Manuel Pastor Martínez

Liderazgo

Octavio Paz (1914-1998).

LA CRÍTICA, 1 ENERO 2023

Manuel Pastor Martínez | Domingo 01 de enero de 2023

La lectura del último libro y en cierto modo testamento de Henry Kissinger, Leadership (New York, 2022), me ha hecho meditar sobre tal cualidad humana, no solo –como él hace– del liderazgo político y estratégico en la segunda mitad del siglo XX (en los cinco casos elegidos: Konrad Adenauer, Charles De Gaulle, Richard Nixon, Anwar Sadat, y Margaret Tatcher). A mi juicio debería haber olvidado rencillas políticas personales e incluido también a Ronald Reagan. (...)



...

Me parece notable y oportuna la elección de Richard Nixon, un presidente injustamente denostado e infravalorado por la historiografía y los medios progresistas e izquierdistas. Víctima de un gran fraude electoral en 1960 y de una infame persecución política (incluido un silencioso golpe de Estado por el “Estado Profundo”) que me recuerda obviamente al caso actual de Donald Trump.

Durante estas pasadas Navidades mantuve con mis hijos una interesante conversación sobre cuál era el criterio del éxito en la vida personal, y mi hija mencionaba un estudio sociológico reciente en los EEUU en el que los jóvenes señalaban destacadamente al éxito económico. Me permití sugerir que, siendo sin duda importante tal resultado, un signo de excelencia para mí era el liderazgo en un sentido amplio y profundo, más allá de la política y la economía.

He tenido la fortuna en mi experiencia vital de beneficiarme directamente del conocimiento y trato personal de algunos líderes importantes del siglo XX. Me refiero naturalmente a un liderazgo cívico, intelectual y moral –no exactamente o necesariamente político– en el ámbito social y cultural iberoamericano: Enrique Tierno Galván (España), Mário Soares (Portugal), Octavio Paz (Méjico), y Raúl Alfonsín (Argentina).

No comparto hoy las preferencias políticas, más o menos socialistas o socialdemócratas, de los cuatro (las más radicales del Viejo Profesor Tierno Galván, y las más moderadas o liberales de Octavio Paz). Sin embargo, el liderazgo cívico de los cuatro en el momento histórico de las transiciones políticas de las dictaduras a las democracias en sus respectivos países fue ejemplar, aunque dichas transiciones han resultado frustradas en los casos de Argentina y Méjico, y a mi juicio sin alcanzar una consolidación democrática plena (Imperio de la Ley y separación de poderes) en los casos de Portugal y España.

Enrique Tierno Galván y su “escudero” Raúl Morodo fueron mis primeros tutores universitarios, política e intelectualmente (en mi caso personal también, con posterioridad, debo incluir al catedrático de Filosofía del Derecho Luis García San Miguel, al historiador e hispanista estadounidense Stanley G. Payne, y más tangencialmente al ensayista político francés Jean-Francoise Revel, que me ayudaron a alcanzar una visión madura, liberal-conservadora, de las cosas).

Tierno fue para mí –como para muchos españoles– una inspiración intelectual y moral en el período anterior a su elección como Alcalde de Madrid. Colaboré con él entre 1968-1978 en la oposición al franquismo, y durante 1976-78 fui secretario de relaciones internacionales del partido que fundó y presidió el Viejo Profesor, el PSP. A partir de la unificación con el PSOE en 1978, y de las elecciones municipales de 1979, me distancié progresivamente de él, de su ideología, y de sus políticas, pero esa es otra historia.

A través de Tierno y Morodo conocí a Mário Soares a principio de los 1970s, cuando estaba exiliado en París.

A veces se encontraba en Madrid con su esposa que viajaba desde Lisboa. En cierta ocasión les acompañé a ver una obra de Valle Inclán en el Teatro de Bellas Artes.

Durante la Revolución de los Claveles le visité en varias ocasiones en Lisboa. Posteriormente tuve encuentros con él en Madrid y en la Universidad Internacional de Santander. Publiqué en La Crítica un ensayo sobre Mário Soares con motivo de su fallecimiento en el que destacaba su gran papel histórico como líder principal de la transición política portuguesa (“Mário Soares (1924-2017) in memoriam”, La Crítica, Enero 2017).

Sobre Octavio Paz había publicado dos cortos ensayos antes de conocerle personalmente (“Ortega y Octavio Paz”, Revista de Occidente, Madrid, 1987, y “Octavio Paz, ensayista político”, Debate Abierto, Madrid, 1991). Le conocí en Santander en 1981, cuando visitó la Universidad Internacional para recibir la Medalla de Oro, donde yo trabajaba entonces en la junta rectora. Años más tarde propuse con otros profesores de la Escuela Española que se le concediera en 1992 el doctorado Honoris Causa por Middlebury College, en Vermont (USA), donde muchos años atrás un joven Paz había sido lector de español. Tuve el privilegio de acompañarle en tal momento, pocos años antes de su muerte (véase mi ensayo “Con Octavio Paz en Middlebury College”, La Crítica, Octubre 2020).

Octavio Paz fue muy merecidamente galardonado, entre otros, con el Premio Cervantes y con el Premio Nobel de Literatura. Sigo pensando que, junto a Ortega, Paz es un líder indiscutible, “intelectual orgánico” de las letras y del pensamiento en la cultura hispánica del siglo XX.

A Raúl Alfonsín lo traté menos que a los anteriores, pero tras su elección como presidente de Argentina en 1983 fue objeto de mi más sincera admiración, como político honesto y demócrata (líder de la Unión Cívica Radical, un partido con raíces krausistas) frente a las largas epidemias políticas del peronismo y del militarismo que anegaron a su país (y de una parte muy querida de la familia de mi madre).

Tuve el inmenso honor de proponerle como candidato al Doctorado Honoris Causa en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. En Junio de 1988 se celebró la ceremonia en el viejo Paraninfo de la calle San Bernardo. Presidió el rector Villapalos, y actuamos como padrinos el decano Paniagua y yo mismo como director del Departamento de Ciencia Política, que también fui encargado de pronunciar la Laudatio.

Creo que Alfonsín fue una personalidad clave en la transición política a la democracia en Argentina, pero las graves circunstancias económicas de la hiperinflación y el desempleo (por no hablar del crónico cáncer del peronismo) frustraron hasta el día de hoy el noble intento.

Manuel Pastor Martínez

TEMAS RELACIONADOS: