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Subversión y felonía

Cartel "Catalunya no te rei" / Twitter Omnium Cultural (www.publico.es)

LA CRÍTICA, 21 JULIO 2020

Aurelio Fernández Diz | Martes 21 de julio de 2020
Según la nítida definición que podemos encontrar en el diccionario de nuestra Real Academia subvertir es: trastornar o alterar algo, especialmente el orden establecido. Por este motivo todas las organizaciones políticas conocidas se dotan de leyes que tienen por objeto principal proteger este orden. Cuando el orden a proteger es dictatorial (...)

... la subversión incluye algo moral que podría llegar a justificarla. Esta justificación podemos encontrarla, por ejemplo, en la famosa y conocida teología de la liberación, condenada en su día por el papa San Juan Pablo II, en una de sus visitas a tierras hispanoamericanas, porque según esta teología sería admisible, llegado el caso, atentar contra la vida del tirano. O sea, puede existir una subversión hasta cierto punto aceptable siempre que no se acompañe de ninguna forma de terrorismo o de violencia.

La subversión, tal como generalmente se la conoce, es una actividad ilegal que procede de los sectores sociales menos afortunados, casi siempre marginados económicamente, que viven en la esperanza de mejorar su situación con un vuelco del orden establecido. Cuando esta subversión atenta contra un orden democrático, como el que disfrutamos en España desde la promulgación de la Constitución del 78, pierde por completo toda legitimidad y justificación porque la obligación política de los que son menos debe ser someterse a la voluntad política de los que son más. En esto consiste la democracia, el sistema de organización social menos malo, como alguien con indudable acierto, ha podido afirmar. En resumen, la subversión es algo que va de abajo hacia arriba, algunas veces con justificación y muchas otras sin ella. Hasta aquí lo generalmente conocido y aceptado.

Pero existe otra forma de subversión que va de arriba hacia abajo que es la felonía. Según nuestro diccionario felonía es: deslealtad, traición, acción fea en una definición que no puede ser más sintética. El felón por antonomasia es, en el saber y entender del pueblo español, nada menos que un rey: Fernando VII curiosamente apodado “el Deseado”. Conspirador contra su propio padre, el reinado de Fernando VII compendia todas las deslealtades, traiciones y acciones feas que uno pueda imaginar y que cualquier aficionado a la Historia puede encontrar en sus numerosas biografías. El rey felón derogó la primera Constitución española elaborada por las Cortes de Cádiz en 1812, y que había jurado cumplir. Y permitió con sus torpezas y su egoísmo político la emancipación y consiguiente independencia del patrimonio americano de España protegido con generosa entrega por sus antecesores y el coste añadido de la vida perdida de innumerables españoles en la mar y en la tierra. Para que la Historia no pudiese olvidarse de él como el prototipo de los felones Fernando VII llegó a solicitar de Napoleón ser considerado su hijo adoptivo en una carta de odioso servilismo: «Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M. el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos».[1]


El rey Fernando VII

La felonía, como se puede comprobar, puede ser, en sus resultados, tan grave o más que la subversión revolucionaria. Fernando VII fue un tirano absolutista que sometió a su exclusivo interés personal los intereses de España y de su pueblo, a los que se debía. Demostró así que el felón no gobierna para todos sino solo para él, y a veces, hasta ni para su propio partido.

España es una nación noble, de las más antiguas del mundo y que de ningún modo se merece ser gobernada por políticos “adanistas”, siempre llenos de rencor y resentimiento, que se comportan como si España fuese de plastilina y, por tanto, moldeable a su gusto y capricho. Es oportuno recordar que España, ya reconocida por los romanos como Hispania, se fue formando desde el origen de los tiempos por aluvión de los pueblos que en ella convivían y que buscaron en su unidad la mejor forma defender su seguridad y sus intereses. Cuando Cataluña quiso maniobrar para separarse de España, buscando el apoyo de Francia, enseguida neutralizó ese movimiento cuando comprobó que las verdaderas intenciones del país vecino eran anexionarse un territorio que en aquel momento parecía no querer seguir siendo español. Tampoco Galicia, ni el País Vasco tienen la masa crítica suficiente para ser independientes, especialmente si no desean caer bajo la efectiva tutela de cualquier poder de los que abundan y andan sueltos en este mundo globalizado.

Ningún sector social ni partido político responsable debe de poner en entredicho los valores y principios en los que se apoya la realidad española si no queremos vernos envueltos en enfrentamientos fratricidas y perder, una vez más, la senda del bienestar y del progreso. Vivimos hoy bajo la Constitución promulgada y refrendada por una muy amplia mayoría del pueblo español en el año 1978 y bajo el reinado de Felipe VI. Hemos tenido reyes de todo tipo y condición, pero hoy, afortunadamente, los españoles contamos con un patrimonio inestimable: un rey ejemplar, justo y noble, que es garantía de permanencia de la nación española.

Por todo ello, a mí me parece absolutamente inaceptable que altos cargos del gobierno hagan declaraciones, conspiren o maniobren a espaldas del sentir mayoritario de los españoles para subvertir desde arriba (felonía) el orden establecido comportándose en contra de lo que prometieron ante SM el Rey, y un ejemplar de la Constitución, al asumir sus cargos. Una España moderna, un pueblo cada día mejor informado, nunca permitirán que la traición que impulsan determinadas conductas alcance sus aviesos objetivos.

Porque debemos de reconocer que es subversión desde arriba, o felonía:

- Tratar de ningunear a SM el Rey, sin otorgarle el debido respeto y consideración, llegando hasta manipular su propia agenda, con el único fin de ir menoscabando su imagen ante los españoles y propiciar así el advenimiento de una república de mal recuerdo.

-No defender a SM el Rey, ni a la monarquía que encarna, ante los descarados y absolutamente injustificados ataques que está sufriendo por parte de uno de sus vicepresidentes del gobierno cuando adopta una conducta impropia del cargo que ostenta.

La libertad de expresión no puede aplicarse a los altos cargos del gobierno cuando en el ejercicio de su función lo que pretenden es subvertir el orden que están obligados a proteger. Si hay algo que estos altos cargos consideran que no pueden aceptar, o deseen su legítima modificación, propongan los cambios que consideren oportunos siguiendo los cauces previstos en la legislación vigente. Pero con nobleza, lealtad al cargo y altura de miras. Y abandonar cualquier forma de maquillada felonía.

Madrid, 20 de julio del 2020

Aurelio Fernández Diz

CN (R)

[1] P. VILLATORO, MANUEL. “El infame rey español que traicionó a su pueblo y pidió ser hijo adoptivo de Napoleón.” Diario ABC 29.02.2016