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San José

Fuente: Video: RPP Noticias / Foto: ivemo.org
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Fuente: Video: RPP Noticias / Foto: ivemo.org

5 MARZO 2018

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De las personas nacidas con la culpa original, sin duda, la más santa, con una enorme diferencia respecto de cualquier otro santo de la Iglesia católica, es san José. Sin embargo, inexplicablemente, la alusión, únicamente, a su fecha de nacimiento, 19 de Marzo, no aparece hasta principios del siglo noveno, coincidiendo con un diácono de Antioquía que también se llamaba José.

De hecho, no se encuentra en el Misal Romano hasta el siglo XV y fue la extraordinaria devoción de nuestra Santa Teresa de Jesús y de nuestro San Ignacio de Loyola, la que difundió la devoción a san José. Hasta el año 1621, no fue su fiesta universal y le incluyó en el canon el papa Juan XXlll, es decir, ya en la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, con toda justicia, es el santo al que se da mayor veneración. Por eso es patrono de la Iglesia universal y patrono de la buena muerte, puesto que hay que dar por seguro que murió atendido por Jesucristo y la Virgen.

La Misa de san José, el 19 de Marzo, destaca sólo dos características, quizá las más importantes, de san José: su paternidad y su fidelidad. He aquí el texto de san Mateo: “17 Jacob engendró a José, el esposo de María de la cual nació Jesús, llamado Cristo. 18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. 20 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». 22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 23 «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». 24 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. 25 Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús” (Sagrada Biblia. Versión Oficial de la Conferencia Episcopal Española, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 2010, p. 1613).

A partir de este hecho, se cita a san José cuando, “contempló el inefable misterio del nacimiento de Jesús en Belén y quedó admirado con la maravillosa visita y adoración de los pastores y magos; presentó a Jesús en el Templo a la usanza judía, rescatándolo con el modo acostumbrado por los pobres; fue el defensor de Jesús y de su madre, cuando la matanza cruel de los inocentes, al marchar a Egipto”, la misma noche que recibió el aviso, dejándolo todo: casa, trabajo,… con la valentía y fidelidad de quien ha asumido una responsabilidad. Su regreso de Egipto tuvo lugar en el año cuatro, después de la muerte de Herodes. “Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá” (Mt 2, 22). Es lógico, puesto que Arquelao, quizá no padecía la paranoia persecutoria de su padre, pero le igualaba o superaba en crueldad. Finalmente, Jesús se quedó en el Templo con 12 años dialogando con los maestros que le oían asombrados de su sabiduría; y ésta es la última vez que se cita a José en los evangelios (Francisco Pérez González, Dos Mil Años de Santos, Ed. PALABRA, 2001, p.343).

Como he dicho, en su Misa y concretamente en el Evangelio que se lee en ella y que he reproducido al principio, se destaca la “paternidad” de san José. No es fácil calificar la característica específica de esta paternidad. Quizá la expresión que mejor define esa característica es la de paternidad putativa. De hecho, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, dice que putativo es aquél, “reputado o tenido por padre, hermano, etc., no siéndolo”. Es una buena forma de definirlo: lo putativo es lo creído por alguien, aunque no responda a la realidad (legítima defensa putativa o herencia putativa). Así, hay una serie de palabras españolas cuya base es el verbo latino puto: reputar, imputar, etcétera. De las distintas palabras que se han aplicado para definir esta relación, hace un buen resumen el autor citado:

”Padre adoptivo, porque su paternidad sobre Jesús no es la común natural y de algún modo hay que llamarla, aunque la adopción nos suene sólo a cosa legal (y aquí no hay papeles) y eso es poco, bien poco, para la clase de paternidad que ejerció, y que al no tener igual no se inventó la palabra que con propiedad indique su condición. Padre nutricio le llaman otros, porque tienen la parte de verdad que expresa una de las obligaciones anejas a la paternidad, la de alimentar a la prole, pero se ve que esto es sólo un detalle en comparación con la totalidad. También es común llamarle putativo por ser conceptuado ante los paisanos como padre verdadero, al vivir fielmente las obligaciones del mejor de los padres sin que nada indujera a pensar que no lo era. Es el esfuerzo de la teología, de la piedad, de la expresión de la fe que no deja de recalcar que no es padre de Jesús -el Verbo hecho hombre, engendrado por Dios y por eso tiene la naturaleza de Dios -al modo como los demás lo son de sus hijos al engendrarlos según la naturaleza humana. El Evangelio, testigo parco en palabras, afirma: Cuidó de la Sagrada Familia en Belén, Egipto y Nazaret” (Francisco Pérez González, Dos Mil Años de Santos, Ed. PALABRA, 2001, p.343). Además, José, pertenecía a la estirpe de David, e incluso, su familia procedía de Belén, la ciudad de David, por lo que en Jesús se cumplen, perfectamente, las profecías que anunciaban su venida.

La segunda característica de la vida y santidad de san José que resalta su Misa, la fidelidad, está íntimamente vinculada a la primera, esto es, a su paternidad. La Antífona de entrada (Lc 12, 42): “Este es el siervo fiel y prudente a quien el Señor ha puesto al frente de su familia”; en la Oración colecta: “Dios todopoderoso que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José; haz que por su intercesión la Iglesia los conserve fielmente, …”; y en la Oración sobre las ofrendas: “Concédenos, Señor, que podamos servirte en el altar con un corazón puro como san José, que se entregó fielmente a servir a tu Hijo, nacido de la Virgen María…”. Por ello, tal vez la enseñanza de la vida de san José, más apropiada para nuestros días, es la que corresponde a la alocución que pronunció, el año pasado, el papa Francisco, al día siguiente de la festividad de este santo:

“Me gusta pensar en José como el guardián de nuestras debilidades: él es capaz de hacer nacer muchas cosas bonitas de nuestras debilidades, de nuestros pecados; el guardián de las debilidades para que se conviertan en firmes en la fe. Es también el guardián del sueño de Dios: el sueño de nuestro Padre, el sueño de la redención, de salvarnos a todos, de esta recreación, está encomendado a él. ¡Grande este carpintero!: Callado, trabaja, custodia, lleva adelante las debilidades, es capaz de soñar. Yo quisiera pedir: que nos dé a todos nosotros la capacidad de soñar, porque cuando soñamos cosas grandes, cosas bonitas, nos acercamos al sueño de Dios, las cosas que Dios sueña para nosotros. Que dé a los jóvenes --porque él era joven- la capacidad de soñar, de arriesgar y de tomar las tareas difíciles que han visto en los sueños. Que nos dé la fidelidad que generalmente crece en una actitud adecuada, crece en el silencio y crece en la ternura que es capaz de custodiar las propias debilidades y las de los otros”.

Pilar Riestra
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