Con la conmemoración del V CENTENARIO DE LA ESCUELA DE SALAMANCA parece lógico y razonable aprovechar este acontecimiento para resaltar no solo nuestra historia con el bien hacer de nuestros antepasados y sentirnos orgullosos de ellos, sino también para que el mundo sepa la vigencia e influencia de dicha Escuela en el mundo del siglo XXI. (...)
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La Escuela de Salamanca fue denominada la Escuela del Mundo durante cinco siglos. Los pensadores de Salamanca abordaron temas cruciales que estaban en vigor en su tiempo como los derechos humanos, el derecho a la propiedad y el dominio, la renovación teológica, la reforma de la iglesia, la dignidad humana, las relaciones internacionales, el derecho de gentes, la justicia de la guerra o los fundamentos de la ética económica que reflejan la universalidad del movimiento intelectual español que influyó poderosamente en los siglos XVI y XVII. La Escuela de Salamanca convivió con acontecimientos históricos relevantes como fueron el Renacimiento, el descubrimiento de un Nuevo Mundo por navegantes españoles, el fin del dominio musulmán en la Península Ibérica o la revolución científica en astronomía protagonizada por Copérnico, Galileo y Kepler.
Ya desde los primeros párrafos del discurso del Papa León XIV en el Congreso, el pasado lunes, día 8, se señaló la importancia universal de la Escuela de Salamanca “Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca - y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas - contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes.
También apuntaba el Papa en dicho discurso que, en el plano internacional, la paz exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional. Más adelante añadía que toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones.
Por otro lado, es notorio destacar que conceptos y criterios hispanos que nacieron en Salamanca, se han extendido e integrado en muchas instituciones internacionales como la ONU, la OMC o el FMI, llegando algunos de ellos a ser considerados como derechos de la humanidad que han dado lugar a términos ya consagrados en derecho internacional, derechos humanos, derecho natural, derecho de gentes o la responsabilidad de proteger.
Se pueden considerar como los más importantes integrantes de la Escuela de Salamanca, nacida en el ambiente de la Iglesia, a los dominicos Francisco de Vitoria (1483 -1546), Domingo de Soto (1494 -1560), Melchor Cano (1509 -1560), Tomas de Mercado (1525 -1575) y Bartolomé de las Casas (1484 -1566); los jesuitas Luis de Molina (1535 -1600), Juan de Mariana (1536 -1624) y Fernando Suarez (1548-1617); los agustinos Martin de Azpilcueta (1491- 1586) y Luis de León (1527-1591); y el eclesiástico Diego de Covarrubias y Leyva (1512-1577).
Parece lógico y natural que España ocupe el lugar que le corresponde en el nacimiento, hace cinco siglos, de un movimiento intelectual de carácter universal que, con el nombre de Escuela de Salamanca, inserto en una coyuntura histórica determinada, se extendió no solo en Europa sino también en toda la amplitud del entonces imperio hispánico que se distinguía por ser el imperio donde nunca se pone el sol. En este caso, creo que el Papa León XIV ha contribuido con una gran humildad y generosidad a situar a nuestro país en el nivel en el que la historia y la lógica geopolítica coloca a nuestro pueblo.
De manera singular, quiero resaltar el tratamiento que se hace sobre la guerra, no solo en los requisitos de la “guerra justa”, sino también en los condicionantes éticos del Ius ad bellum así como en el de Ius in bello o en la consideración del derecho a la vida del soldado que, como hombre, era portador de imago Dei.
Hay que recordar que la obra de Francisco de Vitoria se desarrolla en pleno siglo XVI. A esas alturas, algunos de los puntos de partida de su obra ya habían sido desarrollados por precursores de la talla de San Agustín y de Santo Tomás de Aquino. Ambos son, de hecho, los iniciadores de los principios de “guerra justa”, los que legitiman la justicia de una guerra que son: la autoridad formal para declarar la guerra; la existencia de una justa causa para iniciarla; y la recta intención en el desarrollo de la guerra.
En realidad, en dichos siglos nació un movimiento intelectual de primer nivel cuya repercusión e influencia ha llegado hasta nuestros días con mayor o menor profundidad y matices de modernidad. En Salamanca se hizo frente a los problemas que surgieron en un momento histórico excepcional en el que España estuvo liderando el encuentro entre dos mundos, el europeo y el americano, totalmente distintos en el entorno del progreso y del nivel cultural. Su influencia en el siglo XXI, aunque en muchos casos de forma indirecta, sigue siendo relevante y puede rastrearse en varias áreas del pensamiento moderno y contemporáneo.
Continuó hablando el Papa en el Congreso enalteciendo a nuestro país “Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes. Ese anhelo sigue hablando también hoy: que la dignidad, la justicia y el bien común sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Ésta es una de las grandes herencias de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral”.
Todo ello tiene una fuerte presencia actualmente en la comunidad internacional en orden a formar o estructurar un posible orden mundial sustentado, entre otros elementos, en determinadas disciplinas tratadas por la Escuela de Salamanca como el derecho a la propiedad, la dignidad humana, la ética económica o la legitimidad del poder que se han tomado como principios o valores universales
En la reciente Encíclica MAGNIFICA HUMANITAS del Papa León XIV, publicada el pasado 15 de mayo se dice: “Hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la ‘guerra justa’, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto”.
A mayor abundamiento, en dicha Encíclica el Papa mantiene explícitamente el derecho a la legítima defensa, la protección de inocentes y la responsabilidad política de preservar la paz. Pero restringe muchísimo el recurso moral a la guerra y parece mover la doctrina hacia una ética de paz activa más que hacia una teoría reguladora de la guerra. En términos teológicos, es una evolución importante del pensamiento católico contemporáneo
¿En qué medida son hoy aplicables las recetas que introdujeron los miembros de la Escuela de Salamanca en el mundo cambiante del siglo XVI al mundo del siglo XXI donde la cibernética con sus tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial o la computación cuántica están transformando poderosamente el planeta? Algunas de ellas, las podemos vislumbrar o intuir en la lectura de la Encíclica MAGNIFICA HUMANITAS.
GD (R) Jesús Argumosa Pila
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