Juan Manuel Martínez Valdueza

Venezuela: ¡no hay quien se aclare!

(Ilustración: La Crítica / IA)

LA CRÍTICA, 5 ENERO 2026

Juan M. Martínez Valdueza | Lunes 05 de enero de 2026
El estupor de los unos y los otros –o sea, el de todos– es mayúsculo. Primero nos alegramos o fruncimos el ceño ante la noticia bomba. Un poco más tarde, muy poco, todos nos escamamos y, al final, los alegres se quedan estupefactos y los otros desconcertados. ¿Qué desmadre es este? ¿Quién está realmente al mando? (...)

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A lo mejor esto va de aquel viejo axioma de “de la ley a la ley”… Pudiera ser, pero los personajes no cuadran. Ni las leyes de partida y de llegada son las de la Transición. ¡Ya! ¿Entonces? Tampoco los protagonistas encajan, ni por asomo. Aunque algún parecido sí hay en los oscuros aledaños… ¿Quién mandaba antaño tras la cortina? ¿Y ahora? Pues eso.

¿Saben ustedes una cosa? Se equivocan si creen saber algo, porque realmente no sabemos nada. En este mundo –y en el de ayer– la gente, la masa, el pueblo, votemos o no, nosotros todos (pondremos un casi para acercarnos más a la verdad), ni sabemos ni contamos. Iremos tragando, discutiendo y aceptando lo que se nos vaya dando desde… ¿quién lo sabe? La historia seguirá su curso, ajena a nosotros.

Pasan unas horas y algo se mueve –la revolución bolivariana no, que parece haberse cogido unos moscosos por si las moscas ante el ruido de los rotores–… ¡y aparece la segunda del “extraído” al mando del cotarro! Desconcierto. No puede ser… humm… algo se cuece. ¿Sucesión pactada o supervivencia pura?

Entretanto, se desata la carrera: uno tras otro, los directores formales de la opinión pública abandonan prestos sus retiros, apurando sus copas, y corren que se las pelan a sus púlpitos rellenos de becarios. “¡Quita, quita! Que me pongo yo, que esto es cosa mía, mi audiencia es mía…”. Pero claro, los púlpitos se hacen un lío porque no encuentran el mensaje que masajee el cerebro de su audiencia ante un guion que nadie escribió. Conflicto de pareceres. Paradojas sobrevenidas. Pocos líderes se mojan, complicándoles la vida con su inusual escasa verborrea. El sí pero se va extendiendo…

Pasa un día y las cosas –los hechos– se van aclarando a medida que se oscurecen. Los conceptos entrechocan como floretes: legalidad, soberanía, condena, invasión, justicia, esperanza, revancha… todo entra en la cazuela mediática, entreverado de anuncios, colorines y cabalgatas. Y el cuadro se completa, como siempre, con la toma de la calle por esas avezadas organizaciones desconocidas con caras harto conocidas de toda la vida.

¿Qué pasará mañana? Probablemente nada. O quizás pase todo, que en esta nueva Venezuela post-extracción viene a ser exactamente lo mismo.

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