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Leyenda Negra y golpismo catalán internalizados

Barricadas en Barcelona durante la Semana Trágica de 1909
Barricadas en Barcelona durante la Semana Trágica de 1909

2 FEBRERO 2018

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Durante mi infancia en Astorga con frecuencia oí esta expresión tan castiza en boca de mi madre: “vuelta la burra al trigo”. En vísperas de la visita a mi vieja y querida ciudad, con motivo del homenaje a nuestro maestro, el historiador e hispanista Stanley G. Payne, la he recordado por varias razones, pero sobre todo por la recurrente Leyenda Negra de la historiografía progresista española, y por el recurrente golpismo de Estado en Cataluña practicado por los independentistas con sus aliados políticos, asimismo algunos progresistas y complacientes españoles.

Incluso debo reconocer que, en cierto modo, personalmente también practico el dicho, ya que no hace mucho publiqué un ensayo titulado precisamente “Leyenda Negra y tontos legendarios” (La Crítica, 14 de noviembre, 2017) y no obstante me veo forzado a repetirme.

En el exitoso coloquio celebrado el pasado día 25 de enero, en un auditórium rebosante de público, sobre “Hispanofobia y Nacionalismo”, con la intervención de los historiadores Elvira Roca Barea, Ricardo García Cárcel y Stanley G. Payne, el profesor de la Universidad de Wisconsin nos recordaba que la Leyenda Negra clásica ha desaparecido y que la percepción en el extranjero sobre España es hoy más objetiva, pero hay una nueva Leyenda Negra internalizada por los propios historiadores españoles acerca de nuestro pasado. Con motivo de la presentación de su último libro, Premio Espasa 2017, En defensa de España: desmontando mitos y leyendas negras, afirmaba el gran hispanista: “Los españoles se han creído más la Leyenda Negra de España que los extranjeros” (entrevistado por Federico Jiménez Losantos Libertad Digital, 30-1-2018).

Fenómeno masoquista-revanchista que se ha manifestado por ejemplo en la forma y las ramificaciones de la llamada “Memoria Histórica” (véase el inquietante y amenazador texto del proyecto de la nueva “Ley de Memoria Histórica” que a iniciativa del PSOE se tramita actualmente en el Congreso, La Crítica, 28 de enero, 2018), y que ha dado pié a titular un reciente editorial en un medio digital “De la dictadura de Franco a la dictadura de la Memoria Histórica” (OKdiario, 1-2-2018).

Se trata de una nueva forma de Inquisición Ideológica del progresismo, imperante en los medios de comunicación e instituciones educativas, en conjunción con el “buenismo”, la “corrección política”, y el identitario “multiculturalismo” (con un subyacente talante “guerracivilista”: “guerra de malos contra malos”, en la acertada opinión de Stanley G. Payne), que contaminan hoy las culturas –especialmente la española- y la civilización general en Occidente.

Como las ideas tienen consecuencias, muchos españoles –yo diría que la gran mayoría silenciosa, aunque cada vez menos silenciosa- estamos presenciando con estupor que la internalización de la Leyenda Negra ha conducido a la internalización del Golpe de Estado en Cataluña.

Repito y subrayo: internalización, que no internacionalización (ésta en el caso de la Leyenda Negra ya no existe, y en el caso del golpismo catalán ha fracasado estrepitosamente).

El profesor García Cárcel nos recordó que hubo un intento de reactivar la Leyenda Negra en Cataluña, paralelamente al movimiento separatista y golpista, a partir de la Semana Trágica de Barcelona (1909), con el proceso y condena de Francesc Ferrer Guardia, anticipando la agitación y propaganda del separatismo y golpismo catalanista durante los años 1930s que culminaría en otro célebre proceso (consejo de guerra sumarísimo y condena a pena de muerte) del presidente de la Generalidad Lluís Companys en 1940.

No soy un especialista en el tema, pero el historiador Carlos Rojas ha constatado que bajo la autoridad del presidente Companys en 1936, “Según anuncia La Vanguardia, el 21 de julio sepultan veinte cadáveres de asesinados y a la mañana siguiente a un centenar. El día 30 suman 172 los cuerpos recogidos en el depósito judicial. El 2 de agosto llegan a 511, de los cuales 193 quedan sin identificar. El 7 de enero de 1937, The Times arroja la cifra de cuatro mil homicidios cometidos en Barcelona, desde el 19 de julio de 1936 al primero de enero del año siguiente.”(C. Bonet y C. Rojas, Lluís Companys, Ediciones B, Barcelona, 2004, página 268).

El profesor García Cárcel, catedrático de Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha sido un testigo de excepción de las múltiples falsificaciones históricas llevadas a cabo por el separatismo catalán. Cuando se refería a ello en el coloquio mencionado casualmente me encontraba sentado en primera fila junto a mis amigos Pilar Paloma de Casanova y su esposo Francisco José López Becerra, marqueses de Astorga. Pilar Paloma es la descendiente directa del héroe de la Guerra de Sucesión, el españolista Rafael Casanova, y por tanto testigo viviente de una de las más divulgadas falsificaciones históricas.

Resumiendo, “vuelta la burra al trigo”: de los partidarios de la Leyenda Negra, de la Ley de Memoria Histórica, del guerracivilismo, del separatismo y del golpismo antiespañol y antidemocrático.

La internalización expresa de todo ello siempre ha sido una característica de la extrema izquierda (anarquistas, comunistas, muchos socialistas, y los separatistas catalanes, vascos y gallegos), recientemente reactivada por nuevas organizaciones políticas radicales como las CUP y Podemos con sus satélites. Lo nuevo es que dicho fenómeno de la internalización o interiorización haya contagiado también, aunque de manera no tan expresa, silente y pasivamente, a sectores progresistas del centro y de las derechas, en la sociedad civil, el mundo empresarial, la educación, la academia, la judicatura, la burocracia y los medios de comunicación. Y especialmente a un buen número de profesionales de la Historia y de las Ciencias Sociales.

El problema que evocamos ahora quizás merezca una seria reflexión sobre la necesidad de una reforma radical de nuestro sistema legal, y en defensa de lo sustancial de nuestras libertades y principios constitucionales exigir a nuestros legisladores que se planteen la urgencia de eliminar los aspectos más negativos o disfuncionales del “Estado administrativo” (del que forma parte el vigente Estado de las Autonomías), y en un plano más complejo el “Estado profundo” (lo que los analistas liberal-conservadores, anti-estatistas, en Estados Unidos vienen llamando el Deep State), o lo que popularmente conocemos como las “cloacas del Estado”.

Y en general, a largo plazo, una necesaria aunque seguramente lenta y compleja labor educativa, de higiene o sanación política, porque en última instancia es síntoma de una probable enfermedad social (nuestros “demonios familiares”),que resuelva definitivamente el problema básico de esa extraña interiorización o internalización de la diversas Leyendas Negras sobre nuestra propia Historia.

Manuel Pastor Martínez

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

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