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La crisis Argelia-Marruecos y España

(Foto: https://www.rioja2.com/).

LA CRÍTICA, 11 JUNIO 2022

Gonzalo Parente Rodríguez | Sábado 11 de junio de 2022

En lenguaje popular podría decirse “éramos pocos y parió la abuela”, porque verdaderamente lo que está sucediendo con estos dos países del Magreb, que están en guerra, ha sumido en el desconcierto a cuantos nos preocupamos por el conflicto entre las dos naciones del noroeste africano, para centrar nuestro interés en lo que sucede con nuestros vecinos del sur. (...)



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Nuestros territorios como Baleares y Canarias, Ceuta y Melilla, Alborán y las islas Chafarinas y Alhucemas, con islotes y archipiélagos, conforman una zona marítima española en el norte de África, en la que España debe poner máxima atención y seguridad. Por detrás, en el tiempo y en espacio, queda el gran Sahara que tiene una enorme zona de influencia marítima sobre el archipiélago de Canarias.

No, no es un problema fácil de resolver y si no es con la determinación histórica española sobre esta zona. En ella confluyen intereses foráneos tanto de los países africanos como de grandes potencias dispuestas a ganar influencia sobre la misma –que une la desembocadura del Mediterráneo con el océano Atlántico.

Esta zona se está convirtiendo en una zona de alto riesgo en el centro del estrecho de Gibraltar, rodeado de espacios marítimos muy transitados por el Mediterráneo y el Atlántico. Ya se comprende que un país como España con todos estos territorios extra peninsulares tiene que ejercer una geopolítica y su correspondiente geoestrategia muy clara y potente para la defensa de sus intereses nacionales.

Argelia y Marruecos, envueltos en un estado de beligerancia, cada uno buscando apoyos exteriores para la defensa de sus intereses, han puesto a esta región euroafricana en estado de máximo riesgo.

Pero el Sahara y su pueblo, objetos de disputa entre los vecinos, obligan a España a mantener máxima consideración para lograr que la justicia internacional no deje abandonados a esos niños y sus familias que vienen con toda confianza a disfrutar del acogimiento veraniego con familias españolas. España no debe abandonarlos porque algunos todavía conservan el DNI español, tal como en cierta ocasión me mostró un saharaui al que fui a consultar para hacer un trabajo universitario.