Francisco Ansón Oliart

Signo de los tiempos: el futuro de la Religión

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LA CRÍTICA, 20 AGOSTO 2020

Francisco Ansón Oliart | Jueves 20 de agosto de 2020
No resulta difícil establecer lo que es esencial, nuclear, de una religión concreta, pero no lo es tanto, determinar lo que es común a todas las religiones. Quizá se pueda concretar lo que es común a toda expresión religiosa, como sigue: la creencia que tras la muerte del ser humano su vida continúa de alguna forma y que encontrará alguien, alguno o algunos allí (llámense dios o dioses, otras almas, demonios o genios). (...)

... Cabe afirmar que, al menos, desde hace 400 siglos, desde que existe el homo sapiens sapiens, existe esa creencia. Al punto que un gran número de antropólogos culturales, coinciden con la afirmación de Henri Bergson: “La religión, dado que es coextensa con nuestra especie, debe pertenecer a su estructura”. En efecto, no se ha encontrado ningún pueblo ateo.

Es cierto que se ha afirmado que no se trata de religión, sino de la magia propia de los pueblos primitivos. Sin embargo, en los estudios realizados por los etnólogos, de tribus que llevaban aisladas 3 o 4 mil años, e incluso, alguna que su forma de vida coincidía con la del Paleolítico de hace 20.000 años, han constatado que practicaban una religión monoteísta equiparable a alguna de las actuales y que, por contraste una sociedad tan avanzada como la norteamericana quemaba todavía a las brujas en el siglo XlX.

La magia la usa el hombre para controlar para bien o para mal, con fines buenos o maléficos (piénsese, por ejemplo, en el vudú), lo sobrenatural. El contraste con la religión es evidente, por cuanto el hombre se dirige a lo sobrenatural con veneración pidiendo su ayuda o protección y rechazando las prácticas supersticiosas que se dan en todas las religiones, sean amuletos, imágenes, aguas o plantas milagrosas. Más aún, en el medio de comunicación que todavía influye más en la opinión pública, la televisión, así como en los periódicos y revistas publicados en papel o en Internet, en la radio e incluso en vallas publicitarias, aparecen anuncios de videntes, lectoras de tarot, adivinadoras y adivinadores del porvenir o capaces de curaciones mágicas de cuerpo y mente.

La creencia de la humanidad en lo sobrenatural, que data de hace centenares de siglos, continúa hoy en día, dado que más de cuatro quintas partes de la población mundial, manifiestan esa creencia. Así lo concreta el acreditado estudio del centro de investigación Pew Research Center (pewresearchcenter.org), que computa los datos de acuerdo con los censos y encuestas de los diferentes países.

Ahora bien, la religión, las creencias religiosas influyen en el comportamiento de los pueblos y de cada uno de los creyentes. En este sentido, uno de los signos de los tiempos es, sin duda, el futuro de la religión, dado que algunos estudiosos consideran que la religión va a desaparecer, pero otros estiman que no sólo se va a mantener sino que va a crecer ese número de creyentes.

Los que defienden la desaparición de la religión se apoyan, sobre todo, en dos hechos; los continuos avances científicos que hacen innecesaria la seguridad y promesas de felicidad de las religiones, así como la fuerza y sentido que proporcionan ante las adversidades y el sufrimiento, que la ciencia llegará a suprimir (quizá la pandemia del covid-19, haya disminuido esta confianza en la ciencia); y el hecho, aparentemente comprobado, que en la llamada sociedad de bienestar, tiende a desaparecer la religión.

Con relación a los que aseguran que la religión se mantendrá e incluso crecerá, es preciso matizarla previamente con algunos datos de la investigación, ya citada, del Pew Center Research, que establece sus proyecciones a 40 años vista.

El cristianismo se mantendrá en el 30 por ciento de la población mundial o crecerá un 1 o 1 y medio por ciento. Es cierto que el mayor número de abandonos, secularización y apostasía se ha dado entre los cristianos, especialmente en Europa y de hecho tanto en Europa como en Norteamérica seguirá descendiendo el número de cristianos. Concretamente, Europa perderá en torno al 10 por ciento, pero las previsiones d este estudio concluyen que en Asia aumentará y en África es posible que uno de cada diez cristianos del mundo vivan en el África Subsahariana.

Además, parece ser, que desaparecerán las iglesias nacionales, como los anglicanos en Inglaterra y los calvinistas en Holanda. En todo caso, el cristianismo crecerá en todas las regiones del mundo, salvo, como se ha dicho ya, en Europa, donde sufrirá un significativo retroceso, pero el cristianismo seguirá siendo la religión con mayor número de creyentes del mundo, seguido y casi igualado por el Islam.

El mundo musulmán es el que más aumentará, debido a que, a diferencia del cristianismo no le ha afectado la secularización. Muchos de lectores recordarán o habrán vivido, la Persia del Sha, y percibirán el contraste con el actual Irán, y algo parecido puede decirse de Turquía o de Irak, también de Egipto, que han seguido una tendencia opuesta a la del cristianismo. A ello, debe añadirse, el mayor número de hijos de los musulmanes. Así, conforme establece la investigación de Pew Research Center, el Islam, será la religión de más rápido crecimiento con el 73 por ciento, por lo que pasará de 1.600 millones a 2.760 millones, representando casi un tercio de la población total mundial proyectada de aproximadamente 9.000 millones de personas. En este mismo sentido, aunque Europa vaya a perder población durante los próximos años, será por causa de los europeos, porque los musulmanes incrementarán su número, de tal manera, que constituirán el segundo grupo religioso más numeroso de Europa.

Ahora bien, a esta investigación se le ha objetado -si bien, en la propia investigación ya estaba prevista esta objeción-, que no es seguro que la fertilidad musulmana continúe, sobre todo entre los inmigrantes, en la misma proporción que hasta ahora ni que todos los hijos de los musulmanes serán necesariamente también musulmanes, porque al haber más libertad en continentes como Europa o América, muchos conversos que en la actualidad no pueden manifestarlo por las consecuencias, quizá letales de hacerlo, sí puedan hacerlo libremente en el futuro en estos continentes.

Por consiguiente, resulta claro que, tanto en la actualidad como en el futuro, la mayoría de los habitantes del mundo seguirán estas dos religiones: Cristianismo e Islam. Pero, curiosamente, en número le siguen los “no creyentes”, si bien dentro de este grupo aproximadamente la mitad, cree en la existencia de Dios, de un Ser Supremo, si bien no creen en ninguna religión, consideran todas las religiones falsas, por los que se les califica de “no creyentes”, con la reserva que acaba de hacerse, dado que entre esos “no creyentes”, la mitad sí creen en la existencia de Dios. Este grupo sin ninguna afiliación religiosa crecerá en Norteamérica y sobre todo -un 10 por ciento-, en Europa. No obstante, en el conjunto de la población mundial disminuirán en un 3 por ciento.

Las otras dos religiones más numerosas son el hinduismo y el budismo, por ese orden. El hinduismo crecerá, pero el budismo será la única religión que perderá adeptos. Es lo cierto que el budismo con dificultad puede considerarse una religión, puesto que salvo alguna rama aislada no creen en la existencia de Dios, aunque, no cabe duda que sus prácticas, deben considerarse religiosas.

Un resumen acertado de esta investigación, lo escribió María del Pilar Camargo Cruz en https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16498535, el 2 de febrero de 2016: “Un mundo espiritual y menos ateo es la proyección que hace el centro de investigación estadounidense Pew, según el cual, el apogeo o la caída de algunos credos dependerá de las tasas de fertilidad y el número de seguidores jóvenes que hoy tengan; además, de la capacidad de estas nuevas generaciones para conseguir más creyentes. Aunque las predicciones de Pew son para los próximos 40 años, sus presagios dan una idea de lo que desde ya irá pasando con el cristianismo o el islam: “Los cristianos seguirán siendo el grupo religioso más numeroso, pero el islam crecerá más rápido que ningún otro credo”. Además, las posibilidades para conseguir nuevos creyentes de que habla María del Pilar Camargo, aumentarán al homogeneizarse el idioma gracias a las aplicaciones digitales que se están convirtiendo en intérpretes reales. Y es que tal y como se viene diciendo de nuestra época: “Lo viejo aún no ha muerto del todo y lo nuevo aún no se ha implantado”, aunque, como en este caso, parece que lo va a hacer dentro de muy poco tiempo.

Debe considerarse obligado citar la argumentación de Alejandro Valentín, autor adelantado a su tiempo, apoyando los resultados de la investigación tantas veces citada, que concluye que en el futuro la religión lejos de desaparecer aumentará en el número de los creyentes: “Hay un factor que también apoya el aumento del número de creyentes: el demográfico. Son dos los motivos; el más importante: está demostrado que los creyentes tienen más hijos que los no creyentes. Incluso la mera secularización ya implica un descenso de la natalidad. El segundo motivo es la explosión demográfica en el mundo islámico. De hecho, sitúa en el 2070 el momento en el que habrá más musulmanes que cristianos. Parece evidente que las religiones no dejarán de existir. La necesidad religiosa parece pertenecer a la parte más instintiva de la humanidad.” (https://alejandrodevalentin.com/religiones-del-futuro/).

Termino, con una aportación de uno de los antropólogos culturales que más he leído, Rafael Gómez Pérez. Según este autor la apariencia de que la religión, la Fe, apenas existe y no influye en el comportamiento de los ciudadanos y en la sociedad, se debe a que vivimos en una realidad que es mediática. En efecto, si se suman los miles y miles de misas especialmente los sábados , domingos y festivos en la Iglesia católica y en la ortodoxa, los libros, los documentos, encíclicas, exhortaciones apostólicas, sínodos, hallazgos arqueológicos cristianos, jornadas mundiales de la juventud, días mundiales dedicadas, sobre todo, a carencias humanitarias, y los servicios religiosos de las comunidades protestantes, más las cinco adoraciones diarias de los 1.500 millones de musulmanes, más las hinduistas, etcétera y aunque no se tomen en cuenta los actos privados, a veces públicos , pero en general privados, como el rezo del rosario o de novenas, resulta claro que los medios de comunicación no reflejan la importancia de la religión, de la Fe, en el comportamiento de los ciudadanos y de la sociedad.

Sin embargo, a pesar de esta seria adversidad, el mantenimiento e incluso el crecimiento de la espiritualidad, la religión, la Fe, será uno de los signos de los tiempos de la nueva época que estamos viviendo.

Francisco Ansón