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Génesis del Totalitarismo, 1917-1918

Casa Ipatiev, en Ekaterinburg, donde fue asesinada la familia imperial rusa por los bolcheviques en 1918. Fue demolida en 1977 por 'carecer de significación histórica' según el Politburó. (Foto: John Glines; http://www.pbase.com)
Casa Ipatiev, en Ekaterinburg, donde fue asesinada la familia imperial rusa por los bolcheviques en 1918. Fue demolida en 1977 por "carecer de significación histórica" según el Politburó. (Foto: John Glines; http://www.pbase.com)

10 MAYO 2018

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El 17 de Julio del presente 2018 se cumplirá el centenario de la masacre por obra de los Bolcheviques de la familia imperial rusa: el Zar, la Zarina, y sus hijos, el Zarevich y las cuatro Grandes Duquesas. En sucesivas fechas desde 1918 serían también asesinados: en primer lugar y antes que todos (el 12 de Junio en Perm) el legalmente último Zar -durante veinticuatro horas, Miguel, hermano menor de Nicolás, tras la abdicación de éste- y después de la familia imperial (el 17 de Julio en Ekaterinburg) un total de diecisiete Grandes Duques y Príncipes de la familia Romanov, junto a un número más elevado de nobles cortesanos, ayudantes y sirvientes. Según el gran historiador, hoy Emérito, de la Universidad de Harvard, Richard Pipes (1), esta masacre marca sangrientamente los inicios del Terror Rojo totalitario en Rusia (aunque formalmente fuera inaugurado seis semanas más tarde, tras un atentado contra Lenin), como prólogo al trágico y asimismo totalitario siglo XX.

Ahora bien, el Terror es solo una parte -aunque muy importante- del Totalitarismo. Éste, versión moderna, extrema y brutal del despotismo (cuyo principio, según Montesquieu era el miedo o temor) tiene una génesis propia, y el concepto cobra cuerpo gradualmente en un proceso histórico que se inicia en la segunda mitad del siglo XIX (aproximadamente desde 1848 con el Manifiesto Comunista, y cuando nuestro Juan Donoso Cortés tuvo la visión de un “despotismo universal” en ciernes) y culmina en Rusia tras el derrocamiento de la Autocracia zarista, en los años 1917-1918. El fenómeno precede brevemente al nombre que se verbalizará en 1918 por el periodista alemán Alfons Paquet, refiriéndose al “Totalitarismo revolucionario de Lenin” (no será hasta 1923 cuando el liberal italiano Giovanni Amendola use el mismo término “Totalitarismo” referido críticamente a la dictadura fascista de Benito Mussolini, tras la Marcha sobre Roma en Octubre de 1922)(2).

Parece lógico que la noción de dictadura totalitaria tenga su inspiración en el modelo de una dictadura militar generada por la Guerra Total. En el libro VIII de su tratado clásico sobre la guerra Vom Kriege (1832), Karl von Clausewitz dedica algunas reflexiones al concepto de Guerra Absoluta, que algunos han traducido como Guerra Total. Anatol Rapoport señala que la última expresión es más característica del siglo XX, y que es muy dudoso que Clausewitz imaginara la matanza de civiles fuera del campo de batalla (3). Sin embargo, es probable que la expresión ya se usara durante la fase final de la Guerra Civil en Estados Unidos, para describir el tipo movilización y de estrategia ofensiva desarrollada por algunos generales del ejército de la Unión, como William T. Sherman y Philip H. Sheridan (4) –un tipo de guerra que Lincoln y Grant inicialmente rechazaban pero finalmente sancionaron- que, en cualquier caso, ha provocado una prolongada polémica historiográfica entre los autores que sostienen la pertinencia del concepto (James M. McPherson) y los que la rechazan (Mark E. Neely Jr.) en referencia al conflicto norteamericano (5).

Es sabido que el general alemán Erich Ludendorff (6), uno de los pilares ideológicos del totalitarismo nazi en su fase inicial, emplearía la expresión en sus escritos y memorias de la Primera Guerra Mundial (Meine Kriegserinnerungen, 1914-1918, Berlin, 1919) y como título de su obra posterior, (Der Totale Krieg, Munchen, 1935). Es asimismo sabido que Lenin leyó con gran interés a Clausewitz y muy probablemente conoció también las ideas de Ludendorff (al fin y al cabo, como “agente alemán” y sus tratos con la inteligencia militar del II Reich pudo volver a Rusia desde el exilio en el famoso tren precintado), alcanzando una percepción nueva de los conceptos de Guerra Absoluta, Guerra Total y Estado Total, que se plasmará en su folleto Estado y Revolución (1917), escrito en vísperas del golpe de Estado bolchevique en Octubre/Noviembre de 1917. Tal percepción será que, tras la Revolución, el Estado se debilita y se extingue, ocupando el Partido la posición central y monopolizando el poder total.

Aunque las Ciencias Sociales han establecido que el Estado y el Estatismo tienen su fundación en la Guerra y el Ejército (por ejemplo, como se expone en la excelente obra de Bruce D. Porter, War and the Rise of the State. The Military Foundations of Modern Politics, The Free Press, New York, 1994), el Totalitarismo del siglo XX se manifestará prácticamente en los fenómenos políticos del Comunismo en Rusia y del Nacional-Socialismo en Alemania, pero el paradigma esencial, encarnado en déspotas como Stalin y Hitler, tiene su origen en Lenin y el Leninismo, cuya teoría y práctica del Partido, como núcleo del poder político total, se superpone al Estado y a la propia Revolución. Desde Lenin hasta Gorbachov, es bien sabido, ese poder total en la antigua Unión Soviética se localizó en el partido Comunista, tal como fijara la Constitución estalinista de 1936.

Precisamente en 1936 Monseñor Faulhaber, cardenal de Munich, en audiencia privada con el Papa Pío XI, informaba al Pontífice que, de manera similar a la Unión Soviética bajo Stalin, “Alemania está regida hoy por una Dictadura del Partido. Incluso si Hitler lo deseara no podría ser de otra forma”. Asimismo en sus memorias, el General Heinz Guderian, último Jefe de Estado Mayor del Ejército alemán durante el Nazismo, consignará que a partir de 1938 el gobierno del Estado (Reich) nunca volvió a reunirse: “No hubo más discusión colectiva por el Gobierno de las políticas del Estado… una nueva burocracia del Partido vino en existencia, paralela a la del Estado. El eslogan de Hitler: El Estado no controla al Partido, el Partido controla al Estado, había creado una situación completamente nueva.” En el campo de la teoría política y constitucional, durante una conferencia en España, Carl Schmitt afirmará: “En la amplísima discusión sobre el Estado Total aún no se llegó hoy día a la conciencia general de que no es el Estado como tal sino el Partido revolucionario como tal el que representa la verdadera y en el fondo la única organización totalitaria.” (Teoría del partisano, 1962)(7).

Afortunadamente el Totalitarismo Nazi fue destruido militarmente en la Segunda Guerra Mundial, y en una entrevista tras finalizar la Guerra Fría (2011) el historiador de Harvard, gran especialista en la Revolución Rusa, Richard Pipes, certificaba también la muerte del Totalitarismo Soviético y sus diversas expresiones comunistas, pero advertía del Nuevo Totalitarismo que representa el Islam militante y fanático. Un poco antes, la escritora somalí Ayaan Hirsi Ali en su memoria personal (2010), ya se había referido a este Nuevo Totalitarismo: “el sistema totalitario de creencia islámica”. Mucho antes, tras la revolución de Jomeini en Irán, un servidor modestamente lo venía anunciando desde los años 1980s en mis clases universitarias y asimismo en un artículo posterior (2007): “una nueva categoría, junto a los totalitarismos comunista y nazi, el islámico…” (8).

Notas

  • Pipes, The Russian Revolution, A. A. Knopf, New York, 1990, p. 788. El sabio profesor polaco, nacionalizado estadounidense, entrevistado por Nancy de Wolf Smith para The Wall Street Journal , certificaba la muerte del Totalitarismo Soviético, pero advertía del Nuevo Totalitarismo que representa hoy el Islam militante y fanático (“A Cold Warrior at Peace”, TWSJ, New York, August 20, 2011). No ignoro que para algunos historiadores la primera expresión del terror totalitario del siglo XX fue precisamente una forma de terrorismo islamista: el genocidio de los cristianos armenios perpetrado por el régimen turco a principios del siglo (Stanley G. Payne, La Europa Revolucionaria, Temas de Hoy, Madrid, 2011, pp. 22-23 y 47-48).
  • Paquet, citado por Ernst Nolte en La Guerra Civil Europea, 1917-1945 (Munich, 1987). Las crónicas de Paquet en 1918 se publicaron como libro (In Kommunistischen Russland, Jena, 1919), que traducirá muy pronto al español el socialista Lorenzo Luzuriaga: En la Rusia Comunista. Cartas desde Moscú (Editorial Calpe, Madrid-Barcelona, 1921).
  • Rapoport, “Introduction”, Carl von Clausewitz, On War, Penguin Books, Middlesex, UK, 1980, p. 62.
  • Marsha Landreth, William T. Sherman, Gallery Books, New York, 1990, pp. 46-ss. ; Fergus M. Bordewich, “The First Total Warrior” (sobre la reciente biografía del general Sheridan de Joseph Wheelan, Terrible Swift Sword, Da Capo, New York, 2012), The Wall Street Journal, September 8-9, 2012, p. C6.
  • E. Neely Jr., “Was the Civil War a Total War?”, Civil War History, March 1991; J. M. McPherson, “From Limited to Total War: Missouri and the Nation, 1861-1865”, Gateway Heritage: Quaterly Magazine of the Missouri Historical Society, Spring 1992; M. E. Neely Jr., The Civil War and the Limits of Destruction, Harvard University Press, Cambridge, MA, 2007; J. M. McPherson, “Was It More Restrained Than You Think?” (sobre el anterior libro), New York Review of Books, February 14, 2008.
  • Hans Speier, “Ludendorff: The German Concept of Total War”, Edward Mead Earle, ed., Makers of Modern Strategy, Princeton University Press, Princeton, 1943; Donald Goodspeed, Ludendorff: Genius of World War I, Boston, 1966; Hans-Ulrich Wehler, “Absoluter und totaler Krieg: von Clausewitz zu Ludendorff”, Politische Vierteljahreszeitschrift, 10 (1969); Martin Kitchen, The Silent Dictatorship: The Politics of the German Command under Hindenburg and Ludendorff, London/New York, 1976; Roger Parkinson, Tormented Warrior. Ludendorff and the Supreme Command, Stein and Day, New York, 1979.
  • Pastor, “Autoritarismo y Totalitarismo (en la tradición del pensamiento católico)”, en el volumen colectivo Ciencia y Política, una aventura vital Tirant Lo Blanch, Valencia, 2016, pp. 164, 166-168, para las citas de Faulhaber, Guderian y Schmitt, así como para referencias bibliográficas sobre el Totalitarismo.
  • Entrevista antes citada de R. Pipes en The Wall Street Journal, New York, August 20, 2011; A. Hirsi Ali, A personal journey through the Clash of Civilizations, The Free Press, New York, 2010, p. 106; M. Pastor, “A propósito del término islamofascismo”, La Ilustración Liberal, 31, Madrid, 2007.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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