Manuel Pastor Martínez

La rebelión Sioux: Guerra Civil en la Guerra Civil

Ilustración de la mayor ejecución masiva de indios sioux en los Estados Unidos (26.12.1862).

LA CRÍTICA, 21 MARZO 2022

Manuel Pastor Martínez | Lunes 21 de marzo de 2022

Durante las dos pasadas décadas, por razones familiares, he residido parte del año en el Estado de Minnesota (EEUU). Tales circunstancias me han permitido conocer algunos de los escenarios geográficos de un episodio histórico poco conocido, incluso por los ciudadanos de esa gran nación fuera de Minnesota. (...)



... Me refiero a la “mini-guerra civil” dentro de la Guerra Civil estadounidense, que tuvo lugar precisamente en Minnesota, en la retaguardia de la Unión del Norte frente a la Confederación del Sur. Fue un corto pero trágico conflicto originado por la violenta rebelión de los indios Sioux contra los colonos blancos en el mencionado Estado, que requirió la intervención del ejército federal y dramáticas decisiones del propio presidente Abraham Lincoln.

Como argumenté en un ensayo se trató de la tercera rebelión anti-federal a la que tuvo que enfrentarse simultáneamente el presidente Republicano –además de la de los esclavistas en el Sur y la silenciosa de los mormones en Utah– para consolidar la primera democracia federal moderna (M. Pastor, “Abraham Lincoln: la consolidación de una nueva nación”, La Ilustración Liberal, 39, Madrid, 2009). Aunque no se ha podido demostrar documentalmente, y por causas diferentes, no sería extraño que las rebeliones Sioux y Mormona pudieran haber sido alentadas por los servicios de inteligencia del Sur (dirigidos por dos ilustres sefarditas, ambos probable y curiosamente de origen leonés: el secretario de Estado Judah Benjamin, y el secretario privado del presidente sureño Jefferson Davis, Thomas Cooper De Leon).

Kenneth Carley en su obra standard sobre el tema, publicada originalmente en 1961, escribe: “La Guerra Civil estadounidense había drenado las energías y la aportación humana de Minnesota durante dieciséis meses cuando en Agosto de 1862 el Estado –con solo cuatro años de existencia– se vió envuelto en una segunda Guerra dentro de la Guerra, a sus propias espaldas.” (The Sioux Uprising of 1862, The Minnesota Historical Society, St. Paul, 1976). El autor sugiere un número de víctimas en la población blanca superior a 500, y es algo impreciso, por ausencia de información, respecto a las bajas de los Sioux.

Más reciente, Hank H. Cox en su investigación Lincoln and the Sioux Uprising of 1862 (Nashville, TN, 2005) ofrece un número total de muertes en torno al millar, incluyendo los 38 indios ejecutados en Mankato el 26 de Diciembre de 1862. Otro investigador, William Brandon, también eleva el número de víctimas de blancos a unos 700 colonos y 100 soldados (The Rise and Fall of North American Indians, Lanham, MD, 2003), cifra que aparentemente manejó el propio presidente Lincoln en su Mensaje al Congreso (1 de Diciembre de 1862).

En mi ensayo antes citado me referí a una cifra global probablemente superior a 2.000 muertes, pensando también en las ramificaciones del conflicto, ataques aislados de bandas Sioux y su represión en los años inmediatos posteriores, tanto en Minnesota como en el adyacente territorio Dakota.

Las causas de la rebelión fueron múltiples, pero las principales tenían sus raíces en el descontento de los nativos americanos por la pérdida de sus territorios tras los tratados con el gobierno federal durante los años 1850s que permitieron el acceso a ellos de nuevos colonos, y el comportamiento corrupto de algunos agentes federales en el pago de las anualidades y la distribución de alimentos prometidos. Pero en ningún caso estaba justificada una rebelión tan violenta.

Un incidente causado por cuatro jóvenes Sioux, asesinando a varios granjeros blancos (tres hombres, una mujer y una adolescente) en el poblado de Acton cercano a Grove City, el 17 de Agosto de 1862, fue la chispa que provocó el incendio que se extendería rápidamente por todo el valle del rio Minnesota.

Hubo jefes tribales que se opusieron, pero el popular Little Crow se prestó a liderar la revuelta.

Aparte de la resistencia de los propios granjeros, el gobernador de Minnesota, Alexander Ramsay, encargó a los coroneles Henry Sibley y Charles Flandrau comandar diversos regimientos estatales para reducir a los rebeldes (participando también otros oficiales que más adelante llegarían a ser gobernadores de Minnesota: Henry Swift, Horace Austin y William Marshall). Entre los ciudadanos en defensa de los colonos estuvo el doctor William Mayo, padre de los fundadores de la famosa Clínica Mayo.

Finalmente el gobierno federal encargó al general John Pope coordinar la represión efectiva de la rebelión, concluida –según comunicó dicho general a su superior en Washington DC, el general en jefe Henry W. Halleck– el 9 de Octubre de 1862 (y confirmado por el gobernador Ramsey en su informe al presidente Lincoln el día 22), con el apresamiento total de más de dos mil guerreros Sioux.

El 5 de Noviembre de 1862 la comisión militar constituida había juzgado a 392 prisioneros y condenado a 307 a la pena capital. De la lista el presidente Lincoln solo aprobó la sentencia de muerte de 39 (luego se quedó en 38, al demostrarse la inocencia en un caso), por acusaciones probadas de asesinatos y violaciones de mujeres. El 26 de Diciembre fueron ejecutados en la plaza pública de Mankato, un acto considerado como la “America’s greatest mass execution”.

Varios centenares de Sioux fueron condenados a prisión, y un número mayor con sus familias fueron expulsados de Minnesota, terminando en diversas reservas de otros Estados.

Little Crow consiguió escapar y refugiarse en Canadá, pero volvió clandestinamente a Minnesota en 1863, y con su pequeña banda continuó asesinando colonos en el área de Big Woods. Finalmente, él mismo sería asesinado por dos cazadores de recompensas cerca de Hutchinson, en el condado de McLeod.

Manuel Pastor Martínez

Nota:

Existe una extensa literatura, aunque poco conocida por el gran público, sobre la rebelión Sioux en Minnesota. Aparte de las monografías aquí mencionadas, de K. Carley (1961) y de H. H. Cox (2005), deben recordarse las obras de I. Heard (1863), C. Bryant & A. Murch (1864), Board of Commissioners (2 vols. 1890, 1899), M. Adams (1901), A. Connolly (1901), W. W. Folwell (1921), L. Roddis (1956), y C. Oehler (1959).