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El Agente Provocador

Marx, Toffler, Assange y el final de la CIA

La Crítica, 15 Marzo 2017

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Karl Marx sostenía que la liberación del Proletariado llegaría cuando tomara éste el control de los medios de producción, que en aquel siglo XIX eran las máquinas-herramientas que poblaban las primitivas fábricas. Alvin Toffler (o, según rumores, fue su esposa Heidi más bien), predijo que esa revolución ya estaba triunfando porque el principal medio de producción del siglo XX, la Información, lo estaban controlando más bien los trabajadores de la informática y no los políticos y grandes empresarios. Ahora Julian Assange y otros muchos lo están haciendo realidad cotidiana simplemente ofreciendo a la gente la información más confidencial de los Estados: es el triunfo de Marx (Karl) y el regocijo de su primo Marx (Groucho).

Y un síntoma es el sonrojo con que la CIA carga en estos días: no sólo se ha divulgado que espía (eso no era noticia), sino cómo lo hace a base de meterse en teléfonos, ordenadores e incluso televisores y, a poco que nos descuidemos, podría quedar en poco tiempo al descubierto la tecnología que permitiría a cualquier ciudadano fundar su particular empresa de servicios secretos.

No sería más que seguir la ola de los tiempos: hace medio siglo hacía falta darle un buen bocado al presupuesto de alguna de las principales economías del planeta para poner un satélite en órbita, cosa que hoy hacen empresas privadas y, como esto siga así, de aquí a nada estará al alcance de los particulares más frikis, los que ahora ya van por construirse aviones ligeros, imprimir máquinas imaginativas en sus impresoras 3D, incluso pistolas, y que en un descuido nos obsequiarán con un arma de destrucción masiva montada en un dron casero tuneado.

Y en el mundillo de la Información y los Datos, hace tiempo que los particulares están dando dolores de cabeza a los Servicios Secretos. Por ejemplo, en la investigación del atentado de las Torres Gemelas de 2001 se descubrió que ‘los malos’ habían eludido durante meses a la CIA gracias a que cifraban todas sus comunicaciones con un programa norteamericano y gratuito: el PGP, iniciales de Pretty Good Privacy (Bonita y Buena Privacidad).

En los siguientes años se ha ‘avanzado’ mucho en este sentido, desde el punto de vista técnico, pero los mayores saltos cualitativos de la proletarización de la información han llegado ‘gracias’ a delatores-chivatos-defensores_de_la_decencia. Esos Assange, Snowden, Manning, Deltour, o los John Doe (pseudónimo de propósito general) ponen a la luz infinitos fraudes y escándalos porque la Información, la base económica y militar del siglo XXI, no queda restringida para el uso exclusivo de unos pocos, sino que está al alcance de trabajadores y particulares, en unos casos porque los políticos y empresarios no son capaces de manejar los medios técnicos (ordenadores y comunicaciones) que soportan su organización, y necesitan ‘currantes’, que no suelen estar tan comprometidos como creen con sus sucios negocios; y en otros casos porque otros particulares son capaces de superar los cada vez más patéticos intentos de poner puertas al campo de la Información y, lo más gracioso, lo hacen utilizando las mismas herramientas que antes sólo disponían de ellas los Servicios Secretos y que ahora están al alcance de cada vez más y más gente.

Y no estoy muy seguro de sentirlo. Sé que soy muy rarito en lo que voy a opinar a continuación: la información, toda la información, debería ser pública. Lo privado quedaría, en mi concepto, restringido a lo que se hace en una habitación con la puerta cerrada y las persianas bajadas (lo de apagar la luz es opcional). Sí: ya sé que hay muchas opiniones muy bien fundadas en contra, pero permitidme defenderme con un par de ideas:

1.- Estoy casi seguro de que si el/la presidente de un importante banco, o alto cargo (¿en un discurso políticamente correcto respecto a la igualdad de géneros se diría ‘alta carga’?) de alguna agencia de Servicios Secretos quiere saber el saldo de mi cuenta corriente, o mi historial laboral, lo terminaría obteniendo (¿alguien de verdad discrepa?). Pero si yo intento saber lo equivalente de ellos/as… lo tendría mucho más difícil. Partiendo de esa idea, y del principio de ‘o todos o ninguno’… yo les concedo el permiso a ver mi saldo en el banco si todos ellos me dejas ver el suyo. ¿Se acabarían los fraudes?

2.- No sé si somos conscientes de que nuestro derecho a la intimidad respecto a los datos de salud es, a la vez, patente de corso para mentir impunemente a la hora de ocultar enfermedades contagiosas o para darnos el gusto de pilotar un avión de Germanwings una última vez a través (literalmente ‘a través’) de los Alpes. No me atrevo aquí a sostener la difusión total de esos datos, pero creo defendible la postura de que habría que matizar bastantes cosas de esas leyes.

Y, además, estoy harto de perder tiempo y dinero escuchando en cada llamada a cualquier empresa eso de que los datos se tratarán bien, y que si quiero ejercer derechos de rectificación etc. lo puedo hacer dirigiéndome por escrito a… Si la epidemia de tontería sigue propagándose llegará el caso de que nos leerán todo el Código de Comercio o, incluso el Código Civil al menor descuido mientras esperamos para avisar de que se nos está inundando la cocina. ¿Por qué nos leen la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal y no nos leen las demás leyes que también son de aplicación a las relaciones comerciales?

Recuerdo en una conferencia a la que asistía yo como responsable de la Información de una importante entidad, y en la que alguien preguntó que si ese caso de que algunos Colegios Profesionales publicasen en la memoria anual la lista de colegiados fallecidos en el periodo anterior… ya que eso son datos de salud, y ya no se les puede pedir permiso a los afectados, obviamente, ¿debería dejar de publicarse esa información? Yo estaba convencido de que la respuesta más educada sería decir que eso es una Tontería, pero me encontré con que muchos de los asistentes encontraban el caso como muy interesante y digno de estudio… Me temo que algún día llegará en el que decir que la Reina Isabel La Católica murió en 1504 será causa de una denuncia por dar datos de salud de una persona, además de ‘la realeza’.

Sí, opino que en cuanto a la protección de datos se cometen algunos excesos, pero cuidado: siendo esa mi responsabilidad durante bastantes años en una entidad de trascendencia, disfruté de un par de denuncias dirigidas contra mi área, seguidas de investigaciones exhaustivas por parte de la Agencia de Protección de Datos que acabaron en sendas felicitaciones por lo bien que se estaban haciendo las cosas en mi Departamento.

El responsable del departamento equivalente de la CIA no debe estar en estos días tan relajado, después de ver miles de sus documentos secretos circulando por Internet. Pero yo le consolaría diciendo que total, en el futuro inmediato, va a ser mucho peor… ¡Y utilizando sus mismas herramientas!

Félix Ballesteros Rivas

15/03/2017

agente.provocador.000@gmail.com
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