Manuel Pastor Martínez

La Iglesia Sindiós en la era “Mob Politics”

Revolución francesa. Toma de La Bastilla. (Anónimo). (en.wikipedia.org/wiki/French_Revolution).

LA CRÍTICA, 18 ENERO 2020

Manuel Pastor Martínez | Sábado 18 de enero de 2020
La RAE aceptó en 2014 el vocablo “contradiós” (equivalente a “acción absurda o vituperable”). Hoy propongo otro fonéticamente parecido pero de calado más hondo: “sindiós”, que califica a una iglesia universal -no una mera secta- cada vez más nutrida, transversal y militante, (...)

... la progresista que se extiende desde el centro del espectro político hasta la extrema izquierda agnóstica o atea.

En España serían feligreses de tal iglesia todos los partidos a la izquierda de Ciudadanos (incluidos algunos segmentos de éste) y todas las elites y movimientos sociales a favor de la secularización, el aborto libre, la eutanasia, etc. En el mismo espectro se ubicarían asimismo los fascismos y los nacionalismos filofascistas, algunos con fama de “meapilas” como los nacionalistas vascos y algunos nacionalistas catalanes, que equívocamente a veces se consideran de “derechas” (los fascismos y los nacionalismos étnicos o racistas, en cuanto excluyentes y estatistas-proteccionistas, siempre han sido anti-liberales y anti-capitalistas). Y, por supuesto, las izquierdas tradicionales campeonas de las diversas formas de ateísmo y de persecución religiosa: socialistas, comunistas, populistas y anarquistas.

La expresión más radical y surrealista fue el episodio esperpéntico del “Juicio del Estado Soviético Contra Dios”, el 16 de Enero de 1918, protagonizado por el comisario bolchevique de Instrucción Anatoli Lunacharski. Pero es un problema complejo de percepción que nos remite también a la fenomenología paradójica del fascismo-leninismo que he analizado ya en varios ensayos (es sabido que durante su exilio en Suiza como revolucionario socialista –poco antes de la fundación del Fascismo- Mussolini protagonizaría también un absurdo y teatral desafío contra Dios). Es el denominador común en el fondo de todas las ideologías colectivistas, estatistas y anti-individualistas, contra los derechos inalienables pre-políticos y pre-estatales a “la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad”, como enunciaron los Padres Fundadores de la democracia americana.

En sus Diarios, Soren Kierkegaard dejó escrito: “Si hubiera que grabar algo en mi tumba, pediría que no fuera otra cosa que El Individuo”. Su existencial individualismo estaba íntimamente unido a su fe religiosa y a su sentido de la libertad, más allá de la política, como subraya su antólogo Robert Bretall. En su poco citada (y poco leída) obra La Edad Presente (1846), antes de las revoluciones europeas de 1848 y la irrupción de la masas en la arena política (según Tocqueville y Marx-Engels), Kierkegaard se anticipó a describir el nihilismo religioso y político (según Donoso Cortés, Turguenev y Nietzsche) que definirán la era de la “Iglesia Sindiós” y de la “Mob Politics” (traducción: política de hordas o turbas).

Con razón los especialistas kierkegaardianos D. Swenson, W. Lowrie y R. Bretall mencionan la influencia del filósofo danés en los españoles Unamuno (La agonía del cristianismo, El sentimiento trágico de la vida…) y Ortega (La rebelión de las masas). La crítica escéptica y agnóstica del Cristianismo por Unamuno, y la crítica sociológica y política de la Democracia (la “democracia morbosa”, la democracia del “hombre-masa”) por Ortega, llevan un claro sello kierkegaardiano.

En la obra mencionada el gran pensador danés percibió con meridiana claridad que la tendencia política dominante en la época presente es hacia la “igualdad” (frente a la época antigua-pagana hacia el “liderazgo”, y frente a la tradicional-cristiana hacia la “representación”). Y asimismo la estrecha relación entre la crisis de fe religiosa y el ascenso de las “masas”, lo que Kierkegaard denomina el “régimen del público”, con el instrumento principal de “la prensa como alentadora del más bajo denominador común de la humanidad”.

Es la misma percepción que también tuvieron autores diversos como Unamuno ante el radicalismo de la democracia de masas, Ortega al escribir sobre la “democracia morbosa” y la “rebelión de las masas”, o el gran crítico literario y social estadounidense H. L. Mencken sobre la “mob democracy”, y el historiador judío J. L. Talmon sobre la “democracia totalitaria”.

En la tradición satírica y de gran calidad literaria de Mencken dos autores estadounidenses han publicado sendos ensayos en tiempos recientes, cuyos títulos son reveladores y pertinentes a lo que trato en este artículo. De Ann Coulter mencionaré dos: Godless. The Church of Liberalism (Crown-Forum, New York 2006), y la secuela Demonic. How the Liberal Mob is endangering America (Crown-Forum, New York 2011). Y de Kevin D. Williamson: The Smallest Minority. Independent Thinking in the Age of Mob Politics (Regnery-Gateway, Washington DC 2019).

En ambos autores quedan retratadas y criticadas con profundidad las derivas anti-liberales y paradójicamente anti-democráticas de las culturas y las ideas progresistas e izquierdistas en las democracias occidentales (que en el léxico estadounidense se identifican como “liberales”).

La actual democracia fallida en España, democracia morbosa y envuelta en la ilegitimidad que ha llevado al poder a una coalición de fuerzas anti-liberales, anti-españolas y anti-constitucionales, es un ejemplo perfecto de esta enfermedad moral y perversión política que llamamos “Iglesia Sindiós” y “Mob Politics”.

El sincretismo ideológico social-comunista PSOE-Podemos sobre una base demagógica agnóstica-atea y una cultura de “Mob Politics” constituye la condición necesaria para un movimiento totalitario previo a un régimen del mismo tipo destructivo del Estado histórico -no solo del Estado de Derecho-, de la Nación española y de la Libertad.