Francisco Ansón Oliart

¿Eliminar el dinero en efectivo? (1)

26 SEPTIEMBRE 2017

Francisco Ansón Oliart | Martes 26 de septiembre de 2017
¿Sabía usted que vamos a un mundo en el que dentro de muy pocos años, usted no podrá llevar ni un euro en el bolsillo porque no le servirá de nada?

¿Sabía usted que vamos a un mundo en el que dentro de muy pocos años, usted no podrá llevar ni un euro en el bolsillo porque no le servirá de nada? Pues es así. En Dinamarca desde el 1 de Enero del año pasado, si va a comprar a una tienda y quiere pagar con dinero contante y sonante, el vendedor puede rechazar su dinero y obligarle a que le pague con tarjeta o a través de una aplicación de su teléfono móvil. De hecho, en este país, en la actualidad, apenas supera el 20 por ciento lo que se paga en efectivo, cuando no hace ni veinte años ascendía al 80 por ciento.

Sin embargo, es posible que el país donde, de manera más drástica, se está suprimiendo el dinero en efectivo sea Suecia. En este país las compras del día se hacen, casi en un ciento por ciento, con dinero electrónico, de manera que el dinero en efectivo no llega al 2 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Además, las sucursales de los bancos hace ya tiempo que no aceptan billetes o monedas, a lo que hay que añadir que, se puede decir, que casi no existen los cajeros automáticos.

Pero lo que más me sorprendió fue lo que me contó un amigo que fue a Suecia y el domingo a Misa. Cuando preparaba su dinero para echarlo en la bolsa o cestillo que le pasaran durante el Ofertorio, he aquí que se iluminó una pantalla con un número de cuenta y le pareció que la totalidad, o casi la totalidad, de los fieles sacaba su teléfono móvil y hacía su donativo a través del teléfono. Le aclararon a la salida que había una máquina que le permitía dar su limosna,… pero con tarjeta. Incluso, países tan reacios a prescindir del dinero de toda la vida, como Portugal, Italia, Francia o España, han puesto un límite al pago en metálico de 1.000 euros como máximo (parece que España se ha comprometido a hacerlo este año).

¿Tiene ventajas eliminar el dinero en efectivo? En una primera aproximación sí parece tener ventajas manifiestas que suscribimos casi todos. Desaparecería el trabajo “en negro”, el trabajo en precario, sin ninguna garantía, sería, por tanto el fin de la economía sumergida (siempre y cuando no sea una ruina trabajar legalmente, por la cuantía cuasi confiscatoria de los impuestos y gravámenes de todo tipo que imponen los gobiernos de determinados países).

Más aún, no sería posible que nos robaran por la calle o en casa o en una tienda, ni siquiera que nos robaran joyas u objetos de arte porque no se podrían vender ya que se conocería al comprador de esos objetos robados. Además, como el dinero actual es innominado, permite todo tipo de actividades ilícitas puesto que no es posible conocer su origen, por lo que, una vez suprimido, tampoco se ve cómo sería posible el tráfico de drogas, de personas, órganos humanos, armas, la evasión fiscal, el blanqueo de dinero, “los maletines”, “las mordidas”, “las comisiones” y un larguísimo etcétera. En resumen, que viviríamos en una sociedad más segura, menos violenta y más transparente.

Otras ventajas añadidas se concretarían en que desaparecerían los costes (también ecológicos: tala de árboles) de impresión de billetes y acuñación de monedas susceptibles, sobre todo los primeros, de falsificación; la necesidad de su renovación, así como los de su custodia y transporte en furgones blindados, unido a la cantidad de bacterias que hay en los billetes a las pocas semanas de uso. En Estados Unidos los billetes contienen, por término medio, unas 3.000 bacterias; el mundo.es, el año pasado, daba noticia que “la Universidad Queen Mary de Londres realizó un estudio en el que se descubrió que alrededor del 6% de los billetes británicos contenían bacteria del tipo E y que una investigación llevada a cabo por la Universidad de Oxford reveló que los billetes de euro en circulación por la Eurozona cuentan con una media de 26.000 bacterias; este mismo periódico ya había informado en 2006 que, “en el quinto cumpleaños del euro, el 94% de los billetes que circulan en España contienen restos de cocaína y que los billetes en Alemania se deshacían porque habían sido utilizados para esnifar cristal”, para terminar afirmando que en el 50% del dinero incautado en Francia existían rastros de cocaína.

En resumen, como sintetiza es.wikipedia.org/wiki/Sociedad sin efectivo, “entre las ventajas macroeconómicas de la eliminación del dinero en efectivo están: control total de la banca de la política monetaria; desaparece el riesgo de contagio entre bancos y países provocados por crisis bancarias y crisis financieras; desaparece el riesgo de pánico bancario ya que no pueden realizarse retiradas masivas de depósitos en metálico (dinero en efectivo) –solamente podrían trasladarse los depósitos de una entidad a otra; no existen fugas de capitales fuera de control (esta ventaja es muy discutible ya que multitud de entidades financieras opacas actúan en paraísos fiscales facilitando la elusión fiscal sin necesidad de manejar dinero en efectivo); eliminación de costes de producción, mantenimiento y gestión del dinero en efectivo.”

Por consiguiente, parece, que el dinero en “metálico” (los billetes son más recientes), está destinado a desaparecer. Así, las transacciones sin dinero fiduciario, aumentan sin cesar: banca electrónica, Paypal (y tantos otros), teléfonos móviles, bitcoins, facturas electrónicas, etcétera, etcétera.

Ahora bien, ¿es inevitable que desaparezca el dinero de toda la vida?, ¿realmente sólo comporta ventajas su eliminación? La respuesta exige otro artículo, por cuanto esta cuestión afecta no sólo a la economía y a los hábitos sociales, sino también a la ética, concretamente, a la libertad del hombre y a varios de sus derechos fundamentales.

Francisco Ansón