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Santa Teresa, Reina de León

Beata Teresa. André Gonçalves, Aparición de la Santísima Sancha a la Beata Teresa y Beata Mafalda. c. 1735-1740 | Óleo sobre lienzo 
Iglesia de Menino Deus, Lisboa
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Beata Teresa. André Gonçalves, Aparición de la Santísima Sancha a la Beata Teresa y Beata Mafalda. c. 1735-1740 | Óleo sobre lienzo Iglesia de Menino Deus, Lisboa

La Crítica, 18 Febrero 2017

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Hace cosa de un año, tuve ocasión de contemplar un cuadro en el que aparecían tres mujeres que irradiaban espiritualidad. Me aclararon que, en efecto, se trataba de las “santas reinas”, una pintura de la primera mitad del siglo XVlll de André Gonçalves. Estas santas correspondían a Teresa y sus hermanas Sancha y Mafalda, si bien, de acuerdo con el Martirologio actual, deben ser consideradas beatas, pero, en todo caso, el culto popular que se da a Teresa es el de Santa.

Al parecer, Teresa, la hermana mayor, nació en 1175. Se dice “al parecer”, porque el argumento que se suele utilizar para la datación de su nacimiento es el de que sus padres contrajeron matrimonio en 1174. Lo que sí se conoce con certeza es la fecha de su muerte, el 17 de junio de 1250, así como que fue reina consorte de León al casarse con su primo Alfonso lX. He aquí como describe la personalidad de la futura santa y su matrimonio y descendencia, uno de sus biógrafos, Croisset, con esa sencillez y espontaneidad casi “naïf”, que caracteriza a este hagiógrafo y a los de su tiempo (se conserva la puntuación de este autor, pero la ortografía y algunas expresiones obsoletas e incomprensibles hoy se han adaptado a la actualidad): “La santa reina Dª Teresa, … a las prendas naturales de que Nuestro Señor la dotó con larga mano, hacían gran ventaja los dones de la gracia que se traslucían en todas sus obras. Desde muy niña se dejó ver en el mundo con un corazón recto y generoso, con un entendimiento sólido y perspicaz, y con una inclinación como natural hacia la virtud; y reuniendo a estas especiales gracias el estudio de la piedad, la frecuencia de sacramentos, la lectura espiritual, la contemplación de las verdades eternas,… y aunque las recomendables prendas de Teresa, acompañadas de un aire afable y majestuoso, arrebataban todas las atenciones de la corte, amante siempre de la modestia,…de suerte que aun cuando se presentaba en palacio con preciosos vestidos por no disgustar a sus padres, traía ceñido a la carne un áspero cilicio;… .

“Corrió la fama de la singular hermosura y de la rara virtud de Teresa por los reinos de Europa, y se declararon pretendientes de su mano muchos príncipes, juzgando cada uno que sería feliz el que lograse por esposa a una dama de tan relevantes prendas. Prefirió, entre todos, su padre al rey de León, Alfonso lX, muy conocido por su gran valor, y sobre todo por la uniformidad de sentimientos con Teresa, … casándose a fines del año 1190, cuando sólo contaba los trece de su edad, y su esposo los diez y nueve. El esplendor de la corona no alteró un punto la modestia, ni la devoción de Teresa, … el tiempo que le sobraba al cumplimiento de sus obligaciones, lo empleaba parte orando,… de suerte que por la justificación de su conducta, llegó Teresa a ser a ser el objeto de la admiración y de los más altos elogios de toda la corte de León; pero cuando ambos esposos vivían con la mayor tranquilidad, con los tres frutos de bendición que les concedió el cielo, a saber, Dº Sancha, D. Fernando y Dª Dulce, quiso el Señor, que hasta entonces había colmado de prosperidades a la santa reina, darla parte de su cruz, para que viese el mundo que su eminente virtud era superior a todas sus desgracias”.

La causa de este dolor la produjo el hecho de que, aunque Teresa tenía una acreditada delicadeza de conciencia y en todo quería actuar conforme establecía la Iglesia, por lo que buscó de todas las formas posibles arreglar la irregular situación de su matrimonio que incumplía la prohibición de casar entre primos, sin las previas dispensas, los pontífices de aquél entonces deseaban que los reyes y los nobles fueran ejemplo para sus súbditos, por lo que el papa Celestino lll declaró la nulidad de su matrimonio, de manera que Teresa hubo de separase definitivamente de su marido y de sus hijos.

Teresa se retiró a un convento, pero al enterarse del fallecimiento de su hermana Sancha, fue por la noche al monasterio que había fundado su hermana Sancha y robó su cadáver para enterrarla en su propio convento, Volvió a salir Teresa, por última vez, de su convento, con motivo de que Alfonso lX, al declarase nulo su matrimonio, casó con Berenguela de la que tuvo un hijo, el futuro Fernando lll. Ahora bien, dado que Fernando el hijo de Teresa había fallecido y que Alfonso lX dejó su trono a la hijas de Teresa, se produjo un conflicto respecto del heredero del trono de León, que la habilidad de Berenguela y el buen hacer de Teresa solucionaron y consiguieron que Fernando, el hijo de Berenguela e hijastro de Teresa, se coronara rey y uniera los reinos de León y Castilla. Según cuenta la tradición resultaba admirable el buen entendimiento entre Teresa y Berenguela, a pesar de que, entre otras cosas que les separaban, ambas habían vivido maritalmente con el mismo rey, Alfonso lX de León.

Teresa llevó también una vida ejemplar como monja, sometiéndose a mortificaciones que sólo podían entenderse en aquel tiempo. Dada la dureza de vida de las gentes de los siglos Xll y Xlll, las penitencias, para que se considerasen como tales penitencias, debían sobrepasar la dureza de la vida corriente. Hoy día, muchas de esas mortificaciones podrían constituir una falta, quizá grave, contra la salud. Sin detallar, las mortificaciones a las que se sometió Teresa, baste dejar constancia de lo que le prohibió su confesor cuando ya se encontraba enferma: “…le prohibió que usase el cilicio durante la noche, que se disciplinase hasta perder el conocimiento, que echase tan abundante ceniza sobre su escaso alimento que agravaba su enfermedad y que durmiese sin abrigo y en el suelo, apoyando la cabeza en una rugosa piedra”. Como se dice, los hagiógrafos, hasta tiempos recientes, destacaban de la vida de los santos sus penitencias y milagros que hacían casi imposible su imitación; también es cierto, que ponían de relieve la espiritualidad específica de su amor a Dios y a los hombres que, normalmente, manifestaban ese su amor a Dios a través de su dedicación heroica a paliar las necesidades de sus semejantes, pero dejando claro que en lo que se refiere a sus mortificaciones, la mayor parte de ellas, son rechazables.

En todo caso, lo que más han puesto de relieve los biógrafos de Santa Teresa, Reina de León, era su disponibilidad absoluta para atender y remediar cualquier necesidad de la que tenía conocimiento y su constante oración que, en alguna ocasión, le llevó a levitar durante la misma. De hecho, a su fallecimiento el pueblo la consideró ya santa y fue enterrada al lado de su hermana Sancha, tal y como ella deseaba.

Merece la pena terminar con lo que escribe su biógrafo, Damián Yáñez, O.C.S.O. y que pone de manifiesto lo que supuso esta santa para la historia de España: “Falleció esta egregia princesa —honra de España— el 17 de junio de 1250. Su fiesta la celebra la Iglesia en ese día aniversario de su muerte. España le guarda una eterna gratitud por el amor e interés que tuvo a nuestro pueblo, por la prudencia con que intervino en los asuntos de nuestra Historia, además de la santidad con que brilló. Sus restos mortales se conservan hoy en una preciosa urna de plata en la iglesia de su monasterio, haciendo juego con los de su hermana Sancha que reposan en otra urna idéntica al lado opuesto”.

Pilar Riestra
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