Aurelio Fernández Diz

Gibraltar. Una solución nueva aún es posible (Parte I)

Calle principal en el centro de Gibraltar (Foto Dreamstime)

LA CRÍTICA, 11 ENERO 2023

Aurelio Fernández Diz | Miércoles 11 de enero de 2023

En un detallado documental sobre Gibraltar que acabo de ver he podido comprobar que la realidad actual de la colonia coincide con la de cualquier pueblo andaluz, pero en el que ya no cabe ni un geranio más.

Para salir de sus estrecheces los responsables de la colonia tienden a ganarle terreno al mar o crecer hacia arriba. Para ambas opciones necesitan la verja abierta y la incondicional colaboración de políticos y empresarios españoles, sufridos “colaboradores” que, hasta ahora, nunca se la han negado. (...)



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Los llanitos disponen también de un amplio campo de futbol cuya función principal no es la práctica del llamado deporte rey sino la de servir de propaganda a su ansiado deseo de que Gibraltar sea reconocido internacionalmente como una entidad con personalidad jurídica propia, aunque esa personalidad se materialice solo en un puntito blanco en la costa Sur de España.

La colonia de Gibraltar es, en su conjunto, un continuo querer y no poder que perdurará en el tiempo mientras los españoles no se cansen de ser tratados sin consideración alguna, por uno de sus más importantes aliados, como si fuesen pintorescos indígenas de alguno de los 13 territorios que el RU administra en los más apartados mares del mundo.

La sensación de enclaustramiento y preocupación por el futuro de su pueblo, sin los apoyos que ahora encuentra al Norte de la verja, ocupan el alma del “ministro principal”, Fabian Picardo (FP), al que le está costando mucho trabajo conseguir que sus mentores británicos acepten unas nuevas relaciones con España que le permitan seguir disfrutando, sin problemas, del ir y venir a su residencia habitual en una lujosa urbanización de la costa española. Pero no lo tiene fácil porque a los mentores de FP solo les interesa conservar uno de los pilares más importantes de su estrategia naval y todo lo demás son simples instrumentos para maquillar su injustificable conducta colonial.

No sabemos exactamente cuándo, pero todo indica que FP ha terminado por darse cuenta de que la finca, de la que es un simple administrador, no puede vivir, no puede existir por sí sola amputada del cuerpo de España, a la que indudablemente pertenece.

La actual existencia de la colonia Gibraltar y su alto nivel económico, consecuencia de sus diferencias fiscales con España, progresivamente envidiado por sus vecinos de La Línea, es posible por ser el resultado de dos pertinaces obstinaciones y una torpeza:


− Una pertinaz obstinación del Reino Unido (RU) empeñado desde hace ya 310 años en retener, y no devolver a su legítimo propietario la colonia ocupada, absolutamente en contra de la correspondiente resolución del comité de descolonización de NNUU[1]. Su pertinaz obstinación ha llevado al RU a apoderarse ilegalmente de la zona en la que instaló el aeropuerto y le está llevando ahora a aumentar unilateralmente su mar territorial, algo expresamente prohibido por el Tratado de Utrecht, cercenando lo que hasta hace poco era mar territorial español.

− Y una torpe y no menos pertinaz obstinación de los gobiernos españoles, al menos durante los últimos 48 años, empeñados en no reclamar con la contundencia debida, como es su obligación, la devolución de la colonia, en parte obligadamente cedida y en parte claramente usurpada. Esta obstinación se está materializando, en los últimos años, en una clara y demostrada falta de interés de los sucesivos gobiernos españoles en no aprovechar las posibilidades ofrecidas por el Brexit para mejorar ante la opinión pública internacional las condiciones de la reclamación española. Antes, al contrario, se está tratando de negociar con las autoridades británicas la creación de una zona de prosperidad compartida, que es el sueño de FP y del alcalde de La Línea, y que, de llevarse a efecto, puede terminar con las posibilidades de recuperar la colonia para siempre. La creación de esta zona requiere el derribo de la verja, una de las principales bazas que España tiene para recuperar su dañada integridad territorial, si la cerrase algún día.


La situación es tan difícil de entender que hasta despierta las suspicacias de la parte británica que, según las ultimas noticias, no aprueban el derribo de la verja y consiguiente libre tránsito de personas y mercancías, muy en contra de lo que hasta hace unos días defendía FP, que ahora defiende todo lo contrario, lo que demuestra la absoluta liviandad e hipocresía de todas las llamadas instituciones gibraltareñas que no son otra cosa que un simple camuflaje del comportamiento muchas veces taimado del RU en la zona. Porque no existe más opción para los actuales llanitos, esos que no quieren ser españoles ni tampoco pueden ser ingleses, que defender numantinamente los intereses de estos.

Después de años de estudiar y escribir sobre Gibraltar he podido llegar a la siguiente conclusión:

− La colonia de Gibraltar es un cáncer en fase metastásica, cuya curación será casi imposible si no se le pone el remedio adecuado de un modo casi inmediato.

− Esta situación, podrá dañar para siempre nuestra integridad territorial, nuestra seguridad, nuestra economía y hasta nuestro honor como potencia histórica, económica y cultural, sin par en el campo internacional.

− Hace unos días que el gobierno británico concedió a Gibraltar el honroso título de “ciudad británica” algo que al parecer ya le había sido concedido en 1842, motivo por el cual tenemos derecho a temer que esta decisión sea un simple adelanto a la posible declaración de todo el territorio de Gibraltar como territorio británico, como en su día propuso el partido responsable del Brexit, el UKIP, que tantos problemas le está trayendo al noble pueblo inglés. Decisión de gravedad extrema porque lo que se cedió en Utrecht fue, estrictamente la propiedad de un terreno para crear una base naval, no su soberanía para hacer otra cosa.


Por este y otros motivos todos los gobiernos de España tienen que ponerse serios al más alto nivel. No se puede esperar más. El tiempo trabaja en nuestra contra. Es una cuestión de honor y dignidad. La misma seriedad con la que China supo reclamar a plazo fijo la devolución de la colonia británica de Hong Kong. Una grave crisis entre dos de los más importantes aliados de la OTAN no beneficiaria en nada a la permanencia del modo de vivir en democracia y libertad del mundo occidental y que Putin y Xi Jinping están poniendo en entredicho como consecuencia de la invasión de Ucrania. Para lograr que algún día, no demasiado lejano, la bandera española vuelva a ondear en lo alto del Peñón, como todos los españoles deseamos, parece necesaria una solución negociada, con la participación de los EE. UU., que dé plena satisfacción a todos los intereses en juego. Podré ampliar esta propuesta de solución en un próximo artículo, si fuese de interés para algún lector.


Madrid, 5 enero 2023.

Aurelio Fernández Diz
Capitán de Navío (R)
Asociacion Española de Militares Escritores (AEME)
Academia de las Ciencias y las Artes Militares (ACAMI)

[1] El 18 de diciembre de 1968 la Asamblea General de NNUU solicitó del RU, como potencia administradora, que pusiera fin a la situación colonial de Gibraltar antes del 1 de octubre de 1969, petición que, aun hoy, el RU sigue sin cumplir.

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