Jerome Powell encabezó el miércoles 29 de abril su última reunión al frente de la Reserva Federal (FED) de EE. UU. El nominado para sucederlo, Kevin Warsh, es un economista que sirvió como miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed desde 2006 hasta 2011. La preferencia de Warsh por el PCE (Personal Consumption Expenditures), Price Index recortado, como medida que los burócratas utilizan para estimar la inflación, en lugar del PCE subyacente se ha convertido en objeto de controversia. (...)
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La tasa de inflación del PCE promedio recortado (Trimmed Mean PCE Inflation Rate) es una medida alternativa de la inflación subyacente, calculada por Fed de Dallas. El proceso consiste en ordenar las variaciones de precios de todos los componentes del PCE de menor a mayor y “recortar” o descartar un porcentaje de las variaciones extremas en ambos extremos (las más altas y las más bajas).
Así, la Fed de Dallas dijo que preferiría usar el PCE recortado, que excluye el 31% superior y el 24% inferior de los componentes de precios detallados. Por su lado, el PCE subyacente (Core PCE) elimina automáticamente solo los precios volátiles, los de los alimentos y la energía.
Ahora, resulta que hoy el PCE recortado llega a solo 2,3% anual y el PCE subyacente está en 2,8%. O sea que cada burócrata calcula la “inflación” como más le conviene. Se parece a la reciente discusión en Argentina sobre qué base (2004 o 2017/18) utilizar para calcularla, con lo que evidentemente no tiene valor científico como no lo tiene toda la econometría.
Como explicó Ludwig von Mises y la Escuela Austriaca de Economía, la econometría no es una ciencia, sino un dibujo con aire de ciencia por el solo hecho de abundar en “estadísticas” (calculadas arbitrariamente) y las matemáticas que, estrictamente, no son una ciencia sino un lenguaje científico. Mises decía que la economía se basa en la acción humana, lógica y deductiva (praxeología), por tanto, en la moral entendida como el estudio del comportamiento humano, de acuerdo con el orden natural, del cosmos.
A diferencia de las ciencias reales, “físicas”, en la economía no existen relaciones constantes entre variables ya que, dado el libre albedrío, las preferencias humanas cambian constante e imprevisiblemente en tiempo real, lo que hace imposible derivar leyes científicas exactas a partir de datos pasados.
Por otra parte, la moneda cumple, como todo bien o servicio en el cosmos, con la curva de oferta y demanda en tiempo real. Entonces, la inflación (o deflación) es un exceso (o defecto) de emisión monetaria en tiempo real, lo que provoca la desvalorización (apreciación) de la moneda. Ergo, la inflación (deflación) no es la suba (baja) del PCE o el IPC, aunque tengan una relación indirecta (al devaluarse la moneda un bien se cotiza al mismo valor, ergo, más de esa moneda).
Todo en tiempo real. Y esto no lo realizan los burócratas que se mueven con lentitud, según procedimientos y protocolos absurdos y engorrosos y por órdenes políticas, ergo, son incapaces de controlar realmente la inflación.
Para remate, los burócratas fijan las tasas de interés sobre estos índices, lo que resulta contraproducente, porque las tasas arbitran entre la necesidad de capitalización y consumo en tiempo real y los burócratas las deciden cuando les viene en gana y sobre bases falsas.