sesión del G7 y eligió como contenido de su discurso la Inteligencia Artificial, señalando que la IA modelará cada vez más nuestra vida e identidad y pidiendo moderación ética en los algoritmos, para que la IA sirva al bien común y no a la dominación, la exclusión o la desinformación. (...)
Por su parte León XIV, que además de ser matemático, ha sido usuario habitual de las redes sociales, con motivo de los avances de las inteligencias artificiales de voz y de imagen -que impiden ya, incluso para personas tan expertas como los periodistas, acostumbrados a recibir diariamente docenas de videos, distinguir algunos si son reales o de IA-, en su mensaje sobre la IA, en la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, incidiendo en la imposibilidad de distinguir entre realidad y ficción, ha advertido la necesidad de una alerta global ante el fenómeno de la IA, y propone una alianza ante su poder de simulación… “El objetivo no es detener la innovación digital, sino guiarla como aliados, en defensa de la dignidad humana y de la verdad… El rostro y la voz son sagrados…necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica”.
Recientemente ha publicado su primera encíclica, Magnifica Humanitas, que actualiza la Doctrina social de la Iglesia en nuestro tiempo que protagoniza la IA: “… Precisamente, al sentirme llamado a proseguir este camino, pensé tomar el nombre de León XIV. Hay varias razones, pero la principal es porque el Papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.
En efecto, la IA, cada año fabrica nuevas posibilidades de avances y mejoras para la medicina, la educación, la totalidad de la actividad investigadora, la comunicación y la productividad, pero introduce riesgos de control social, simulación, manipulación mental y deshumanización, ya que sí es cierto que la inteligencia artificial posee la capacidad de impulsar extraordinariamente el bienestar material de la humanidad, también crea en nuestras sociedades desigualdades y exclusiones, que afectan a la dignidad de la persona, el valor del trabajo, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad y el cuidado de la creación (María José Atienza, ¿Qué nos dice Magnifica Humanitas a los católicos hoy?, omnesmag.com, 25/05/2026).
Por eso afirma León XIV: “…donde la riqueza de las naciones depende cada vez más de conocimientos y tecnologías, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revolución digital y quienes permanecen al margen”.
Dentro de estos progresos y avances de la IA, León XIV dedica, según Lumen, una especial atención a la IA que no puede ser instrumento de dominación ni de acumulación de poder: urge “sustraerla a la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva”. Exhorta a prohibir o limitar usos de IA en sistemas de armas autónomas y a regular su empleo en contextos militares por los riesgos para la dignidad humana y la paz. Denuncia la “cultura de la potencia” que normaliza la guerra y el rearme (que, a veces, le parece inevitable), y alerta contra la convergencia entre industrias armamentísticas, intereses económicos y decisiones políticas. Pide políticas internacionales… y medidas para evitar la concentración de la IA en manos de unos pocos actores que puedan imponer su visión moral. Vincula la defensa de la dignidad humana y del trabajo al rechazo de soluciones basadas en la militarización tecnológica, reclamando diálogo, multilateralismo y regulación ética (naturalmente, León XIV, se refiere a la actual situación del mundo y no a un país determinado).
El papa León XIV insiste que si bien reconoce los inmensos beneficios que la IA y las nuevas tecnologías pueden reportar a la humanidad, es necesario manifestar: “… en este tiempo, la justicia social debe confrontarse también con el ambiente creado por las tecnologías digitales. La difusión de redes globales, plataformas y sistemas de IA cambia el modo de informarse, de comunicar y de acceder a los servicios. (…) Un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades, protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías, de modo que el criterio no sea sólo el beneficio sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos”.
De la misma manera que se sabe que ninguna herramienta es neutral, y así, por ejemplo, la posibilidad de que en nuestra ciudad funcionen todos nuestros aparatos, lavadoras, frigoríficos, ordenadores, los bancos, la comunicación con otro continente desde el móvil, etc., también se conoce que, quizás, esa maravillosa posibilidad proviene de la energía nuclear, que igualmente puede destruir nuestra ciudad, o que una herramienta más elaborada, como el avance que ha supuesto el coche, así mismo se sabe, que el coche ha matado a muchos miles de personas, de donde se deduce la necesidad de regular, de legislar, con el fin de que la IA promueva una “… gobernanza ética y una especial transparencia a los mecanismos de esta IA, para que respete la dignidad humana y sirva realmente al bien común,… es esencial que las responsabilidades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisiones concretas”. Y añade: un “vehemente llamamiento a quienes desarrollan sistemas de IA. La innovación tecnológica puede ser, en cierto modo, una forma humana de participación en el acto divino de la creación… un peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad”.
León XIV, junto con la necesidad de legislar, otorga, quizás, más importancia a enseñar, a usar la IA, puesto que el desarrollo tecnológico solo es auténticamente humano cuando sirve a la persona y no la sustituye. Como escribe Ricardo Díaz Martín en El Debate: “Durante décadas, Occidente ha absolutizado la eficiencia hasta convertirla en criterio supremo de legitimidad cultural. Todo debe ser rápido, optimizado, automatizable, cuantificable y escalable. Sin embargo, las realidades más propiamente humanas —la conciencia moral, el amor, la belleza, la compasión, la contemplación, la experiencia espiritual— no pueden reducirse a esos parámetros”.
En resumen, , León XIV considera que la IA, puede suponer una herramienta muy positiva para el reconocimiento de la dignidad de la persona, para un aumento del bienestar material como no se ha conocido en la historia, que ayude a la justicia social, a la protección de los más vulnerables, al bien común, también desde el punto de vista cultural, pero, igualmente, puede ser la herramienta más destructiva de las creadas por el hombre, hasta convertirse en antihumana precipitando al hombre al transhumanismo e incluso al poshumanismo, en el que dejaría de ser humano.
Francisco Ansón