Nacional

El cambio climático y sus derivadas

(Ilustración: https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/la-desinformacion-sobre-el-cambio-climatico-bulos-fake-news-y-mitos-a-derribar/

LA CRÍTICA, 15 ENERO 2026

José Mª Fuente Sánchez | Lunes 09 de marzo de 2026

«“No pasarán”, “No nos moverán”», gritaba en las Cortes, hace casi un siglo, la destacada y temida diputada comunista de la II República española, conocida por “Pasionaria”, para protestar contra el levantamiento del general Franco, que encabezaba el segundo golpe de Estado contra el gobierno. El primero lo dirigió Largo Caballero, también contra el Estado, porque no estaba de acuerdo con el triunfo de las llamadas derechas en las elecciones de 1934. (...)



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El golpe de Estado de Franco, contra el que gritaba Pasionaria, lo que pretendía era poner fin al caos revolucionario en que se había convertido la II República española, que empezaba a asomar la cara agresiva y totalitaria que imprimían algunos de los que la impulsaron, que no eran muchos pero sí hiperactivos en el fusilamiento de curas, monjas y obispos.

Pues bien, con el mismo énfasis que Pasionaria imprimió a su grito de “No pasarán”, nuestro gobierno actual clama por el llamado “cambio climático”, cuya fe y adoración se nos exige como salvoconducto obligado para no ser considerado fascista. Pudiera entenderse y perdonarse esa fe ferviente y esa esperanza “salvapatrias” que se nos repite diariamente. Pero permítasenos solicitar a los predicadores climáticos una mayor claridad en la descripción del cambio climático que no se limite a echar la culpa a los motores de combustión de los coches. Porque el cambio climático no deja de ser una apreciación científica, que –”dicen”– medida y comprobada por una organización oficial que muchos desconocemos. Pero, superada la citada fe y la adoración climática que se nos exige, lo que más cuesta entender es que al amparo y cobijo del cambio climático predicado, se hayan puesto en marcha determinadas decisiones que hemos llamado “derivadas” –por supuesto, nada que ver con el Cálculo Diferencial– sobre asuntos de rabiosa actualidad política como los asuntos ecologistas, feministas, animalistas, LGTB, odios enfermizos a Israel y amor desmedido a Hamas, y, lo más políticamente llamativo, el repentino amor a la China milenaria–. Porque todos los que no hemos sido “tocados” por esa fe populista salvapatrias de los que se dicen progresistas nos preguntamos, por ejemplo, ¿qué nos han hecho los judíos y qué nos ha hecho Hamas para que surja ese extraño odio a los primeros y amor a los segundos? Dicho sea sin olvidar que entre los palestinos hay mucha gente pacífica y respetable que también se siente oprimida por Hamas y “su padrino iraní”, pero que no puede salir de esta situación porque los terroristas son vulgares criminales que sólo saben matar y así lo hacen y lo hacen bien. Y –lo más sorprendente– ¿a qué vienen esas extrañas aproximaciones políticas “derivadas” de nuestros gobernantes a tiranías como China, Venezuela, Cuba, etc.? Es difícil descubrir el porqué de estas decisiones, pero da la impresión de que esa parte de la sociedad que las promueve –posiblemente no muy leída– está proyectando su inmadurez adolescente sobre nuestras costumbres, nuestra línea política tradicional, nuestros valores democráticos, patrióticos y religiosos en los que creía –o decía creer– la España de siempre. Con la particularidad añadida de que los que introducen estas novedades interiores y exteriores parecen creer con desmedida fe en el acierto de sus decisiones. Pero lo que no entienden en absoluto muchísimos españoles pensantes es que el “conjuro” del cambio climático haya hecho surgir estas nuevas orientaciones de nuestra política interior y exterior.

Porque, si acudimos a nuestros técnicos, que son los que saben de verdad, parece que, desde la creación del mundo, hemos disfrutado de muchos cambios climáticos. Si leemos a nuestro sabio geológico y biológico español del siglo XX, el gran Alvarado, nos habla de tres tipos climáticos: el húmedo o lluvioso, de vegetación exuberante; el árido o seco, en que las precipitaciones son inferiores a la evaporación y la vegetación es raquítica, disjunta o falta; y el nival, que es propio de los paquetes polares y las altas montañas. Sobre esta base, Alvarado nos describía las cinco eras geológicas de la Tierra: la era Arcaica o de animales desconocidos; la era Primaria o de los animales antiguos; la Secundaria o de los animales intermedios; la Terciaria o de los animales recientes y, por fin, la Cuaternaria o del hombre. Y añadía que, dentro de las citadas Eras, abundaban ya los cambios climáticos, toda vez que la duración de aquéllas era enorme: 2.500 millones de años la Arcaica, 600 la Primaria, 150 la Secundaria, 50 la Terciaria y, por último, la Cuaternaria en la que vivimos. La pregunta surge de inmediato: a la vista de esta abundancia de cambios climáticos ¿qué puesto ocupa nuestro “sagrado” cambio climático actual en la lista secular de los cambios climáticos, que obligaban a los humanos del Cuaternario ora a vivir en las cuevas con un frío irresistible, ora a buscar el aire libre, a ser posible con vientos desatados, porque el calor era insoportable?

Bien es verdad que aquellos cambios climáticos no movían al político –siempre de fértil imaginación– a poner en marcha tantas perturbadoras derivadas políticas como las tomadas por el gobierno actual. Por supuesto, las gentes del inicio del Cuaternario se supone que sabían mucho menos que nosotros. Además –siguiendo con la broma– “no disponían” de coches de ningún tipo entre los cuales elegir; ni les atormentaban las diferencias entre género y sexo; ni sentían las complicadas tendencias sexuales que ahora parecen atormentarnos en estos tiempos. Lo que sí parece claro es que para aquellos primeros bípedos, el cambio climático era “el pan nuestro de cada día”. Sin embargo, nuestro gobierno populista nos ha presentado el cambio climático con la misma solemnidad y fe con que Jehová presentó sus tablas de la ley. Por supuesto, según pregonan nuestros inductores de novedades climáticas, todo el que las cuestione se autoconstituye en pecador político de signo fascista, que habrá que castigar severamente. Y –la mayor sorpresa para los demócratas– el acercamiento a tiranías como China, cuyos ciudadanos nunca conocieron la libertad; como Cuba, que la perdió con Fidel Castro; y como Venezuela que utiliza su riqueza natural y el tráfico de drogas para llenar los bolsillos de los de allí y de algunos de los de aquí. Más de media España sigue sin comprender estas políticas tan poco recomendables que dicen comprender sus inventores.

Qué decir de otra de las grandes y sectarias acciones de esta generación populista que tiene secuestrada a España: me estoy refiriendo a la reciente propuesta de incluir la “ley de memoria democrática” en la Constitución como un mandamiento más en el que hay que creer con fe bíblica, pese al caos revolucionario y sanguinario en que derivó la II República del que las autoridades actuales no quieren enterarse. Caos revolucionario y sanguinario que se ha ocultado cuidadosamente a las nuevas generaciones y al resto del pueblo español, gracias a un maravilloso trabajo lavacerebros, que nuestro comunismo siempre ha bordado. Y el resultado ha sido exitoso –hay que reconocerlo– porque los menores de 50 años creen literalmente que la II República fue un remanso de paz, interrumpido en julio de 1936 por unos cuantos Oficiales desocupados del Ejército que se levantaron injustificadamente. El resultado de esta falsedad que todavía sufrimos, es el de los “muros” como llama el gobierno a las dos Españas. Por cierto, Larra lo definió todo con crudo realismo, precisamente un día de Difuntos: «Aquí yace media España, murió de la otra media».

Hablando de las dos Españas, no podemos olvidarnos del expresidente Zapatero. Ese personaje perverso que siempre nos engaña con su cara de iluminado bienpensante, ha pretendido darnos la solución en un libro en el que dice reflexionar sobre las “perlas” antes apuntadas y nos sorprende con unos simplismos buenistas y supuestamente morales en los que osa compatibilizar el respeto formal a la democracia con el mirar para otro lado ante los países que se la saltan y que añade cosas como “matar y robar está muy feo” pero conviene convivir con santa inocencia con los que lo hacen. Dicho lo cual, el libro nos descubre el fundamento de su criterio rector de cualquier reflexión, estrategia o acción política. «las palabras crean realidades si se repiten con suficiente insistencia» … “terrible” … Pues bien, con esta filosofía, nuestro presidente ha “instituido” el cambio climático, como cobijo cobertura de cualquier política o manipulación social que le permita para manejar al ciudadano, estableciendo a manera de dividendo añadido, la fe en ese cambio climático como salvoconducto “progresista” –exigible casi bajo arresto– a la demasiado obediente sociedad actual española. Se ha producido, pues, la más aberrante derivación política –y sicopática, según mi médico– del presidente actual español: sus llamados “progresistas” serán fieles transmisores del supuesto cambio climático y la oposición deberá aceptarlo como dogma de fe indiscutible so pena de ser incorporada al “fascio” que dice agrupar de centroderecha. Y, tras el cambio climático como mandamiento único las autoridades reinantes han empezado a dictar las “acciones derivadas” que llevarán la felicidad al manso pueblo español, predicando en primer lugar el feminismo versus machismo.

Hablar de feminismo en estos tiempos me parece fuera de lugar. Sin duda, en el pasado había unas exigencias para la mujer absolutamente ridículas, pero ahora, por ejemplo, las tres máximas autoridades del Ministerio de Defensa son mujeres, una de ellas con “mando en plaza” y mote agresivo, muy comentado por los militares de carrera, según ha llegado a mis oídos. En cuanto a los asesinatos de mujeres, ¿se nos ha dicho alguna vez de qué nacionalidad son “los diversos asesinos”? Porque los españoles no somos culpables de la “no educación” de muchos de los que llegan de otros países, en los que se maltrata a la mujer, entre otras cosas, porque se lo permite su religión. Sin olvidar los grandes estragos anteriormente generados en algunas mentes feministas –y no feministas– por la filósofa francesa Simone de Beauvoir, fundadora del feminismo existencialista, que denunciaba la opresión de la mujer por el hombre en la primera mitad del siglo XX y clamaba por la necesidad de abolir las identidades masculina y femenina, que –según ella– no deben ser biológicamente obligatorias sino opcionales, en función de los sentimientos de cada momento, permanentes o temporales, o de las múltiples inclinaciones sexuales existentes. Alucinante. Entiendo que para asumir estas novedades hay que tener más fe que la nos pide nuestro catecismo católico, porque la extraña relación entre género y sexo sobrepasa los límites de lo que llamamos sentido común, que debe ser diferente del de la supuestamente inteligente Simone de Beauvoir. Y, sobre todo, ¿por qué esa obsesión por reclutar mujeres como “muro” de presión para forzar leyes y decisiones políticas? ¿Es eso moralmente lícito? Lo más tremendamente estúpido que se ha llegado a decir, a veces por personas que parecían juiciosas, es que “las instituciones se modernizan cuando aumenta el número de mujeres en su plantilla”. Uno se pregunta si tal simplismo puede caber en cabeza humana que no esté tarada, naturalmente.

Pasando a otra “derivada”, ¿qué nos han hecho los judíos y qué nos ha hecho Hamas para que surja ese extraño odio a los primeros y amor a los segundos? Porque no olvidemos que la guerra la inició Hamas, con el asesinato de más de 1000 israelitas y el secuestro de más de 300, que va devolviendo poco a poco, bien es verdad que algunos de ellos ya muertos y violados. Pero, para ser rigurosamente objetivos, recordemos antes de nada que entre los palestinos hay mucha gente pacífica y respetable que también se siente oprimida por Hamas y “su padrino iraní”, pero que no puede salir de esta situación porque los terroristas son vulgares criminales que –prácticamente– sólo saben matar y así lo hacen y lo hacen bien. Porque –reitero– ¿qué daño nos ha hecho Israel y los israelitas? ¿Es que no tienen derecho los israelitas a tener su propia nación? La tuvieron en la Antigüedad –Moisés estaba allí hace 3.000 años– antes de que Hamas existiera y mucho antes de que los árabes iniciaran su historia musulmana en el siglo VII. Además, recordemos que, para remediar el conflicto, la ONU decretó en 1947 la formación de dos Estados, israelita y palestino, a lo que los palestinos árabes respondieron con el grito unánime de siempre: “hay que echar al mar a los israelitas”. Por mucho que se empeñen los palestinos no es de recibo que ellos sí puedan tener Estado, pero los israelitas no. Por otra parte, el mando de Hamas no respeta la normativa bélica civilizada regulada por los Convenios de Ginebra y La Haya, dado que utiliza civiles como escudos humanos. Que yo sepa es la única raza que lo hace. Además, cabe también recordar que Israel es la única nación democrática de Asia. En mi destino en Naciones Unidas, he tenido ocasión de tener relación con sus representantes y comprobar personalmente lo dicho. Es de destacar como ridículo el espectáculo anti-israelita organizado por nuestro actual gobierno, que ha terminado en sainete: una denominada flotilla con manifestantes en tropel y en barquitos, “encantadoramente” divertidos, entre cantos de júbilo, seguida de una pequeña Unidad naval de nuestra Armada –supuestamente protectora de la fiesta– ordenada por el gobierno, que 111111111 decisiones de nuestro presidente es la repentina devoción, visita y contrato con el presidente chino Xi Jimping. Pocos medios nos han hablado de las maldades de esta personalidad china. Pero esos pocos medios ya nos ilustran lo suficiente sobre algunos de los pensamientos de Xi Jimping como para que “temblemos” de felicidad con esta nueva amistad. Por ejemplo: Xi Jimping le dice a su juventud que «para forjar el propio carácter hay que pasar por el fuego y aprender a comer amargura». Añadiremos que, para dejar claras las ideas en la mente de sus súbditos, Xi Jimping ha declarado en alguna ocasión que el partido comunista chino, para consolidar su poder, tiene que «ser brutal y matar lo suficiente como para infundir miedo y terror». Cerraremos estos enternecedores pensamientos con la terrible y filosófica afirmación del presidente chino que, curiosamente, mantiene también el expresidente español Zapatero: «La realidad tiene que adaptarse a los objetivos del partido, no al contrario». Surrealismo en versión china.

Ya lo dijo Napoleón hace más de dos siglos: «China es un gigante dormido. Dejadlo dormir porque, cuando despierte, el mundo temblará». Con estos axiomas ideológicos, China trabaja arduamente en la transformación del orden político mundial vigente, para establecer su propio nuevo modelo de relaciones internacionales y apartar a Estados Unidos de su liderazgo político como potencia global, lo cual supone –seamos realistas– la neutralización de nuestro mundo occidental.

Otra de las decisiones “derivadas” es la relativa a la ecología, obsesión de los nuevos salvapatrias, aunque sea a costa de los trece incendios sucedidos por limpiar “ecológicamente” los campos y de entorpecer el trabajo de nuestros agricultores para alimentar a los ciudadanos. Y algo que raya en el ridículo: el castigo a todo aquel que dañe a un animal. Habría que añadir “salvo que sea un animal racional”, llamado hombre, que puede ser abortado aunque al feto o niño en formación le lata el corazón, insufle aire o tenga ya patitas en forma de mano. Siempre con la absurda creencia aparente de que el resultado de la gestación podría no ser una persona –de quien procede– sino un “artrópodo” o cualquier otra especie zoológica.

Por otra parte, no podemos olvidar –como añadido a la anterior relación de “derivadas”– una pregunta que se hace un buen número de españoles ante ciertas opiniones de “bienpensantes”: ¿es caridad entrar en un país pegando o lesionando a los guardias civiles de frontera? ¿y es caridad también dar cobijo y “paguitas” a los que dicen ser menores de edad, algunos de los cuales, a veces, han lesionado, violado, robado o, incluso asesinado? Estoy pensando en la comarca española de El Egido. Agradecería información al respecto.

Qué decir de la anteriormente referida propuesta de inclusión de la famosa ley de Memoria democrática en la Constitución, para que su contenido –que es históricamente falso– sea “de obligada aceptación y dogma de fe” para todos los ciudadanos, aunque ellos y sus familias hayan vivido y sufrido todo lo contrario. Para darse cuenta de las barbaridades que tuvieron que aguantar los españoles de aquella II República española –falsamente calificada de ejemplar– me permito sugerir la lectura del Memorándum del ministro de la II República (repito, de la II República) Manuel de Irujo, vasco de pro, en referencia a lo se había conseguido –yo diría destruido– a fecha 7 de enero de 1937, en todo el territorio nacional. Empieza así el citado ministro republicano: «Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones han sido destruidos, los más con vilipendio. Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron. Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin información de causa por miles».

Pregunta obligada: ¿merece nuestra II República tan gozoso recuerdo como se la está dando? Porque, como nos dice la historia y nuestras vivencias familiares, la II República no fue un remanso de paz sino un caos revolucionario y sanguinario. En vez de “perdón y piedad” –como pedía en 1938 el presidente Azaña–, o “silencio y olvido” –como nos piden interesadamente los que mandan–, la sociedad actual española necesita en primer lugar información veraz sobre el drama histórico de la II República y su guerra, porque el sesenta por ciento de su población carece de ella. De seguir como hasta ahora, el resultado sería el que inteligentemente definió el gran Cicerón: «El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla». En esta situación se encuentran nuestras últimas generaciones, adoctrinadas más que instruidas con el brillante remate profesoral de la ministra Celaá que actualmente reposa en la Embajada española sita en la plaza de España de Roma como premio a sus destrozos escolares en el mundo estudiantil de nuestra Patria.

Y la consecuencia de esta peligrosa situación, extrañamente derivada del famoso cambio climático, es el odio entre dos bandos o muros, como lo llaman nuestras autoridades, que parecen querer meter a nuestro país en el contubernio de los cárteles comunistas sudamericanos, pese al siglo y medio de fracaso de esta ideología marxista, creada en 1848 por Karl Marx. Fracaso que muchos desconocen, quizá por falta de lectura.

¿Es este el futuro que preparan para España nuestros populistas proyectando su “ignorancia adolescente” sobre nuestra sociedad, sus valores y sus tradiciones?

José María Fuente Sánchez
Coronel de Caballería, DEM, (R)
Economista y estadístico, de la Asociación Española de Militares Escritores