Fernando Álvarez Balbuena

Reflexiones políticas y económicas

Ilustración: http://lescommunards.blogspot.com.es

La Crítica, 13 Julio 2017

Fernando Álvarez Balbuena | Jueves 13 de julio de 2017

(Por una mayor comprensión necesaria entre izquierdas y derechas)



En el diario transcurrir de las discusiones ideológicas, un sector político, imbuido por una especie de “mística de redención”, no cesa de invocar la necesidad de luchar contra el capitalismo explotador, culpándole de todas las adversidades, desigualdades y penalidades que sufre el conjunto de la sociedad y, sobre todo aquella parte de la misma que no posee más bienes que su trabajo y su esperanza fallida de lograr un futuro mejor.

Si las circunstancias económicas, por las múltiples razones y principios que rigen la economía de mercado, no permiten crear a los empresarios más puestos de trabajo, he ahí que, según estos personajes, la crisis se ha producido por la rapacidad y la ambición de los capitalistas.

Si, por el contrario, la coyuntura económicas permite abrir más negocios o engrosar las plantillas de los ya existentes, entonces el discurso de los inconformistas es otro, pero igualmente desolador y sectario: El empleo que se crea es de mala calidad, precario, mísero e insuficiente para cubrir las necesidades del trabajador, que continúa siendo explotado por el inmisericorde empresario.

Se olvida sin embargo sorprendentemente, que son muchos los empresarios de éxito que empezaron desde muy abajo y a base de constancia, trabajo y esfuerzo, gracias al sistema capitalista liberal, lograron escalar puestos preeminentes en el mundo de los negocios, cosa que no les hubiera sido posible en un país sin economía de mercado y, en toda España como también en nuestra región, tenemos varios y excelentes ejemplos de estas conductas ejemplares.

Parece que es inútil insistir en la manifestación de estas verdades, porque los hechos demuestran que, quiérase o no se quiera reconocer, el capitalismo ha sido el motor de la riqueza de las naciones, del progreso y del propio Estado del Bienestar, como aseguran desde el siglo XVIII autores de la solvencia de Adam Smith o David Ricardo y en la actualidad otros, como el profesor Gustavo Bueno - de cuya capacidad filosófica y científica no me parece que quepan dudas- quien manifiesta que la propia democracia vino al mundo de la mano de la economía capitalista y de la libertad del mercado, en tanto que otros autores, como el Premio Nobel de Economía, Hayek, aseguran que el colectivismo estatal no trajo al mundo otra cosa que un “Camino de Servidumbre”.

Desgraciadamente estos autores y otros teóricos modernos defensores de sus ideas, son injusta y peyorativamente tildados de “neocapitalistas” y “neoliberales” por las izquierdas a que nos referimos, que prefieren que sea el Estado el único y justo empresario que distribuya riqueza y felicidad para todo el mundo, lo que se ha demostrado que es utópico y empobrecedor.

Pero hay un hecho aún más elocuente y que a menudo se trata de oscurecer por parte de las gentes que son contrarias a las políticas liberales. Y es que cuando las personas que están pasándolo mal en sus países y no tienen posibilidades de progreso, emigran ¿a dónde lo hacen?, pues precisamente se dirigen a países capitalistas, porque allí encuentran las posibilidades, que tanto critican las fuerzas izquierdistas, para mejorar la amarga suerte que les proporcionan las ideologías que han llevado a la ruina económica y social a sus desgraciadas naciones.

Entre tanto, la propia derecha capitalista, también ha sabido asumir el humanismo teórico socialista, aceptando los progresos que significan la seguridad social obligatoria, los convenios colectivos, la distribución cada vez más equitativa de las rentas y un largo etcétera que demuestra que el sentido común no es ajeno a la riqueza ni al progreso de los negocios, porque el Estado del Bienestar no sería posible sin crear primero una riqueza que luego pueda ser repartida.

Y, desde luego, o hay una mayor comprensión entre izquierdas y derechas, civilizadas y constructivas, que contribuya a una mayor unión social y política, o el futuro que nos espera será el mismo que buscan ciertas nefastas ideologías, que propugnan el resentimiento, sembrando odios absurdos entre los españoles.

Fernando Álvarez Balbuena (Dr. en CC. Políticas y Sociología)